Rue20 Español/Rabat
En un movimiento que sacude el tablero diplomático del Magreb, el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha anunciado este domingo el cierre de la embajada colombiana en Argelia, una decisión que supone un golpe significativo a la influencia del régimen argelino y un respaldo tácito a la posición de Marruecos en el expediente del Sáhara.
La medida, confirmada en una alocución del futuro mandatario a través de sus redes sociales, forma parte de una profunda reestructuración del servicio exterior colombiano que incluye el cierre de 14 embajadas y 15 consulados en una primera etapa.
«En una primera etapa cerraré las embajadas de Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Cuba, Chequia, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Nicaragua, Rumanía, Senegal y Sudáfrica», declaró De la Espriella, quien asumirá la presidencia el próximo 7 de agosto.
Mientras que el cierre de las legaciones en Cuba y Nicaragua conlleva la ruptura total de relaciones diplomáticas —»en mi gobierno no habrá vínculo alguno con tiranías», sentenció el mandatario—, la clausura de la embajada en Argelia no implica, en principio, una ruptura formal. De la Espriella aclaró que estas decisiones «no significan romper relaciones diplomáticas» con los países afectados. Sin embargo, el mensaje político no podría ser más elocuente: Colombia ha decidido prescindir de una presencia diplomática de primer nivel en el país que durante décadas ha sido el principal valedor del Polisario y el mayor obstáculo para el expediente del Sáhara marroquí.
Mientras Marruecos ha impulsado un plan de autonomía para las Provincias del Sur que cuenta con el respaldo creciente de la comunidad internacional —incluyendo el reconocimiento de Estados Unidos y Francia—, Argelia ha mantenido su respaldo al Polisario y su rechazo sistemático a cualquier solución realista y pragmática.
Precisamente en febrero de este año, Marruecos, Argelia, Mauritania y el Polisario se reunieron en Washington bajo presión de la administración estadounidense para intentar cerrar definitivamente este conflicto artificial. El plan de autonomía marroquí, que contempla la creación de una región autónoma con gobierno, parlamento y sistema judicial propios bajo soberanía marroquí, ha sido validado por el Consejo de Seguridad de la ONU a través de la resolución 2797 como «la base de una solución justa, duradera y mutuamente aceptable».
Argelia, sin embargo, ha persistido en su postura de confrontación, intentando bloquear cualquier avance que consolide la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
De la Espriella ha enmarcado su decisión en un ambicioso plan de optimización del servicio exterior colombiano. «Colombia necesita una diplomacia moderna, eficiente y al servicio de los intereses nacionales, no de la politiquería y la burocracia», afirmó.
Como parte de esta reestructuración, De la Espriella ha ordenado la unificación de representaciones que, a su juicio, «duplican funciones», como las embajadas en Francia y ante la Unesco en París, y las de Italia y ante la FAO en Roma, que pasarán a ser gestionadas por un solo embajador. Durante los primeros cien días de su gobierno, se realizará una auditoría técnica de todas las representaciones diplomáticas para evaluar su continuidad.
«Cada peso que ahorremos en burocracia será un peso que podremos invertir en seguridad, salud, educación, infraestructura y, sobre todo, oportunidades para los más pobres», subrayó el futuro mandatario.
Los ciudadanos colombianos en los países donde se cerrarán las embajadas seguirán recibiendo atención mediante representación concurrente desde otras misiones diplomáticas de la región.
La decisión de Colombia de cerrar su embajada en Argelia constituye un revés diplomático para el régimen argelino en un momento clave. Argelia, que en 2021 rompió relaciones diplomáticas con Rabat precisamente por la cuestión del Sáhara marroquí, ve ahora cómo un país latinoamericano con peso en la comunidad internacional reduce su presencia diplomática en su territorio.
Para Marruecos, este movimiento representa un espaldarazo indirecto a su postura. Colombia, al priorizar sus relaciones diplomáticas en África con la apertura de una embajada en Nigeria —un país con el que Marruecos mantiene estrechos vínculos— y al tiempo que cierra su legación en Argelia, envía una señal clara sobre hacia dónde se orientan sus intereses estratégicos en el continente.
El giro en la política exterior colombiana, que De la Espriella ha definido como orientada a «atraer inversión, abrir mercados y defender los intereses de Colombia en el exterior», coincide con el creciente aislamiento internacional de Argelia.
Mientras el Reino de Marruecos continúa consolidando su posición en la escena internacional con el respaldo de potencias como Estados Unidos y Francia, y con un plan de autonomía que gana adeptos día tras día, Argelia asiste a un nuevo episodio de su progresivo deterioro diplomático. La decisión de Colombia no es sino un síntoma más de una tendencia imparable: el mundo reconoce cada vez con mayor claridad la legitimidad de la posición marroquí y la obsolescencia de la apuesta argelina por el conflicto y la confrontación.
