Gaza, cuando la defensa propia apunta al recreo

Rue20 Español/ Madrid

Abdelhamid Beyuki*

 

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¡Atención, damas y caballeros del mundo civilizado! Pasen y vean el espectáculo político más grotesco y prolongado desde… bueno, desde 1948. Olviden los perpetradores de verdad: aquí todo empieza oficialmenteel 7 de octubre de 2023, cuando unos “terroristas” arruinaron la fiesta matando y secuestrando. El resto —75 años de expulsiones, asedios, bombardeos y masacres— son solo “antecedentes irrelevantes” en el guion occidental.

Y mientras Gaza se derrumba entre escombros y hambre —con más del 100 % de su población en inseguridad alimentaria y hospitales colapsando— el show continúa. El número más reciente: matar al mensajero. El corresponsal de Al Jazeera, Anas al-Sharif, junto con Mohammed Qreiqeh, Ibrahim Zaher, Mohammed Noufal y Moamen Aliwa, fue convertido en cadáver televisado frente al hospital Al Shifa. Un ataque “quirúrgico” que, por casualidad, destroza la carpa de prensa y silencia voces incómodas.

Las últimas palabras de al-Sharif, lanzadas al vacío digital, son un epitafio para toda la profesión:

“Si estas palabras os alcanzan, sabed que Israel ha logrado matarme y silenciar mi voz.”

La ONU lo llama violación grave del derecho internacional. Qatar habla de crimen inimaginable. Israel sonríe para la foto. Occidente, entre tanto, ensaya su libreto de condolencias y “preocupación” mientras financia otra función.

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Por si alguien lo olvidó: la guerra en Gaza ya es la más mortífera para periodistas en la historia moderna: más de 230 muertos desde octubre de 2023. Un promedio de trece periodistas al mes. El periodismo se ha vuelto un oficio suicida cuando se trata de cubrir la carnicería palestina.

Así que ahí lo tienen: la historia que nunca empieza en 1948, la defensa propia que siempre mata más niños que soldados, y ahora la versión premium del espectáculo: liquidar a quienes cuentan la verdad. Porque en este circo, donde el amo de pista ordena “¡Arde, que se vea!”, la prensa libre no es testigo… es combustible.

Y cuando todo termine —si es que alguna vez termina— quedarán las ruinas, las fosas y las crónicas interrumpidas en mitad de una frase. Entonces, quizás, algún juez de toga planchada leerá las pruebas, asentirá grave… y archivará el caso. Porque en este circo, damas y caballeros, el último truco siempre es desaparecer al culpable.

Y así, entre los escombros, queda una última coincidencia digna de museo: Guernica y Gaza empiezan por la misma letra. La primera fue arrasada por los nazis; la segunda, por quienes, tras sobrevivir a los nazis, fundaron su Estado a golpe de bala y fuego. Historia en forma de círculo… pero de los que se cierran con bombas.

* Escritor e hispanista marroquí.

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