El “enemigo del sur”: Entre la doctrina militar y el sesgo político

 

Rue20 Español/Madrid

Abdelahamid Beyuki*

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Las declaraciones del ex JEMAD (Jefe de Estado Mayor de la defensa en España) Fernando Alejandre en una entrevista concedida a ABC parecen sacadas de un manual clásico de geopolítica donde el sur siempre fue sospechoso y Marruecos el vecino incómodo por definición. Según su planteamiento, no hay duda alguna, la principal amenaza para España está en el norte de África. Una afirmación tan rotunda que, más que cerrar el debate, invita a abrirlo con cierto escepticismo.

Porque cuando alguien en el ámbito estratégico asegura que “no hay ninguna duda”, lo primero que suele surgir son precisamente las dudas. No tanto sobre la existencia de tensiones —que las hay y son conocidas— sino sobre la lectura que se hace de ellas.

Convertir a Marruecos en el “mayor enemigo” implica simplificar una relación que, en la práctica, es bastante más ambigua; cooperación estrecha en migración y seguridad por un lado, fricciones territoriales y diplomáticas por otro. Es una relación incómoda, sí, pero también profundamente interdependiente. Reducirla a un esquema de amenaza casi existencial parece más una inercia mental que un análisis actualizado.

El general Alejandre insiste además en la vulnerabilidad de Ceuta y Melilla y en la supuesta incertidumbre sobre la respuesta de la OTAN. Aquí el argumento adquiere un tono casi preventivo, como si se quisiera subrayar una sensación de desprotección estructural. Es cierto que la cobertura jurídica de estas ciudades dentro del Tratado Atlántico ha sido objeto de debate, pero sugerir que España podría quedarse sola en un escenario de agresión resulta, como mínimo, discutible. La política internacional no funciona únicamente con artículos escritos hace décadas, sino también con intereses compartidos y equilibrios actuales. Y en ese tablero, España no juega precisamente en segunda división.

La referencia al islote de Perejil, deslizada como precedente, añade un matiz curioso, un episodio limitado, casi simbólico, elevado implícitamente a categoría de advertencia estratégica. Es como si se quisiera convertir una anécdota tensa en un ensayo general de algo mucho mayor. Una extrapolación que, con un poco de distancia, suena algo forzada.

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Pero quizá lo más llamativo no es el contenido concreto, sino el tono. Bajo la apariencia de un análisis técnico, asoma una visión bastante definida del mundo, una visión distorsionada sobre amenazas claras, fronteras en riesgo y una necesidad constante de vigilancia frente al vecino del sur. Una mirada legítima, sin duda, pero también bastante alineada con posiciones políticas que apuestan por enfoques más duros en materia de seguridad y relaciones exteriores. De ahí que, pese a las precauciones habituales, cueste no percibir cierto “plumero” ideológico en el discurso del general.

En el fondo, lo que transmiten estas declaraciones es una forma de entender la seguridad muy marcada por el pasado, donde el peligro se identifica con facilidad y casi siempre viene de fuera, con nombre y geografía concretos. El problema es que el presente es bastante menos ordenado, amenazas difusas, conflictos híbridos, dependencias económicas y tecnológicas… un escenario donde señalar a un único “enemigo principal” resulta, como poco, tentadoramente sencillo.

Quizá por eso el mensaje del general Alejandre suena tan claro, porque simplifica. Y bien sabido que en geopolítica, simplificar suele ser el primer paso para equivocarse con bastante seguridad.

A modo de conclusión

Las declaraciones del ex JEMAD Fernando Alejandre no son irrelevantes, pero tampoco deben tomarse como un diagnóstico indiscutible. Más bien reflejan una forma de entender la seguridad nacional que mezcla experiencia militar, inercias institucionales y, posiblemente, una cierta inclinación ideológica.

El riesgo no está en que existan estas opiniones —perfectamente legítimas—, sino en asumirlas como verdades objetivas sin someterlas a un análisis crítico.

En geopolítica, como en casi todo, cuando alguien dice que “no hay ninguna duda”, suele ser precisamente cuando más conviene dudar.

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Abdelhamid Beyuki

*Experto en las relaciones hispano-marroquíes.

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