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La economía marroquí afronta el segundo semestre del año con el viento a favor. Según las proyecciones de Standard Chartered, el Producto Interior Bruto (PIB) del Reino crecerá un 4,5% en 2026, una tasa que consolida la senda de recuperación iniciada tras la pandemia y que sitúa a Marruecos entre las economías emergentes más dinámicas.
Esta previsión, recogida en el informe anual «Global Focus 2026» de la entidad bancaria, cobra especial relevancia por el contexto en el que se produce. No solo confirma la solidez de los fundamentos económicos del país, sino que llega apenas unos meses después de que el grupo británico hiciera un movimiento estratégico de gran calado: la elección de Casablanca como su nuevo centro de operaciones para África.
El análisis de Standard Chartered desglosa los motores de este crecimiento previsto. La industria manufacturera mantiene un buen ritmo de expansión, el sector turístico consolida sus excelentes cifras y la demanda interna se sostiene gracias a la fortaleza del consumo y la inversión. A estos factores se suma un contexto internacional que juega a favor del Reino. En plena reorganización de las cadenas de suministro globales, la posición geográfica de Marruecos —encrucijada entre Europa, África, Asia y Oriente Medio— lo convierte en un destino cada vez más atractivo para los inversores que buscan diversificar sus riesgos.
Cynthia El Asmar, directora general y responsable de la zona Maroc para Standard Chartered, destacó la solidez de esta trayectoria: «Marruecos sigue demostrando la solidez de sus fundamentos económicos y la eficacia de su estrategia de desarrollo a largo plazo. El país ha construido una economía diversificada, respaldada por una base industrial en expansión y por unos vínculos comerciales cada vez más sólidos».
La directiva añadió que estas ventajas estructurales «continúan reforzando la competitividad del Reino y su papel como puerta de entrada entre Asia, Europa, África y Oriente Medio, en un momento en que los flujos mundiales de comercio e inversión están evolucionando».
El optimismo de las cifras se sustenta, en buena medida, en la apuesta decidida del banco por el mercado marroquí. El 25 de abril de 2025, Standard Chartered formalizó su implantación en el Reino mediante el registro oficial ante el Tribunal de Comercio de Casablanca. Ocho meses después, el pasado 4 de diciembre, se inauguraba de manera oficial su oficina de representación en el corazón del distrito financiero de Casa Anfa, un paso que la entidad enmarca dentro de una estrategia regional para convertir a Marruecos en un pilar operativo de sus actividades en África subsahariana.
Esta decisión no es un hecho aislado, sino que responde a un proceso de reorganización. En los últimos años, el grupo bancario se ha retirado de varios mercados africanos (como Zimbabue, Angola o Camerún) para concentrar sus recursos en plazas con alto potencial. Al fijar su nuevo centro en Casablanca, Standard Chartered envía una señal clara: el Reino no solo es un mercado atractivo por sí mismo, sino la plataforma desde la que quiere gestionar y expandir su negocio en todo el continente.
Más allá de la fotografía actual, el informe de la entidad anticipa que el crecimiento de 2026 estará apuntalado por la aceleración de los proyectos públicos y privados, especialmente los vinculados a la preparación de la Copa del Mundo de 2030, que sostienen la demanda interna.
En el plano macroeconómico, el Gobierno mantiene el objetivo de reducir el déficit al 3% del PIB, mientras que Bank Al-Maghrib prepara la transición hacia un régimen de targeting de inflación para 2027, una medida que, según los analistas, dotará de mayor flexibilidad al dirham y reforzará la credibilidad del marco macroeconómico.
La combinación de todos estos elementos —la fortaleza del tejido industrial, la pujanza del sector turístico, la estabilidad de la demanda interna y la decidida apuesta por las reformas estructurales— dibuja un panorama de crecimiento sólido. Porque, como apunta Cynthia El Asmar, «Marruecos sigue demostrando una resiliencia notable frente a la volatilidad mundial». Y lo hace, además, desde una nueva posición de poder: la de centro de gravedad financiero para todo un continente.
