Rue20 Español/Tetuán
Mohamed Benabdelkader*
A pesar de la insistencia de los códigos deontológicos periodísticos sobre la necesidad de evitar el sensacionalismo para proteger la dignidad de las personas, garantizar la calidad de la información y mantener la integridad, así como la confianza en la profesión periodística, muchos periodistas persisten en explotar sistemáticamente el gusto del público por lo sensacional. Dramatizan ciertos acontecimientos o informaciones con el fin de producir una fuerte impresión y atraer la atención, a menudo en detrimento del rigor y la exactitud esperados. Esta práctica, que va en contra de los principios éticos fundamentales, tales como la verificación rigurosa de los hechos y el respeto hacia las personas, contribuye sin embargo a captar una audiencia más amplia, revelando así un dilema entre un enfoque comercial / militante y las exigencias deontológicas ineludibles.
Este tipo de periodistas suele utilizar recursos como títulos llamativos, un vocabulario dramático, la elección de fotos espectaculares, también simplifica en exceso la información, a menudo exagerando o distorsionando la realidad. Se trata de una práctica periodística que no duda en destacar elementos polémicos o espectaculares para captar la atención, a veces en detrimento de la calidad, la objetividad y la veracidad de la información. Esta práctica puede incluso crear o amplificar acontecimientos en lugar de simplemente cubrirlos, buscando más captar audiencia que informar rigurosamente. El periodista español Ignacio Cembrero es un ejemplo ideal de esta práctica, que ilustra perfectamente cómo algunos periodistas no dudan en dramatizar los hechos y explotar lo sensacional, para suscitar la emoción y maximizar el impacto mediático, en detrimento de la veracidad y la objetividad.
Si este periodista es considerado tanto en España como en Marruecos, como una figura polémica, no es en absoluto por su elección de abordar temas sensibles y delicados relacionados con el Reino de Marruecos, sino exactamente por su estilo periodístico controvertido, marcado por un enfoque sensacionalista, dramatizante y manipulador. Sus artículos sobre Marruecos se caracterizan por un partidismo excesivamente negativo, a menudo cercano a la calumnia, hasta el punto de que nunca duda en inventar o manipular la realidad para influir y engañar a la opinión pública española.
Algunos observadores reprochan a Cembrero basar sus artículos en especulaciones, narrativas repetitivas y una fuerte hostilidad hacia Marruecos, que según ellos equivaldría a un activismo ferviente que va más allá de una simple acción a favor de una causa, y se aleja ampliamente de un periodismo de investigación riguroso y preocupado por informar al público de la manera más fiable posible. Esta crítica sugiere que sería un acusador sistemático sin siempre aportar pruebas suficientes, lo que alimenta la polémica en torno a su trabajo. En un contexto más amplio de tensiones geopolíticas y mediáticas complejas, la opinión pública española queda entonces a menudo expuesta, con este tipo de periodismo, a una lectura errónea, estereotipada, e incluso parcial, de Marruecos.
No me extenderé aquí sobre los múltiples aspectos de la falta de profesionalismo periodístico de Ignacio Cembrero, ampliamente abordados y criticados por los medios de información marroquíes en estos últimos años. Lo que deseo aportar aquí es una nueva perspectiva sobre sus escritos acerca de Marruecos, analizando su modus operandi bajo un ángulo muy particular: el de un periodista que, para construir el sentido de sus escritos, extrae constantemente de lo insignificante. En otras palabras, alguien que, al empeñarse en dramatizar su visión de Marruecos, y consolidar su imagen de experto en asuntos marroquíes, no encuentra otro método que el de buscarle la quinta pata al gato, lo que significa andar buscando el mínimo detalle para encontrar fallos inexistentes o insignificantes en cada tema que aborda respecto al vecino del sur. Esta obsesión sistemática por jugar siempre una carta oculta, o por sacar un conejo de su sombrero para maravillar a su público, constituye la clave indispensable para entender su tratamiento de la actualidad marroquí, un tratamiento que consiste frecuentemente en usar un toque de magia para invertir la situación y convertir lo insignificante en un asunto explosivo.
Buscarle la quinta pata al gato consiste en el estilo cembrerista en tener la manía de deslizar innecesariamente un pequeño detalle que se supone capaz de orientar la percepción de la opinión pública, o bien destacar un aspecto marginal pensando que puede molestar, o incluso torcer la información para suscitar polémica donde no la hay. Se trata de una forma de «sobre interpretación» obsesiva crónica, o más simplemente de una pasión por «buscarle la quinta pata al gato «, esa manía de detenerse excesivamente en el más mínimo detalle, a menudo insignificante o fuera de contexto, para darle una importancia o significado exagerado, a veces incluso arriesgando perder el sentido global de la situación.
Ceuta que Marruecos reivindica
Cuando Cembrero publica un comentario en su cuenta de X (2-12-2025) reconociendo el éxito de Marruecos en la reducción de la emigración clandestina hacia Canarias y Andalucía, orienta inmediatamente el relato hacia un ángulo polémico al destacar una supuesta indulgencia hacia la ciudad de Ceuta, revindicada por Marruecos.
Marruecos hace esfuerzos para frenar la emigración irregular a Canarias y Andalucía, pero no a Ceuta, ciudad que reivindica. En los 11primeros meses de este año desembarcaron en sus playas 3599 «sin papeles», un 46,2% más que 2024
A pesar de que la información principal concierne a Canarias y Andalucía, el periodista, en lugar de presentar los datos estadísticos relativos a estas dos regiones autónomas, va a buscar su «quinta pata” en las cifras concernientes al enclave de Ceuta que Marruecos reivindica, que no representan más que un aumento menor e insignificante, y esto para dramatizar estos números y transformar un balance globalmente positivo en una acusación implícita de parcialidad política. Las disparidades regionales que persisten en materia de inmigración, en ningún momento han impedido a las autoridades españolas admitir que la disminución general de las llegadas irregulares está estrechamente ligada a la acción de Marruecos, un aliado indispensable en el control de los flujos migratorios clandestinos. Sin embargo, en lugar de jerarquizar los éxitos masivos (baja Canarias/Andalucía), Cembrero prefiere hacer zoom en Ceuta como «excepción sospechosa», ligada a la reivindicación territorial marroquí. El reto para el «especialista del Magreb» reside en la construcción de un sensemaking que invierte la realidad, para dar sentido a su interpretación delirante, que consiste en imputar la supuesta ausencia de freno hacia Ceuta, reivindicada por Marruecos, a una estrategia deliberada
Una información positiva es así desviada por un detalle menor sobreinterpretado políticamente, perjudicando la informatividad equilibrada y alimentando una lectura suspicaz. Así es como Cembrero se lanza sobre su quinta pata, ignorando la bajada nacional española en términos de flujos migratorios (-35,9%) así como el rol clave de Marruecos, con el fin de sesgar la percepción y transformar una asociación eficaz en sospechas geopolíticas.
Ese Marruecos irrendentista
Otro ejemplo del encuadre mediático orientado hacia la polémica por la «búsqueda al gato de la quinta pata», concierne al tratamiento que el «especialista del Magreb» ha dado a la resolución 2797 en un artículo publicado en EL Confidencial (1-11-2025) bajo el título «Tras el Sáhara, ¿Ceuta? El espaldarazo de la ONU envalentonará a Rabat en sus demandas a España». Con la misma obsesión compulsiva que caracteriza su estilo periodístico, ha intentado así «iluminar» a la opinión pública española:
«Cuál será el siguiente paso de ese Marruecos irredentista tras su éxito diplomático en la ONU sobre el Sáhara ? Rabat tiene cuatro reivindicaciones con España: dos relacionadas con el Sáhara, una con las aguas de #Canarias y, la de mayor alcance, Ceuta, Melilla, las Chafarinas y los peñones».
Aunque el término irredentista es principalmente descriptivo, designando una doctrina política nacionalista que busca reivindicar territorios no recuperados aún por el Estado y que forman parte históricamente de su integridad territorial, Cembrero con su expresión «ese Marruecos irrendentista» busca transmitir un juicio de valor creyendo dar a este término un sentido peyorativo que corresponde a su narrativa estigmatizante y anti marroquí. Confundiendo irredentismo et expansionismo, busca dramatizar la situación advirtiendo a sus lectores españoles que se cuiden de este vecino del sur y se preparen para lo peor, afirmando que la última resolución de la ONU sobre el Sáhara no hace más que reforzar su maximalismo, e incluso su agresividad expansionista. ¡Y ahí está la quinta pata de Cembrero! Marruecos integra victoriosamente su propuesta de autonomía sahariana en la legalidad internacional, y el periodista español «especialista del Magreb» transforma con un toque mágico la resolución histórica de la ONU en una amenaza inminente, precisamente para imponer un encuadre conflictivo y alarmista.
Sin ningún cuidado por la contextualización histórica o política de las reivindicaciones territoriales de Marruecos, que son conocidas desde hace tiempo en el marco de las relaciones bilaterales entre ambos países, este encuadre cembrerista se esfuerza por alimentar un sentimiento de inquietud o amenaza, como si el periodista «especialista del Magreb» estuviera encargado de advertir a sus compatriotas de un peligro marroquí, a imagen de los vigías costeros españoles en la época de Isabel y Fernando gritando «Moros en la costa!», desviando así la atención de los mecanismos complejos de la acción diplomática y del diálogo político hacia una visión caricaturesca de un Marruecos «agresor» o «reivindicador excesivo », lo que refuerza una lectura conflictiva y desequilibrada que perjudica la objetividad y la comprensión de los verdaderos retos.
Una fundación vinculada a la Casa Real
Un tercer ejemplo de la «quinta pata» buscada cuidadosamente por el periodista español es fácilmente identificable en el artículo que publicó en el diario El Confidencial (14/08/2025), sobre un comunicado emitido por la Fundación Hassan II de los Marroquíes Residentes en el extranjero. De hecho, en este artículo se trata de matar dos pájaros de un tiro, o más bien de un solo tema dos «quintas patas», la primera consiste en indagar en el vínculo familiar entre la Presidenta de la fundación y el Rey de Marruecos, particularmente cuando escribió:
«Una institución vinculada a la Casa Real marroquí y presidida por la princesa Lalla Meryem, hermana mayor del rey Mohamed VI, denunció el miércoles la “oleada de actos hostiles contra la comunidad marroquí” perpetrados en España en el último mes».
El periodista, fiel a su estilo de «buscarle la quinta pata al gato», elige focalizarse en la identidad familiar de la presidenta de la institución en lugar de destacar lo esencial: la condena de los actos hostiles contra la comunidad marroquí. Poner un acento excesivo o abusivo en el parentesco entre la princesa Lalla Meryem (que efectivamente es la hermana mayor del Rey Mohammed VI) y el Soberano no busca solo desviar la atención del contenido esencial del comunicado, particularmente la denuncia de actos hostiles contra la comunidad marroquí, sino principalmente transformar una denuncia sobre derechos humanos legítimos en un acto político polémico. Ejercer un enfoque desviado e inapropiado en este detalle familiar para intentar «arrastrar» al Estado marroquí a un enfrentamiento diplomático con España, corresponde a una interpretación sin fundamento en el contenido del comunicado, y a un encuadre mediático abusivo que desvía la mirada del público del objeto real del comunicado hacia una lectura sesgada, que oculta la misión social, humanitaria y cultural de la Fundación y el contexto de apoyo expresado a la comunidad marroquí en España, víctima de discriminaciones o agresiones
El encuadre periodístico segado se basa así en una personalización abusiva demasiado centrada en la personalidad de la Presidenta/Princesa, con el objetivo de ocultar la realidad social y humana denunciada por la Fundación. Esto refleja una forma sutil de sobreinterpretación polémica o de búsqueda malintencionada de «la quinta pata», que busca asimilar esta personalización excesiva del comunicado de la Fundación a una revelación periodística extraordinaria, y esto para crear un efecto de sorpresa en detrimento de una información de calidad, equilibrada y útil. Es típicamente un caso en el que la deontología periodística – precisión, contextualización y respeto de los hechos esenciales – se ve comprometida por una lectura manipuladora y sensacionalista.
¡Injerencia marroquí en las escuelas españolas!
La segunda «quinta pata» buscada aquí por el periodista español para recurrir a la dramatización y el sensacionalismo, salta a la vista cuando añade en el mismo contexto:
«La Fundación se esfuerza en mantener el vínculo entre los millones de marroquíes residentes en el extranjero y su país de origen, así como a animarles a invertir en Marruecos. Para mantener ese nexo puso en marcha en España, en los colegios públicos de doce comunidades autónomas, el Programa de Enseñanza de Lengua árabe y Cultura Marroquí».
Pretender así de simple, que la Fundación Hassan II implementa en escuelas públicas españolas un programa de enseñanza para los hijos de marroquíes residentes en España, sugiere que esta iniciativa constituye una injerencia unilateral de Marruecos en las escuelas públicas españolas. Sin embargo, esta presentación simplificadora omite recordar que este tipo de enseñanza, en su origen, se inscribe en un marco de cooperación bilateral entre Marruecos y España, formalizado por varios acuerdos firmados particularmente desde 1980, y concretado por el Programa de Lengua Árabe et Cultura Marroquí (PLACM) reconocido por las autoridades españolas. Este programa es coadministrado por ambos países a través de una comisión de seguimiento y evaluación, con compromisos compartidos, particularmente en materia de reclutamiento y remuneración de los profesores asumidos por Marruecos (ministerio de educación nacional y Fundación Hassan II), pero bajo una supervisión pedagógica conjunta.
Recordemos que este programa lingüístico y cultural coordinado por el personal de la Embajada de Marruecos en España y el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, y gestionado por las comunidades autónomas, se inscribe en una lógica de inclusión y apertura intercultural, destinada a favorecer la integración escolar, social y cultural de los niños procedentes de la inmigración marroquí, al mismo tiempo que fomenta el conocimiento del idioma árabe y la cultura marroquí, respetando el sistema educativo y las leyes españolas. Ignorar este marco bilateral y este contexto de cooperación, conduce inevitablemente a un encuadre manipulador que simplifica abusivamente la realidad, integra elementos verídicos para hacer pasar afirmaciones engañosas, y busca así imponer una falsa percepción de esta iniciativa como una injerencia o intrusión extranjera, cuando se trata de un esfuerzo colaborativo formalizado, inscrito en las relaciones diplomáticas y culturales entre ambos países.
Esta falta de contextualización, además de perjudicar la comprensión objetiva del programa (PLACM), alimenta un discurso polémico que puede nutrir tensiones ideológicas y políticas innecesarias entre las comunidades concernidas. El periodista «especialista del Magreb» fiel a su propia línea editorial antimarroquí presenta la iniciativa de la Fundación Hassan II como una injerencia ideológica de Marruecos en las escuelas públicas españolas, sin mencionar que se trata en realidad de un programa bilateral formalizado por acuerdos de cooperación cultural y educativa entre Marruecos y España. Omitir este contexto oficial y este marco bilateral no podría tener más que un solo objetivo: alimentar una lectura polémica y simplista que perjudica la comprensión objetiva y equilibrada de esta cooperación educativa y cultural entre ambos países, basada esencialmente – hay que recordarlo – en el principio de reciprocidad
Acaso ignora el periodista «especialista del Magreb» el principio fundamental de reciprocidad en las relaciones diplomáticas entre Estados soberanos? ya que es precisamente en este marco que España despliega en territorio marroquí su más vasta red de centros docentes públicos en el extranjero, con una decena de institutos en Tetuán, Tánger, Larache, Alhucemas, Nador, Rabat, Casablanca y también en El Aaiún, sin que esto suscite en los marroquíes el menor escándalo de injerencia o de Soft Power español.

*Exministro de Justicia y Doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación.
