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El turismo marroquí ha entrado en una fase decisiva. Con 19,8 millones de turistas internacionales recibidos en 2025 —un 14 % más que el año anterior— y unos ingresos récord de 138.000 millones de dirhams, el Reino ha superado con un año de adelanto la meta de 17,5 millones de visitantes prevista para 2026 en el marco de su Hoja de Ruta Turística 2023-2026.
Pero este éxito cuantitativo abre una pregunta ineludible: ¿cómo convertir ese volumen en un crecimiento más equitativo, rentable y sostenible?
La respuesta, según el informe Tourism Trends and Policies 2026 de la OCDE, pasa por un giro estratégico. La organización destaca que la hoja de ruta del país se articula en torno a nueve segmentos temáticos y cinco ejes transversales, con especial énfasis en el patrimonio cultural inmaterial, y subraya el papel clave de los contratos regionales de aplicación como herramienta para adaptar la estrategia nacional a la realidad de cada territorio.
El reto ya no es únicamente atraer más visitantes. Es distribuir mejor sus beneficios. Marrakech, Agadir y Tánger siguen concentrando la mayor parte del flujo, mientras que otras regiones —a pesar de contar con un potencial turístico considerable— apenas captan una fracción de esos ingresos. La OCDE señala que la competencia entre destinos ya no se mide solo por el número de llegadas, sino por la capacidad de ofrecer experiencias diversificadas, prolongar las estancias y aumentar el gasto local.
Los contratos regionales de aplicación, impulsados por la Oficina Nacional Marroquí de Turismo (ONMT) y la Sociedad Marroquí de Ingeniería Turística (SMIT), buscan precisamente romper esa concentración. Su objetivo: movilizar a las autoridades regionales, los consejos regionales y los actores locales en torno a proyectos adaptados a las características de cada territorio. Solo así los flujos turísticos podrán desplegar todo su potencial económico y social más allá de los polos ya consolidados.
El impacto social del turismo es innegable. En 2025, el sector generó 894.000 empleos directos, 92.000 más que en 2022, superando con antelación el objetivo de 80.000 nuevos puestos fijado para 2026. La ministra de Turismo, Fátima-Zahra Ammor, ha subrayado en repetidas ocasiones que «no buscamos números por el simple hecho de buscarlos. Lo que buscamos es precisamente este tipo de crecimiento, que genera mayores ingresos en divisas y, por tanto, mayor actividad económica y más empleo para los marroquíes».
Pero la creación de empleo no basta. La calidad de esos puestos de trabajo y la profesionalización de la mano de obra son el siguiente escalón. En ese sentido, el programa Kafaa —que busca certificar 7.550 profesionales del sector antes de 2026 a través de la validación de los acquis de l’expérience (VAE)— y el plan Cap Excellence, que prevé la modernización de 12 centros de formación profesional en hostelería y turismo, representan apuestas decisivas. Paralelamente, el Programa Nacional de Formación, desarrollado junto al OFPPT y la Confederación Nacional del Turismo, aspira a formar y certificar a más de 2.000 «middle managers» al año, un segmento clave para elevar la calidad del servicio.
La segunda gran batalla es la creación de mayor valor por turista. Marruecos ha puesto en marcha varios programas destinados a impulsar la inversión en actividades de animación turística y en la modernización de alojamientos. El objetivo es claro: incrementar el gasto medio por visitante, diversificar la oferta de ocio, mejorar la competitividad del sector y apoyar a las empresas en ámbitos como la digitalización, el acceso a los mercados y la gestión del rendimiento (yield management).
En 2024, el turismo aportó directamente 116.200 millones de dirhams al PIB, lo que representó el 7,3 % de la riqueza nacional. Además, las exportaciones de viajes de Marruecos crecieron un 23 % en 2025, consolidando al país como uno de los dos grandes motores del turismo africano junto a Egipto, según la OMC.
La ONU Turismo ha destacado a Marruecos como el destino africano con mayor crecimiento de ingresos turísticos, con un aumento del 43 % respecto a 2019. La inversión acumulada en el sector alcanzó los 2.200 millones de dólares entre 2014 y 2023, mientras que el desarrollo de infraestructuras hoteleras movilizó 2.600 millones de dólares entre 2015 y 2024.
El informe de la OCDE, publicado el pasado 1 de julio de 2026, sitúa a Marruecos entre los países que han sabido transformar su modelo turístico, pasando de una lógica de volumen a una orientación centrada en la experiencia del visitante.
Con la vista puesta en 2030 —cuando el país aspira a recibir 26 millones de turistas—, el verdadero indicador de éxito ya no será únicamente el número de visitantes. Será el valor generado para los territorios, las empresas y las comunidades locales. La Copa Africana de Naciones, que arranca en diciembre de 2025, y el Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal, serán dos hitos que pondrán a prueba la capacidad del país para gestionar masas de visitantes sin sacrificar calidad ni sostenibilidad.
En esta etapa posterior al récord, el desafío es más complejo que nunca. Pero también más necesario. Marruecos ha ganado la batalla del volumen. La siguiente será la del valor.
