Rue20 Español/Rabat
La detención arbitraria de Boualem Sansal, encarcelado en Argelia desde hace más de tres meses, ha encendido las alarmas en Francia. En una misiva publicada en Le Figaro, intelectuales y políticos han exigido a Emmanuel Macron que abandone su actitud complaciente con el régimen argelino y utilice los recursos a su disposición para obtener la liberación de un escritor cuyo único «delito» es haber defendido la libertad de pensamiento y la verdad histórica. “Se trata del secuestro arbitrario de un hombre (…) cuyo único error ha sido escribir en francés, publicar en Francia y alertar sobre los riesgos de un colapso como el que sufrió Argelia durante la guerra civil”.
A sus 80 años, Sansal es un novelista de renombre y una de las voces más críticas contra el autoritarismo militar argelino, un régimen que lo considera un enemigo del Estado por sus posturas sobre el terrorismo islamista y la corrupción endémica del país. Su detención en el aeropuerto de Argel no responde a ningún procedimiento legal legítimo, sino a la brutalidad de un poder que desprecia la libertad de expresión. “La justicia es independiente y no queda más que esperar una condena: una condena por hechos gravísimos e inventados, castigados con la pena de muerte”. El gobierno argelino ya ha demostrado que no duda en utilizar su aparato judicial para silenciar a voces disidentes. Como recuerda la carta, Sansal no es un caso aislado: caricaturistas, periodistas y activistas han sido encarcelados bajo pretextos similares, en procesos donde las condenas son dictadas de antemano.
El silencio de Francia frente a esta situación es tan alarmante como la detención misma. La carta pone el foco en la indiferencia del gobierno de Macron, que no ha actuado con la firmeza que se espera de un Estado que proclama la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión. Sansal es ciudadano francés, y “tiene derecho, como cualquier otro ciudadano, a la protección de las autoridades francesas. Si no es así, ¿qué valor tiene la naturalización si no garantiza la misma protección en caso de peligro?”. La pregunta no es retórica. Francia ha actuado con rapidez y contundencia en casos similares cuando el detenido no estaba en Argelia, lo que sugiere que la relación entre ambos países sigue estando marcada por una diplomacia de la sumisión.
Macron tiene herramientas concretas para ejercer presión sobre Argelia. La misiva le recuerda que puede denunciar el acuerdo de 1968, que otorga a los argelinos un régimen de visados más favorable que el de otros países del Magreb, así como revisar los acuerdos que permiten la entrada sin restricciones de portadores de pasaportes diplomáticos argelinos. En lugar de estas medidas, el gobierno francés se ha limitado a la discreción y a esperar. “Cuando algunos responsables piden a nuestro comité que sea ‘discreto’, mientras nuestro amigo gravemente enfermo sufre en su cuerpo y en su espíritu, nos quedamos atónitos. Peor aún, cuando algunos nos explican que ‘en realidad se lo ha buscado’, nos sentimos indignados”.
La detención de Sansal es un reflejo de la «renta memorística» que el régimen argelino ha sabido explotar a su favor. Desde hace décadas, el poder militar argelino ha utilizado el pasado colonial como un arma de presión constante sobre Francia. La carta advierte que con Sansal se está librando una nueva batalla en esta guerra de presión y chantaje: “¿Si Boualem Sansal ha perdido su libertad, es porque no nos arrepentimos lo suficiente de nuestra historia común con Argelia? ¿O porque estamos siendo sometidos a una prueba por un régimen decidido a obligarnos a renegar de nosotros mismos?”.
El presidente argelino Abdelmayid Tebboune ha sido claro en su postura beligerante hacia Francia. En una reciente entrevista, lanzó una advertencia a Macron contra cualquier acercamiento con Marruecos, como si tuviera derecho a dictar la política exterior francesa. Para los firmantes de la misiva, “lo irreparable sería la encarcelación sin fin de Boualem Sansal, o peor aún, su muerte”.
El caso Sansal es un asunto diplomático y una prueba de fuego para Francia y para la credibilidad de su política exterior. Si Macron cede al silencio y a la prudencia diplomática, enviará un mensaje devastador: Francia puede mirar hacia otro lado mientras uno de sus ciudadanos es secuestrado por un régimen autoritario. Sansal, además de estar encarcelado, está gravemente enfermo, y cada día en prisión lo acerca más a un desenlace trágico. El régimen argelino lo sabe y apuesta por la indiferencia internacional para prolongar su agonía.
La misiva es clara: “Usted tiene en sus manos muchos resortes que pueden ser utilizados para reequilibrar la relación franco-argelina y para que, en la relación de fuerza que ha querido imponer Argelia, Francia defienda sus valores y sus intereses vitales tanto económicos como políticos”. La cuestión ahora es si Macron está dispuesto a utilizarlos o si seguirá permitiendo que Francia continúe siendo rehén de un régimen que no respeta ni la soberanía francesa ni los principios que dice defender.
