Marruecos conserva su papel estratégico para la automoción española

 

Rue20 Español/Rabat

Con una capacidad productiva que roza ya el millón de vehículos anuales y dos gigantes como Renault y Stellantis anclados en su territorio, Marruecos ha dejado de ser simplemente un destino de ensamblaje para convertirse en una potencia manufacturera con músculo propio.

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En ese escenario, la relación comercial con los proveedores españoles de componentes sigue siendo una de las columnas vertebrales de su industria, aunque los últimos datos reflejan una ligera recalibración.

Según las cifras publicadas este 8 de julio por la Asociación Española de Proveedores de Automoción (SERNAUTO), el Reino importó en 2025 piezas y componentes españoles por valor de 1.038 millones de euros. La cifra, aunque representa una contracción del 19,1 % respecto al ejercicio anterior, mantiene a Marruecos como el principal mercado africano para el sector auxiliar español y su segundo destino fuera de la Unión Europea, solo por detrás del Reino Unido.

El descenso no es un fenómeno aislado. Las exportaciones mundiales de componentes de automoción desde España alcanzaron los 24.688 millones de euros en 2025, con una caída moderada del 1,5 % que refleja la incertidumbre del comercio global, la reorganización de cadenas de suministro y la profunda transformación tecnológica que atraviesa el sector. En ese contexto, la contracción marroquí se inscribe más en una tendencia generalizada —Estados Unidos redujo sus compras un 19,5 % y China un 25,6 %— que en un desacoplamiento estructural.

Lo que hace diferente a Marruecos no es solo su coste competitivo, sino la densidad de su tejido industrial. El país alberga más de 250 empresas del sector —entre fabricantes de vehículos y componentes— y emplea a unas 220.000 personas. La planta de Renault en Tánger, la mayor del grupo a nivel mundial, produjo 312.381 vehículos en 2024 y exporta el 90 % de su fabricación a 89 países, mientras que Stellantis opera en Kenitra con planes de duplicar su capacidad hasta las 400.000 unidades.

Esa densidad explica por qué los 1.038 millones de euros en componentes españoles siguen siendo estratégicos. Las fábricas marroquíes, plenamente integradas en las cadenas de producción europeas, requieren un flujo constante de piezas de alta tecnología que aún no producen localmente. España, con su sector auxiliar maduro, sigue siendo el puente natural para abastecer esa demanda.

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Sin embargo, el horizonte no es estático. Marruecos ha elevado de forma sostenida su tasa de integración local: Renault ya alcanza el 65 % y apunta al 80 %, mientras que Stellantis aspira al 75 % para 2030. Esa estrategia de sustitución de importaciones, combinada con la llegada de proveedores asiáticos y la instalación de gigafactorías de baterías —como la de Gotion en el norte del país—, podría reconfigurar el mapa de proveedores en la próxima década.

El ministro de Industria y Comercio, Ryad Mezzour, ha definido la prioridad del sector con claridad: «Mi trabajo es crear empleos». Y en esa lógica, la industrialización profunda del país —que ya es el primer productor de vehículos de África y supera a China, India o Japón en suministro de automóviles a Europa— apunta a reducir la dependencia de componentes externos.

Fuera de la Unión Europea, solo el Reino Unido supera a Marruecos en importaciones de componentes españoles, con 1.405 millones de euros. Le siguen Estados Unidos (822 millones), Turquía (800 millones) y México (532 millones). Que Marruecos mantenga su posición en ese ranking pese a la caída del 19,1 % evidencia que la relación no se ha debilitado, sino que se ha normalizado tras años de crecimiento acelerado.

En el conjunto de la Unión Europea, las exportaciones españolas de componentes crecieron un 0,8 %, hasta los 16.785 millones de euros, con Alemania y Francia como principales destinos. Marruecos, en ese sentido, funciona como una extensión productiva de ese espacio: sus fábricas ensamblan vehículos que luego se venden en el mercado europeo, y los componentes españoles son parte esencial de esa ecuación.

El futuro de la relación comercial dependerá en buena medida de cómo ambos países naveguen la transición hacia el vehículo eléctrico. Marruecos ya produce modelos electrificados —como el Citroën Ami en Kenitra— y atrae inversiones en la cadena de valor de las baterías. España, por su parte, compite por mantener su liderazgo en componentes de alta gama y tecnología de propulsión sostenible.

La pregunta que se abre no es si Marruecos seguirá comprando componentes españoles —los 1.038 millones de euros lo descartan—, sino qué tipo de componentes serán y en qué medida la industria marroquí podrá producirlos en su propio territorio. La respuesta definirá el siguiente capítulo de una de las relaciones industriales más intensas del Mediterráneo.

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