Trump recrudece su pulso con España y Marruecos consolida su proyección estratégica 

 

Rue20 Español/Rabat

El mandatario estadounidense volvió a calificar a España de «socio terrible» dentro de la OTAN y amenazó con cortar el comercio bilateral; Rabat, sin ser miembro de la Alianza, ya destina a defensa más del doble de lo que aporta Madrid en proporción a su PIB.

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La cumbre de la OTAN celebrada esta semana en la capital turca ha dejado, además de un ambicioso paquete de rearme colectivo, un nuevo capítulo del pulso que Donald Trump mantiene abierto con España desde comienzos de año.

El presidente de Estados Unidos volvió a arremeter este miércoles contra Madrid, a la que tildó de «un caso perdido» y «un socio terrible» dentro de la Alianza, además de ordenar a su secretario del Tesoro «corten todo el comercio con España», viajes incluidos.

Horas más tarde, el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, quiso rebajar la tensión y aseguró ante los periodistas que el vínculo bilateral sigue siendo, en sus palabras, «muy, muy positivo» en lo social, lo cultural, lo económico y lo político. Según relató el propio Sánchez, el breve encuentro que mantuvo con Trump al margen de la cumbre transcurrió sin «ningún tipo de tirantez» y giró en torno a asuntos ajenos a la agenda de seguridad, como el próximo Mundial de fútbol en suelo estadounidense y una charla sobre golf.

No era la primera vez que la Casa Blanca señalaba a España. Ya en marzo, coincidiendo con otra reunión de la Alianza, Trump había reprochado a Madrid su nivel de aportación a la defensa común, y a comienzos de año le recriminó además haber bloqueado el uso de bases militares situadas en Andalucía para operaciones aéreas contra Irán. Sánchez, que en su momento también había cuestionado la ofensiva de Washington e Israel contra Teherán, dijo afrontar los nuevos reproches «con calma y paciencia».

El propio Trump matizó su discurso al cierre del encuentro, cuando reconoció tener el «presentimiento» de que los aliados aún reticentes terminarán aceptando el nuevo objetivo del 5% del PIB en defensa fijado para 2035. En la misma línea, el canciller alemán, Friedrich Merz, explicó que el mandatario estadounidense había recibido con «gran aprobación» las explicaciones que Sánchez le trasladó sobre la evolución del esfuerzo militar español, que ha pasado del 0,9% del PIB en 2018 al 2% actual. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respaldó también a Madrid al destacar el «gran paso» dado en el último año, mientras la Comisión Europea remarcó que los intereses de todos sus Estados miembros quedarán «siempre» plenamente protegidos ante cualquier represalia comercial.

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En ese terreno, España afronta la amenaza estadounidense desde una posición relativamente cómoda: el país es el primer exportador mundial de aceite de oliva y vende también piezas de automóvil, acero y productos químicos a Estados Unidos, aunque diversos analistas coinciden en que su economía está menos expuesta que otras del entorno europeo a las sanciones comerciales anunciadas por Trump.

La declaración final de la cumbre, por lo demás, reafirmó el compromiso «inquebrantable» de los aliados con la defensa colectiva y anunció más de 50.000 millones de dólares en nuevas compras de material militar, junto a una ayuda de 70.000 millones de euros para Ucrania en 2026.

Mientras Washington y Madrid dirimen su desencuentro, Marruecos observa el debate desde una posición cada vez más holgada. El Reino no forma parte de la OTAN, aunque mantiene desde hace más de tres décadas un vínculo institucional con la Alianza a través del Diálogo Mediterráneo, y su esfuerzo presupuestario en defensa ya duplica, en términos relativos, al que realiza España: según un informe reciente del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, el gasto militar marroquí alcanza el 4,2% del PIB.

El proyecto de ley de finanzas de Marruecos para 2026 elevó en un 18% los créditos destinados a la Administración de la Defensa Nacional, hasta unos 157.000 millones de dirhams (cerca de 14.700 millones de euros), en un esfuerzo orientado a modernizar las Fuerzas Armadas Reales y ganar peso frente a Argelia como potencia militar regional.

Ese impulso ha ido acompañado de una intensa diversificación de proveedores: junto a sus acuerdos con Turquía, India y Brasil, Rabat mantiene una cooperación creciente con Madrid —cuyo astillero público Navantia construye actualmente un patrullero de altura para la Armada marroquí— y con Washington, su principal socio militar en el norte de África. Durante el propio Foro Industrial de Defensa que acompañó a la cumbre de Ankara, Marruecos formalizó además un contrato con la alemana Rheinmetall para el suministro de siete hospitales de campaña concebidos para «situaciones extremas».

El contraste entre la tensión transatlántica en torno a España y el ritmo sostenido del rearme marroquí ilustra cómo el debate sobre el reparto de responsabilidades militares se libra hoy en varios tableros a la vez, del flanco europeo al Magreb y el Sahel, una región que Madrid reclama incluir con mayor peso en la agenda de seguridad de la Alianza.

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