Rue20 Español/Rabat
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, aterrizará en Argel el próximo 20 de julio para una visita oficial de apenas algunas horas, la primera que realiza al país vecino en casi seis años.
El desplazamiento, confirmado por fuentes diplomáticas en Madrid, constituye un paso más en la laboriosa reconstrucción de puentes entre ambas orillas del Mediterráneo, rotos en 2022 tras el histórico viraje de la diplomacia española a favor de la iniciativa marroquí de autonomía para el Sáhara.
El viaje, de carácter relámpago, llevará a Sánchez a reunirse con el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, en un encuentro en el que la delegación española —encabezada también por la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen— abordará cuestiones energéticas, comerciales y de control migratorio. Según el diario digital The Objective, la cita busca consolidar el deshielo iniciado en marzo pasado, cuando el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, logró en Argel la reactivación del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, paralizado desde junio de 2022.
Aquella suspensión respondió a la decisión del Ejecutivo de Sánchez de respaldar el plan de autonomía presentado por Marruecos como «la base más seria, realista y creíble» para zanjar la disputa territorial.
Argelia, que históricamente ha sostenido el tesis separatista, interpretó el movimiento como una ruptura de la neutralidad española y respondió congelando el comercio bilateral y retirando a su embajador en Madrid.
El coste económico de la crisis fue considerable. Las ventas españolas al mercado argelino se desplomaron de aproximadamente 1.900 millones de euros en 2021 a unos 330 millones en 2023, según datos de comercio exterior. No obstante, la tendencia se ha revertido desde finales de 2023, cuando el embajador argelino regresó a la capital española.
Durante 2025, las exportaciones repuntaron un 270 %, alcanzando los 2.133 millones de euros, mientras que el suministro de gas —del que Argelia sigue siendo el principal proveedor de España— nunca se interrumpió.
La visita de Sánchez del 20 de julio se enmarca, por tanto, en una etapa de pragmatismo mutuo. Para Madrid, resulta imprescindible asegurar flujos energéticos estables en un contexto de turbulencias en Oriente Medio; para Argel, la reapertura comercial y la cooperación en materia de seguridad fronteriza resultan prioritarias.
En este último ámbito, la inmigración irregular ocupará un lugar destacado en la agenda, tras el repunte de llegadas de argelinos a las costas españolas, en particular a las Islas Baleares, durante los últimos meses.
Desde la óptica de Rabat, la normalización hispano-argelina no altera el eje estratégico que Marruecos y España han consolidado desde 2022. El apoyo español al plan de autonomía sigue vigente y constituye el pilar de una asociación reforzada en materia de lucha contra el terrorismo, cooperación migratoria e intercambios comerciales.
La capacidad de Madrid para mantener simultáneamente una alianza sólida con Marruecos y restaurar el diálogo con Argelia será, no obstante, la prueba de fuego de su diplomacia magrebí en los próximos años.
La cita del 20 de julio, pese a su brevedad, simboliza el cierre de un capítulo de cuatro años de hostilidad. Aunque el Sáhara permanecerá, con toda probabilidad, ausente de los comunicados oficiales —como ocurrió durante la visita de Albares en marzo—, su sombra seguirá condicionando la profundidad de la confianza entre Argel y Madrid. La lectura es clara: la visita de Sánchez a Argelia confirma que el reconocimiento de la iniciativa marroquí de autonomía ha rediseñado el mapa diplomático del Magreb, y que Marruecos ocupa hoy el centro de la política exterior española en la región.
