Pape Thiaw paga el precio del desplome de Senegal

 

Rue20 Español/Rabat

La gesta de los Leones de la Teranga, que durante gran parte del encuentro ante Bélgica acariciaron los octavos de final del Mundial de 2026, se ha convertido en la peor pesadilla del fútbol senegalés. El 3-2 en la prórroga no es solo una eliminación; es el colapso de un proyecto que, a ojos de la prensa y la afición, ha evidenciado carencias estructurales insalvables.

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Mientras Senegal se desangra en una crisis interna que amenaza con fracturar su vestuario, el fútbol marroquí se erige como el referente continental que los vecinos solo pueden contemplar con envidia.

El partido, que los senegaleses dominaban con una ventaja de dos goles a pocos minutos del final, se convirtió en un ejercicio de autodestrucción. La prensa de Dakar no ha dudado en señalar al seleccionador, Pape Thiaw, como el principal artífice del desastre. Le Soleil acuñó el término «coachmardesque» para calificar su gestión, mientras que L’Observateur sentenció con un lapidario «Pape, Ciao!» en su portada. Yoor-Yoor describió el encuentro como un «naufragio histórico» que no es obra de los jugadores, sino de «una gestión humana y táctica catastrófica» del técnico.

Walf Quotidien habla directamente de «una falta técnica de Pape Thiaw», y La Tribune no se anda con rodeos: «Un coaching minable elimina a Senegal». Incluso L’Enquête plantea la pregunta que ya está en boca de todos: «¿Hay que despedir a Pape Thiaw?».

Pero la crisis no se queda en los periódicos. El centrocampista del Villarreal, Pape Gueye, ha dinamitado cualquier atisbo de unidad. El jugador, que fue sustituido en el minuto 66 cuando su equipo ganaba 2-0, anunció en sus redes sociales que se toma un descanso de la selección mientras el actual cuerpo técnico permanezca al frente. «Vuelvo para comentarles algo sobre la eliminación… pero hoy quiero anunciar que, mientras siga este cuerpo técnico, me tomaré un descanso en la selección», escribió.

Una decisión que, según medios como Wiwsport, tiene su origen en la versión contradictoria ofrecida por el técnico sobre su cambio. Thiaw argumentó problemas físicos, pero Gueye lo desmintió: «Estaba bien físicamente. Nadie vino a preguntarme si estaba cansado o no». El enfado del jugador, que fue uno de los destacados del torneo con dos goles, evidencia una fractura interna que la federación deberá gestionar si no quiere perder a una de sus figuras.

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El seleccionador belga, Rudi Garcia, ya había anticipado el desenlace. «Conocemos a equipos como este; pierden su estructura táctica hacia el final del partido», declaró tras el encuentro, señalando la fragilidad mental de un equipo que, en lugar de gestionar la ventaja, se vino abajo. Sus palabras, lejos de ser una provocación, se han convertido en un diagnóstico certero de los males senegaleses.

Lo más insólito de esta debacle es que Pape Thiaw afrontó el Mundial sin contrato en vigor. Su vinculación expiró el pasado 28 de febrero y la federación no ha oficializado ninguna renovación, una muestra más de la desorganización que envuelve al fútbol senegalés. A ello se suman los problemas con las primas económicas de los jugadores, un polvorín que ha estallado en el peor momento posible.

Para Rabat, esta crisis no es sino el reflejo de un espejo roto. Mientras Marruecos ha demostrado en los últimos años que la planificación, el trabajo serio y la apuesta por el talento nacional rinden frutos, Senegal se hunde en la improvisación y el caos institucional. Los Leones del Atlas, con su histórico papel en Catar 2022, marcaron el camino que los Leones de la Teranga, anclados en viejas disputas y carencias tácticas, parecen no querer o no poder seguir. La CAN que Marruecos organizó y ganó, y que la CAF reasignó a los marroquíes tras la descalificación de Senegal, es otro capítulo de esta historia de contrastes.

El futuro de Pape Thiaw es una incógnita, pero todo apunta a que su ciclo ha terminado. La pregunta que sobrevuela Dakar es si la federación tendrá la valentía de cortar por lo sano o si, por el contrario, permitirá que la hemorragia continúe. Mientras tanto, Marruecos mira con atención, consciente de que el fútbol africano no perdona las debilidades y que el verdadero liderazgo se demuestra en los momentos de dificultad, no en las victorias efímeras.

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