Rue20 Español/Rabat
La Federación Senegalesa de Fútbol (FSF) ha puesto fin a la era de Pape Thiaw. El organismo que rige el destino de los Leones de la Teranga anunció en la noche del sábado el cese fulminante del seleccionador nacional y de la totalidad de su cuerpo técnico, una decisión que sella con letras de fuego el fracaso de un proyecto que nació con aspiración de grandeza y que termina entre las sombras de la mediocridad y el escándalo.
El detonante de la destitución ha sido la humillante eliminación de Senegal en los dieciseisavos de final del Mundial 2026 a manos de Bélgica. Pero no fue una derrota cualquiera: fue una debacle anunciada. Los senegaleses llegaron a dominar el partido con un contundente 0-2, pero en un desplome que solo puede calificarse de estrepitoso, encajaron dos goles en los instantes finales y un penalti en la prórroga que terminó por sepultar sus sueños. Bélgica, que ya estaba en la lona, firmó la remontada más salvaje del torneo.
Sin embargo, reducir el fracaso de Thiaw a un solo partido sería un ejercicio de memoria selectiva. Su periplo al frente de la absoluta senegalesa, que se inició a finales de 2024 tras relevar a Aliou Cissé, ha sido un desfile de fracasos y controversias que han avergonzado al fútbol africano.
Porque si hay un capítulo que define la era Thiaw, ese es la final de la Copa Africana de Naciones. Aquella noche, Senegal llegó como favorita, pero se encontró con un muro llamado Marruecos. Cuando el colegiado señaló un penalti a favor de los marroquíes en el tiempo de descuento, Thiaw ordenó a sus jugadores abandonar el terreno de juego, provocando un caos que paralizó el partido durante diecisiete minutos.
El penalti fue fallado por Brahim Díaz, y Pape Gueye terminó marcando el gol de la victoria para Senegal en la prórroga. Pero la trampa no duró mucho. Meses después, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anuló el resultado y declaró a Marruecos campeón sobre el tapete verde. La imagen de Thiaw ordenando el abandono del campo quedó grabada como la de un técnico que, ante la adversidad, prefirió la huida antes que el combate. Una conducta indigna de un seleccionador que pretendía representar a todo un continente.
Marruecos, con su fútbol serio, disciplinado y ganador, demostró una vez más que el talento sin carácter no basta. Y Thiaw, en ese gesto, exhibió ante el mundo la fragilidad de un proyecto que se sostenía sobre arenas movedizas.
El torneo disputado en Estados Unidos no ha hecho sino confirmar lo que muchos ya intuían: Thiaw estaba fuera de su liga. Senegal comenzó su andadura con dos derrotas consecutivas ante Francia (3-1) y Noruega (3-2), evidenciando carencias estructurales en defensa y una fragilidad mental que resultaría letal. La victoria por 5-0 ante Irak, con el rival reducido a diez, fue apenas un espejismo que permitió a los Leones de la Teranga colarse en la fase eliminatoria como uno de los mejores terceros.
El propio centrocampista Pape Gueye, figura clave del equipo, anunció que no volvería a vestir la camiseta de Senegal mientras el cuerpo técnico de Thiaw siguiera en el cargo. Una rebelión interna que evidenció la pérdida total del vestuario y la ausencia de liderazgo de un seleccionador que nunca logró imprimir su sello en el equipo.
Es cierto que Thiaw supo ganar el Campeonato Africano de Naciones (CHAN) con la selección local de Senegal. Pero ese éxito, conseguido con jugadores del campeonato doméstico, resultó ser un espejismo que no supo trasladar a la élite. Su principal logro al frente de la absoluta, la clasificación para la final de la Copa Africana, quedó empañado por la controversia y la posterior anulación del título en favor de Marruecos.
Thiaw, de 45 años, abandona el cargo con un balance paupérrimo: dos victorias en cinco partidos mundialistas, una eliminación temprana, un título continental perdido en los despachos y un vestuario fracturado. La FSF, en su comunicado oficial, habló de una «evaluación exhaustiva de los resultados deportivos y de las perspectivas de la selección nacional» para justificar el cese. Pero la realidad es que Thiaw ha sido víctima de su propia incapacidad para gestionar la presión y el talento de una generación que prometía mucho y que él ha conducido al abismo.
Mientras en Dakar se suceden las dimisiones y los escándalos, en Rabat el fútbol sigue su curso con la serenidad de los que saben construir sobre cimientos sólidos. La selección marroquí, campeona de África tras la sanción a Senegal, ha demostrado que el éxito no se improvisa. Que se construye con trabajo, disciplina y respeto a las instituciones. Thiaw, con sus decisiones erráticas y su falta de liderazgo, no ha hecho sino engrandecer la figura del fútbol marroquí, que hoy se erige como el auténtico referente del continente.
Senegal ha pagado caro el error de confiar en un técnico que demostró tener más gestos que ideas, más ocurrencias que estrategia. Su destitución no es un final, sino el reconocimiento de un fracaso que muchos, desde Marruecos, vimos venir.
