Rue20 Español/Rabat
Cuando el árbitro Michael Oliver puso fin al encuentro en el Houston Stadium, la noche del 4 de julio perteneció a los Leones del Atlas. Marruecos no solo había barrido del camino a Canadá con un contundente 3-0; había ratificado que su presencia en cuartos de final del Mundial 2026 no es fruto del azar, sino de una identidad de juego forjada en la adversidad.
Y en el epicentro de esa identidad se encuentra, una vez más, Brahim Díaz: el mediapunta del Real Madrid que, con cuatro asistencias en cuatro partidos, se ha erigido en el cerebro de una selección que el próximo jueves 9 de julio desafiará a Francia en Boston con la ilusión de superar la histórica barrera de las semifinales de Qatar 2022.
La gesta contra los canadienses no fue un paseo. El primer tiempo dejó una imagen preocupante: Ismael Saibari, uno de los pilares ofensivos del equipo, cayó lesionado en el minuto 22 tras un tirón muscular en el muslo derecho, una baja que pone en seria duda su continuidad en el torneo.
La frustración creció cuando Achraf Hakimi recibió una amonestación tras una tangana antes del descanso, y cuando Canadá estuvo a punto de adelantarse en el minuto 10 de no ser por una parada salvadora de Yassine Bono. El portero, otra vez, se convirtió en el muro sobre el que se asienta la fortaleza marroquí.
Fue tras el intermedio cuando todo cambió. En el minuto 50, Azzedine Ounahi rompió el empate con un zurdazo preciso tras un tiro libre de Hakimi. Pero el verdadero desequilibrio llegó desde la bota de Brahim. En el 82, el marroquí filtró un pase que destrozó la línea defensiva canadiense y permitió a Ounahi sentenciar su doblete.
Con el marcador ya 2-0 y la clasificación asegurada, Brahim aún tuvo tiempo para regalar una segunda asistencia en el tiempo de descuento: un contraataque letal que Soufiane Rahimi transformó en el 3-0 definitivo. Dos pases, dos goles, un boleto a cuartos.
Estas cifras sitúan a Brahim como el principal generador de juego de la selección en este certamen. Cuatro asistencias en igual número de titularidades, una cifra que lo coloca en la élite de los creadores del Mundial y que refleja la confianza absoluta que Mohamed Ouahbi ha depositado en él desde su llegada al banquillo.
El seleccionador, quien asumió el cargo en marzo de 2026 tras la salida de Walid Regragui —el artífice de la gesta de Qatar—, no ha dudado en construir el esquema de juego en torno a la movilidad del mediapunta. «Intentamos crear un caos organizado mediante una mayor movilidad. Díaz tiene libertad para hacerlo. Ha jugado mucho desde la Copa Africana», explicó Ouahbi en la previa del choque contra Canadá, un encuentro que calificó como «el más complicado» de la travesía estadounidense.
El propio jugador, con la humildad que le caracteriza, restó importancia a sus números tras el duelo de Houston. «Si puedo ayudar con asistencias, perfecto, pero esto es un deporte de equipo. Lo importante es que estamos en cuartos de final», declaró. Palabras que resuenan con la filosofía de un vestuario que ha superado obstáculos considerables: el empate agónico ante Brasil en el debut, el sufrido triunfo sobre Escocia, la goleada ante Haití, la eliminación de Países Bajos en penaltis en Monterrey y, ahora, la exhibición contra Canadá. «Si queremos llegar lejos, hay que pasar por momentos difíciles», sentenció Ouahbi.
El reto que aguarda en Boston no es menor. Francia, campeona en 2018 y finalista en 2022, se alza como el escollo más formidable hasta la fecha. Pero Marruecos ya sabe lo que es mirar a los gigantes a los ojos. La semifinal de Qatar contra Francia —aquella noche dolorosa de diciembre de 2022— sigue viva en la memoria de un país que busca redención. Y cuenta para ello con un Brahim Díaz que, a sus 26 años, ha madurado lejos de los reflectores mediáticos de Europa para convertirse en el referente indiscutible de una generación dorada.
Con la camiseta del Real Madrid ya le ha valido títulos de Liga y Champions. Con la de los Leones del Atlas, persigue algo más grande: inmortalizar su nombre en la historia de un fútbol marroquí que, otra vez, late con la fuerza de quien no se conforma con el recuerdo, sino que anhela escribir capítulos nuevos.
