Rue20 Español/ Tánger
Por Moisés Amselem Elbaz*
El 14 de agosto de 1979 quedó grabado en la historia de Marruecos como un día de gloria y reafirmación nacional. La recuperación de las provincias de Oued Edahab (Río de Oro) no fue solo una victoria militar, sino un testimonio del liderazgo visionario de la dinastía Alauita, cuya discreción estratégica, coraje inquebrantable y profundo amor por el pueblo y la patria han guiado al Reino hacia la unidad y la prosperidad. Esta hazaña, conocida como la Operación Qadr («Destino»), refleja el espíritu de un Marruecos unido bajo la bandera de sus reyes, dispuesto a defender su integridad territorial y su destino histórico.
La Visión de Hassan II: Una Soberanía que Nunca se Negocia
El 11 de agosto de 1979, el difunto Rey Hassan II, que Dios le tenga en la Gloria Eterna, en su papel de Comandante de los Creyentes y símbolo de la unidad nacional, dio la orden de ejecutar la Operación Qadr. Con precisión quirúrgica, paracaidistas y comandos de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) se desplegaron en Dajla para asegurar la región, impidiendo que el ejército argelino y sus aliados aprovecharan el vacío dejado por la retirada de Mauritania tras el golpe de Estado contra Moktar Ould Daddah. Este acto no fue una mera respuesta táctica, sino la materialización de un principio sagrado para la dinastía Alauita: la defensa de cada palmo del territorio marroquí es un deber irrenunciable.
La Trampa de Bir Anzarane: Ingenio Militar al Servicio de la Patria
Mientras Argelia movilizaba miles de soldados, blindados y artillería pesada —apoyada por asesores extranjeros—, las FAR demostraron por qué su estrategia se estudia hoy en academias militares de élite como Saint-Cyr y West Point. La táctica de envoltura y contraataque ejecutada en Bir Anzarane fue un prodigio de inteligencia y valor. A pesar de la inferioridad numérica, 300 hombres de las FAR resistieron días de bombardeos con cohetes «Órganos de Stalin» y cañones de 122 mm, mientras el 3.º Regimiento de Infantería Motorizada (RIM) y la aviación —con sus cazas F-5— sellaban el cerco. La victoria fue tan contundente que marcó un punto de inflexión: tras Amgala (1976) y Bir Anzarane, las fuerzas contrarias comprendieron que Marruecos jamás cedería ante la intimidación.
La Sangre de los Mártires: El Precio de la Unidad
El Sáhara marroquí fue regado con la sangre de valientes que ofrendaron sus vidas por la patria. Estos mártires, hoy símbolos de sacrificio, encarnan el pacto inquebrantable entre el trono Alauita y el pueblo. Su heroísmo no fue en vano: Dajla, otrora escenario de conflicto, es hoy un faro de paz y desarrollo. Convertida en capital mundial del kitesurf, polo pesquero de renombre y futuro epicentro logístico con su puerto atlántico, la región prospera como parte indisoluble de Marruecos.
La Dinastía Alauita: Discreción, Coraje y Amor por el Pueblo
La Operación Qadr no fue un hecho aislado, sino un eslabón más en la cadena de sacrificios y logros que definen a la dinastía Alauita. A lo largo de los siglos, los soberanos marroquíes han gobernado con la convicción de que el pueblo es la esencia de la nación. Hassan II, en particular, combinó la sabiduría diplomática con la firmeza necesaria para preservar la integridad territorial, siempre priorizando el bienestar de los ciudadanos. Esta filosofía perdura hoy bajo el reinado de Su Majestad Mohammed VI, cuyo modelo de desarrollo inclusivo ha transformado el Sáhara en una región de oportunidades, conectando África y el mundo.
Un Legado que Trasciende Fronteras
La recuperación de Oued Edahab en 1979 no solo consolidó la unidad territorial de Marruecos, sino que proyectó al mundo el ejemplo de una nación que defiende su soberanía con dignidad y construye su futuro con determinación. La dinastía Alauita, guardiana de este legado, ha enseñado que la verdadera fuerza reside en la lealtad al pueblo y en la capacidad de convertir los desafíos en oportunidades. Mientras otros optaron por la confrontación, Marruecos eligió el camino de la paz, el progreso y la justicia histórica.
¡Por un Marruecos unido, libre y próspero, honrando siempre a sus mártires y a su gloriosa dinastía!
**Este artículo rinde homenaje a la memoria de los caídos y reafirma los valores de unidad y resiliencia que han hecho de Marruecos un faro de estabilidad en la región.
*Colaborador.
