Casi 100 investigados ponen en jaque la credibilidad de las legislativas en Argelia

 

Rue20 Español/Rabat

Las investigaciones judiciales por presunta manipulación de las legislativas del 2 de julio salpican a cerca de un centenar de personas, entre diputados electos y supervisores, mientras más del 78% de los ciudadanos vuelven la espalda a las urnas.

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Mientras Marruecos consolida su modelo democrático y fortalece sus instituciones bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, el vecino oriental ofrece una vez más un triste espectáculo de descomposición política y credibilidad institucional.

Las elecciones legislativas celebradas en Argelia el pasado 2 de julio han dejado un saldo demoledor para el régimen militar que rige el país desde su independencia: una abstención histórica del 78,76% —la más baja desde 1962— y una ola de investigaciones judiciales por fraude que ya ha salpicado a cerca de un centenar de personas en varias provincias, según fuentes locales.

Lo que el régimen argelino pretende vender como un proceso democrático no es más que una farsa tejida sobre la base de la exclusión, la manipulación y el desprecio por la voluntad popular. La Autoridad Nacional Independiente para las Elecciones (ANIE), lejos de garantizar la transparencia, expurgó previamente a más de 1.700 candidatos de las listas, eliminando a gran parte de la oposición y a los representantes del movimiento Hirak, que en 2019 logró poner en jaque al régimen.

Lejos de ser un fenómeno aislado, las irregularidades han afectado a múltiples circunscripciones. En la provincia de Djelfa, el juez de instrucción del Tribunal de Hassi Bahbah ordenó la prisión preventiva de ocho personas, entre supervisores, miembros de la ANIE y candidatos. Además, dos candidatas fueron sometidas a control judicial. Una de ellas, que obtuvo un escaño en la Asamblea Popular Nacional por el Partido de la Unidad Nacional y el Desarrollo, ha visto cómo su elección quedaba envuelta en una polémica que refleja la podredumbre del sistema. Este partido, que consiguió dos de los seis escaños de Djelfa, ha sido señalado por presuntas manipulaciones.

El caso adquiere una dimensión aún más grotesca si se tiene en cuenta que los recursos no solo han provenido de partidos rivales, sino de los propios compañeros de lista, que han impugnado a sus colistas por manipulación de votos. Es decir, el fraude estaba tan extendido que los propios beneficiarios se acusan entre sí.

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En Orán, la justicia ha detenido a medio centenar de personas. Entre los arrestados se encuentra un diputado electo del partido «Sawt Echaâb» y ocho organizadores del escrutinio. Las investigaciones comenzaron tras la difusión de vídeos en redes sociales que documentaban presuntas irregularidades en un colegio electoral de Hassián —antiguamente denominado «Florés»—, así como discrepancias entre los votos emitidos y las actas de escrutinio.

En Bouira, la situación no es menos grave. Unas cuarenta personas, entre supervisores y organizadores, han sido detenidas en una investigación centrada en la presunta falsificación de actas para favorecer a determinados candidatos. El candidato electo del partido Front El Moustakbal ha sido enviado a prisión preventiva.

El régimen militar argelino, contra las cuerdas

Sumando los casos de Djelfa, Orán y Bouira, las investigaciones afectan ya a cerca de un centenar de personas, incluyendo diputados electos, candidatos, organizadores y supervisores. A todo ello se suman las denuncias de varios partidos que han señalado la existencia de votos emitidos a nombre de personas fallecidas, un hecho que, de confirmarse, pondría en evidencia la magnitud de la manipulación.

El propio presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, había declarado antes de los comicios que «la era de las cuotas» en las elecciones y la manipulación del voto popular había terminado.

La realidad, sin embargo, desmiente con crudeza sus palabras. La justicia argelina, que hasta ahora no ha dictado sentencias firmes, se ve desbordada por la magnitud de las irregularidades.

Frente a este panorama de descomposición, Marruecos se erige como un faro de estabilidad y transparencia en la región. Bajo el sabio liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, el Reino ha sabido construir un modelo democrático sólido, con elecciones transparentes y unas instituciones que gozan de la confianza de los ciudadanos. Mientras Argelia se hunde en el escándalo y la abstención, Marruecos avanza con paso firme hacia un futuro de progreso y modernidad, consolidando su posición como potencia regional y ejemplo para todo el continente africano.

El espectáculo vivido en Argelia es el reflejo de un régimen que ha perdido todo contacto con su pueblo, que solo sabe gobernar mediante la exclusión y la fuerza, y cuyo único destino es el fracaso anunciado. Los ciudadanos argelinos, con su abstención masiva, han dado un mensaje claro: no creen en unas instituciones podridas que solo sirven a los intereses de una casta militar anclada en el pasado.

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