Rue20 Español/Rabat
En un movimiento que ha generado más burlas que preocupación, Argelia ha desempolvado al exasesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton.
Esta estrategia, vista por muchos como un acto de desesperación ante el creciente apoyo internacional a la iniciativa marroquí de autonomía, pone de manifiesto la desconexión de Argel con la realidad geopolítica actual.
El contexto internacional es cada vez más desfavorable para la posición argelina. Estados Unidos ha reafirmado su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, y un número creciente de países se suman a este reconocimiento, respaldando la propuesta de autonomía.
Además, el Polisario, apoyado por Argelia, se encuentra bajo escrutinio en el Congreso estadounidense por su inclusión en la lista de organizaciones terroristas.
Ante este panorama, la decisión de Argelia de recurrir a Bolton, una figura controvertida con un historial de fracasos diplomáticos y un breve y tumultuoso paso por la administración Trump, resulta desconcertante.
El principal mérito de Bolton, a ojos del régimen argelino, parece ser su apoyo a un plan fallido de hace más de dos décadas, lo que ilustra la falta de adaptación de Argelia a la evolución del conflicto.
Bolton: un “reciclaje” diplomático
Con 75 años y una carrera marcada por la controversia, John Bolton no es precisamente un ejemplo de éxito diplomático.
Su despido abrupto por parte del entonces presidente Trump, quien lo calificó como «una de las personas más estúpidas de Washington», es un episodio difícil de olvidar.
Sin embargo, Argelia parece dispuesta a ignorar el historial de Bolton con tal de encontrar una voz, aunque sea desacreditada, que critique a Marruecos.
Recientemente, Bolton publicó un artículo en el Washington Times donde recicla argumentos obsoletos a favor de un supuesto ‘referéndum’, una idea que ha perdido apoyo tanto en la ONU como entre los actores internacionales clave.
En su texto, acusa a Marruecos de obstruir la aplicación de resoluciones de la ONU, obviando la evolución del contexto y las nuevas propuestas sobre la mesa.
Un dinosaurio diplomático al servicio de una ‘causa’ perdida
La implicación de Bolton en el expediente del Sáhara marroquí se remonta a 2003, cuando apoyó el Plan Baker II, que proponía un ‘referéndum: considerado inviable y una ampliación de las competencias de la MINURSO a los derechos humanos.
Ambas propuestas fueron descartadas hace tiempo, incluso por quienes abogaban por la neutralidad. La insistencia de Bolton en estas ideas lo sitúa, junto con la diplomacia argelina, en un grupo aislado y anacrónico.
La resurrección de Bolton por parte de Argelia no solo evidencia la falta de una estrategia diplomática sólida, sino que también revela la profunda desconexión del régimen argelino con la realidad internacional.
Al aferrarse a una figura tan desacreditada, Argelia refuerza la imagen de un régimen anclado en el pasado, incapaz de adaptarse a la evolución del conflicto.
Con la contratación de Bolton, Argelia no solo rescata a un diplomático en declive, sino que también designa, de facto, a un portavoz del Polisario en Estados Unidos.
Bolton no oculta su afinidad con el Polisario, ignorando el enfoque de la ONU en la búsqueda de soluciones «realistas», entre las que el supuesto ‘referéndum’ ya no se contempla.
La situación roza lo surrealista: un exasesor despedido por su presidente, rescatado del olvido por una embajada desesperada, remunerado por firmar un artículo anacrónico.
Mientras tanto, la propuesta marroquí de autonomía gana terreno, el Polisario se debilita y Argelia parece depositar sus esperanzas en un hombre relegado al ostracismo por su propio país.
