Marruecos, día 1 rumbo al Mundial 2030

 

Rue20 Español/Buenos Aires

Maximiliano Friggieri*

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La eliminación en el Mundial 2026 duele. Sería absurdo decir lo contrario. Duele porque Marruecos había vuelto a instalarse entre los grandes protagonistas del fútbol mundial y porque este equipo había demostrado que estaba preparado para seguir haciendo historia. Pero también hay derrotas que marcan un final y otras que marcan un comienzo. La de Marruecos pertenece claramente al segundo grupo. El recorrido termina en cuartos de final, sí, pero la fotografía completa muestra algo mucho más importante: una selección que en ocho años pasó de ser una potencia emergente a convertirse en una referencia global.

No se puede analizar este ciclo únicamente por un resultado. Marruecos fue semifinalista en Qatar 2022, el primer país africano y árabe en alcanzar esa instancia. Luego confirmó que aquello no había sido una casualidad, sino el fruto de un proyecto profundo y sostenible. En el camino aparecieron nuevas generaciones competitivas, estructuras de formación modernas y una identidad futbolística reconocible. El título Mundial Sub 20 reforzó esa sensación de continuidad y el desempeño en el Mundial 2026 volvió a colocar a los Leones del Atlas entre la élite. Caer en cuartos no modifica esa realidad. Marruecos sigue perteneciendo al grupo de selecciones que cualquier favorito prefiere evitar.

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Lo más llamativo es que el crecimiento no se limita al campo de juego. Marruecos contagia. Genera simpatía. Ha construido una conexión especial con los amantes del fútbol porque representa algo más grande que los resultados. Representa la posibilidad de romper barreras históricas. Representa el orgullo de un continente que busca consolidar su lugar entre las potencias. Y representa una pasión popular que se vive en las calles, en los barrios y en cada rincón del país.

Por eso, una vez absorbida la frustración de la eliminación, llega el momento de mirar hacia adelante. Y en el horizonte aparece una fecha tan ambiciosa como inevitable: el Mundial 2030. Un torneo histórico que organizará junto a España y Portugal y que tendrá además su puntapié inicial en Sudamérica, con partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay. Para Marruecos no se trata simplemente de albergar una Copa del Mundo. Se trata de mostrar al planeta quién es y qué ha construido durante las últimas décadas.

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La preparación para ese desafío comenzó mucho antes de que la FIFA anunciara los países anfitriones. Bajo la visión impulsada durante años por el Rey Mohammed VI, el fútbol se convirtió en una herramienta estratégica de desarrollo, identidad nacional y proyección internacional. El impulso a la infraestructura deportiva, la formación de jóvenes talentos y la modernización de instalaciones no obedecen a una moda pasajera. Forman parte de una política de largo plazo que hoy ofrece resultados visibles.

La Academia Mohammed VI es quizá el mejor símbolo de esa apuesta. De allí surgieron o se desarrollaron varios de los futbolistas que alimentan a las distintas selecciones nacionales. Pero el fenómeno va mucho más allá de una institución. Marruecos respira fútbol. Desde Rabat hasta Casablanca, desde Fez hasta Tánger, desde Agadir hasta Marrakech, abundan las canchas, los espacios de formación y una cultura futbolera profundamente arraigada. El balón forma parte de la vida cotidiana.

Y si el proyecto deportivo impresiona, la ambición organizativa no se queda atrás. Marruecos está construyendo el futuro Estadio Hassan II, un coloso que aspira a convertirse en el estadio de fútbol más grande del mundo y que simboliza la intención del país de albergar la final del Mundial 2030. Más que una obra de ingeniería, representa una declaración de principios: Marruecos no quiere ser un anfitrión más. Quiere ser uno de los protagonistas centrales del torneo.

La base deportiva para sostener ese sueño también existe. La actual generación todavía tiene combustible para llegar competitiva a 2030. Futbolistas que hoy atraviesan su madurez deportiva pueden convertirse en líderes de la próxima Copa del Mundo. Al mismo tiempo, una nueva camada ya empieza a aparecer en las categorías juveniles y en las principales ligas europeas. Como toda selección grande, Marruecos deberá gestionar una transición. Habrá figuras que cerrarán su ciclo y otras que tomarán la posta. Pero el recambio parece mucho más planificado que improvisado.

Por eso este es apenas el día uno del camino hacia 2030. La eliminación mundialista deja una herida, pero también una certeza. Marruecos ya no pelea por un lugar en la mesa de los grandes. Ya está sentado en ella. Ahora el desafío es diferente: consolidarse, crecer y llegar a su propio Mundial con la ambición de hacer algo que hoy ya no parece imposible. Porque después de Qatar, después del título juvenil y después de otro Mundial entre los mejores, los Leones del Atlas dejaron de ser una sorpresa. Son una potencia en construcción. Y el 2030 será la oportunidad perfecta para demostrarlo ante su gente y ante el mundo.

*Colaborador.

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