De Marruecos al Sahel, ahora Bretaña: Argelia amplía su ofensiva diplomática contra Francia

 

Rue20 Español/Rabat

Argelia acusa a Francia de ocupar la región de Bretaña, frente a Gran Bretaña. El régimen argelino demuestra una vez más que es prisionero de una lógica de guerra fría pasada de moda y de conflictos ideológicos polvorientos.

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Mientras el mundo llama a la integración regional y a la cooperación, este poder anquilosado persiste en exportar sus crisis internas provocando a sus vecinos y fabricando enemigos imaginarios.

El último episodio hasta la fecha: un reportaje difundido por el canal oficial Canal Algérie defendiendo abiertamente la «independencia» de Bretaña y calificando la presencia administrativa francesa de «ocupación».

Una injerencia chocante, como si Argelia se hubiera autoproclamado tribunal internacional distribuyendo certificados de soberanía según sus intereses.

La hipocresía de Argel: ¿Defender la autodeterminación mientras se niega en casa?

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Francia ya no puede permanecer en silencio ante un discurso tan agresivo, proveniente de un régimen que, a su vez, ocupa la Cabilia desde hace décadas, aplasta las reivindicaciones pacíficas de sus habitantes, niega su identidad, reprime su cultura y viola sus derechos políticos más fundamentales.

¿Cómo puede un poder que rechaza todo derecho a la autodeterminación dentro de sus propias fronteras atreverse a inmiscuirse en los asuntos internos de un Estado europeo importante?

Aislamiento regional y contradicciones internas: el régimen argelino en una casa de cristal

El régimen argelino está en conflicto permanente con su geografía, su historia y su entorno inmediato. Mantiene relaciones hostiles con Marruecos, ha roto unilateralmente sus vínculos con Túnez, adopta una postura ambigua hacia Libia, y se muestra abiertamente hostil hacia los Emiratos Árabes Unidos.

Incluso Rusia, considerada durante mucho tiempo como un aliado estratégico, ahora mantiene las distancias.

Prueba de ello son las maniobras militares llevadas a cabo recientemente por el mariscal Haftar en suelo argelino con el consentimiento implícito de Moscú, en un silencio ensordecedor de Argel.

Este silencio es revelador: muestra hasta qué punto el régimen ha perdido todo control de su soberanía. La Argelia oficial juega alternativamente el papel de víctima y el de colonizador, según le convenga. Instrumentaliza la retórica de los derechos de los pueblos para enmascarar sus propios fracasos internos.

Pretende defender causas justas, mientras sofoca cualquier protesta en su propio territorio. Si una cadena pública argelina se atreve hoy a apoyar la secesión de un territorio francés, entonces es hora de que Francia revise en profundidad su relación con este régimen agresivo que siembra el odio, la inestabilidad y la mentira.

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El régimen argelino, encerrado en sus contradicciones, vive en una casa de cristal. La menor chispa puede hacer volar en pedazos su ilusión de poder, y esa chispa vendrá, sin duda, del interior.

 

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