Caso Gleizes pone contra las cuerdas a Argelia en plena rueda de prensa mundialista

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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La víspera del duelo de octavos de final que medirá a Argelia y Suiza, el seleccionador argelino Vladimir Petkovic compareció ante los medios en una rueda de prensa que, en lugar de centrarse en las alineaciones o la táctica, derivó hacia un terreno mucho más espinoso. Un periodista suizo irrumpió en el libreto previsto para preguntar por Christophe Gleizes, el reportero francés que cumple una condena de siete años en una prisión argelina.

El corresponsal del diario Tribune de Genève se dirigió al técnico de los «Zorros del Desierto» y lanzó una intervención que cortó el aire de la sala: «En nombre de toda la prensa suiza, hay un periodista francés llamado Christophe Gleizes que está encarcelado en Argelia. Debería estar aquí; de hecho, tiene una acreditación de la FIFA…».

No logró terminar la frase. Said Fellak, director de comunicación de la federación argelina, lo interrumpió con un tono que no admitía réplica: «Por favor, ceñámonos al partido». El gesto, seco y sin fisuras, selló cualquier intento de abordar el caso. El periodista suizo, sin inmutarse, reformuló su consulta para preguntar sobre las pausas de hidratación durante el encuentro, un tema que Petkovic despachó en italiano sin mayores complicaciones.

El nombre de Gleizes resuena en los pasillos de esta Copa del Mundo mucho más allá de esta anécdota. El periodista, colaborador de las revistas So Foot y Society, fue detenido el 28 de mayo de 2024 en Tizi Ouzou mientras preparaba un reportaje sobre el Jeunesse Sportive de Kabylie (JSK), uno de los clubes más emblemáticos de Argelia. Tras más de un año bajo control judicial, en junio de 2025 fue condenado por «apología del terrorismo» y «posesión de publicaciones con fines propagandísticos perjudiciales para el interés nacional».

La sentencia, ratificada en diciembre de 2025 por el Tribunal de Apelación de Tizi Ouzou, se basó en los contactos que Gleizes mantuvo con directivos del club vinculados al Movimiento por la Autodeterminación de Cabilia (MAK), una organización que Argelia designó como terrorista. Para organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, sin embargo, las acusaciones son «totalmente absurdas e infundadas», ya que el periodista se limitaba a ejercer su profesión.

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La FIFA, en un gesto simbólico, acreditó formalmente a Gleizes para cubrir el torneo. Su asiento permanece vacío en cada conferencia de prensa de la selección francesa, y su madre, Sylvie, ha viajado a Estados Unidos para mantener viva la llama de su liberación.

La escena vivida este jueves en la comparecencia de Argelia no hizo sino reflejar la incomodidad que el caso genera en las altas esferas del fútbol y la diplomacia. Mientras Francia insiste en gestiones para obtener su excarcelación, la única vía que resta para el periodista es un indulto presidencial por parte de Abdelmadjid Tebboune.

Desde el vecino Reino de Marruecos, el caso de Gleizes ha sido seguido con atención en los círculos periodísticos y de derechos humanos. La situación subraya las tensiones que persisten en la región en torno a la libertad de prensa y el uso de la legislación antiterrorista, un debate que también resuena en el espacio público marroquí, donde la profesión periodística lidia con sus propios desafíos en el equilibrio entre seguridad y libertades.

Mientras Argelia se prepara para medirse a Suiza en el campo, la pregunta incómoda que quedó en el aire —y el silencio que la sepultó— seguirá resonando entre quienes creen que el periodismo, incluso en los días más brillantes del fútbol, no debería ser un crimen.

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