Rajoy pone patas arriba la previa del España-Francia

 

Rue20 Español/Rabat

La semifinal del Mundial entre España y Francia aún no se ha jugado, pero el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy ya ha logrado una victoria pírrica: la de avergonzar a su propio país ante la comunidad internacional.

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Su columna en El Debate, en la que alabó el «altísimo nivel» de la selección gala para rematar con un lapidario «eso sí, sin franceses», no es una opinión deportiva. Es una manifestación de un racismo que, por desgracia, sigue anidando en ciertos sectores de la política española.

Las reacciones no se han hecho esperar. El Gobierno de Emmanuel Macron ha calificado sus palabras de «absolutamente inaceptables». El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, ha recordado que Francia es «un país diverso donde todo el mundo puede desarrollarse»; mientras que la ministra Naïma Moutchou ha denunciado que «con cada victoria de los Bleus reaparecen las mismas obsesiones e insultos racistas», instando a la Federación Francesa a emprender acciones legales. Olivier Faure, líder del Partido Socialista, ha zanjado el debate con una lección de republicanismo: «Francia no es una nación étnica, no tiene un color de piel ni una religión. Es una nación política unida en torno al lema republicano». Incluso el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha censurado estas «declaraciones xenófobas» y ha deseado que «gane el mejor y que pierda el racismo».

Porque si aplicamos su mismo rasero —ese que mide la pertenencia por el apellido o el lugar de nacimiento—, ¿qué sería de la selección española? En sus filas militan jugadores como Lamine Yamal, nacido en Mataró, hijo de padre marroquí y madre de Guinea Ecuatorial; o Nico Williams, cuyos padres emigraron desde Ghana y recorrieron a pie el desierto del Sáhara para buscar una vida mejor en Europa.

La respuesta es obvia, y precisamente por eso las palabras de Rajoy son tan dañinas. No son un «desliz», como ha señalado la ministra Aurore Bergé, sino un síntoma de una concepción excluyente de la nación que ya debería haber sido enterrada.

Rajoy, con su columna, no solo ha fastidiado a Francia y a sus jugadores, sino que ha fastidiado a la inteligencia de todos aquellos que entendemos que el fútbol, como la vida, es un deporte de equipo en el que cabemos todos. Que gane el mejor, sí. Pero que el racismo, como las viejas ideas de Rajoy, pierda definitivamente.

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