Rue20 Español/Rabat
Según ha informado el canal France 2 a través de su cuenta oficial en X, el régimen argelino habría formulado una propuesta sorprendente al gobierno francés: liberar al escritor encarcelado Boualem Sansal a cambio de la entrega de Ferhat Mehenni, líder del gobierno kabyle en el exilio, junto con otros tres opositores argelinos acogidos por Francia.
La reacción francesa fue categórica: rechazo absoluto.
Resulta llamativo —aunque no del todo inesperado— que un Estado pretenda convertir un acto de justicia elemental, como la liberación de un escritor injustamente detenido, en moneda de cambio dentro de un juego de presión política. Se trata, en el fondo, de una visión alarmantemente utilitaria de los derechos humanos, donde la libertad se ofrece como parte de un trato, no como principio inviolable.
Boualem Sansal, reconocido por su pensamiento independiente y su crítica constante tanto al islamismo como al aparato de poder argelino, ha sido objeto de una condena que ha despertado la preocupación de numerosas voces en Europa. Pero ahora, además del encierro, se le añade el cinismo de utilizar su situación como pieza de negociación.
La idea de intercambiar disidentes como si fueran fichas en una partida diplomática revela hasta qué punto ciertos reflejos autoritarios persisten. Y aunque el régimen argelino no ha confirmado oficialmente la propuesta, su silencio frente a la revelación de France 2 deja poco espacio a la sorpresa.
Francia, por su parte, ha hecho lo que se espera de un Estado democrático: no cede ante la lógica del chantaje, y mantiene su rechazo a entregar personas perseguidas por motivos políticos.
Al final, lo que Argelia plantea está lejos de ser una solución; es, más bien, un síntoma. Un reflejo de cómo entiende las libertades, el disenso y el derecho internacional. Y eso, en pleno siglo XXI, revela mucho más sobre quien lanza la propuesta que sobre quien la rechaza.
