Rue20 Español/ Ciudad de Mexico
Por Moisés Amselem Elbaz*
La reciente votación en el Consejo de Seguridad de la ONU a finales de octubre no fue un mero trámite diplomático. Representa un movimiento calculado por parte de China para asegurar sus intereses en África. Y en el centro de esta estrategia se encuentra Marruecos, no como un simple intermediario, sino como el director estratégico y regulador de las inversiones extranjeras en la región.
El reciente fortalecimiento de la asociación estratégica entre ambos países —evidenciado con el apoyo político de China al Plan de Autonomía marroquí para el Sáhara Occidental mediante su abstención en una votación clave de la ONU— refleja una sintonía geopolítica madura y de largo alcance. Este respaldo no es gratuito: se enmarca dentro de un reconocimiento mutuo de intereses estratégicos, donde Marruecos respalda el principio de «Una sola China» y, a cambio, China reconoce y facilita el liderazgo regional marroquí.
Pero Marruecos ya no es solo una «puerta de entrada» a África. Es un gestor activo, soberano y técnicamente capacitado de los flujos de capital chino hacia el continente. Gracias a su estabilidad política, su ubicación geoestratégica y —sobre todo— su sofisticado sistema financiero, el Reino se consolida como el orquestador de las inversiones extranjeras, no solo como receptor.
Los bancos marroquíes, con amplia experiencia en operaciones transnacionales y un profundo conocimiento de los mercados africanos, actúan como filtros y amplificadores de los capitales orientales. Gestionan, dirigen y multiplican las inversiones bajo criterios locales de rentabilidad, seguridad y alineación con las prioridades nacionales y regionales.
Los lazos comerciales ya no se limitan a la extracción de recursos o la transferencia tecnológica. Se expanden hacia sectores claves como:
– Energías renovables, especialmente hidrógeno verde, donde Marruecos aspira a convertirse en exportador global.
– Fosfatos, recurso vital para la seguridad alimentaria china, del cual Marruecos controla cerca del 70% de las reservas mundiales.
– Infraestructura crítica, con proyectos emblemáticos como los estadios y sistemas de transporte para la Copa Africana de Naciones 2025 y el Mundial 2030.
Se proyecta que las inversiones chinas superen los 10.000 millones de dólares en los próximos años, pero serán inversiones canalizadas, administradas y —en muchos casos— co-dirigidas por entidades marroquíes.
Hacia 2050, esta alianza podría redefinir no solo el mapa económico de África, sino también sus arquitecturas financieras y logísticas. Marruecos no solo facilita el acceso de China al mercado africano: lo regula, lo protege y lo hace sostenible.
La votación de octubre en el Consejo de Seguridad es solo un paso más en esta relación de confianza estratégica. A cambio de su apoyo, Marruecos ofrece a China algo que ningún otro país africano puede: una plataforma financiera segura, estable y con influencia regional.
En el futuro inmediato, veremos a Marruecos no como un socio más en la iniciativa de la Franja y la Ruta, sino como su gerente regional. Quien quiera invertir en África con el respaldo de Pekín, deberá hacerlo bajo el paraguas estratégico de Rabat.
*Moisés Amselem Elbaz es analista en geopolítica y estrategias de inversión internacional, con foco en relaciones África-Asia- Latam y dinámicas de cooperación Sur-Sur.
