Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
El expresidente español siembra la polémica a 24 horas de la semifinal del Mundial mientras el PP se niega a desautorizarle y el Gobierno de Sánchez le acusa de «racista» y «xenófobo».
La previa de la semifinal del Mundial entre España y Francia ha quedado completamente eclipsada por una tormenta política de dimensiones internacionales. El expresidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha provocado un auténtico conflicto diplomático con el país vecino al afirmar en una columna de opinión que la selección francesa «tiene un altísimo nivel, eso sí, sin franceses».
La frase, publicada en el diario conservador El Debate tras la clasificación de España, ha desatado una oleada de condenas que atraviesa todo el arco político francés y que ha obligado a los gobiernos de Madrid y París a exigir una rectificación que, de momento, no llega.
Rechazo unánime en Francia, incluida la ultraderecha
La indignación en Francia ha sido tan transversal que hasta el partido ultraderechista Reagrupamiento Nacional, liderado por Marine Le Pen, ha calificado al expresidente español de «racista». «El señor Rajoy es un racista. Es lamentable», sentenció Julien Odoul, portavoz de la formación. Una condena que el ministro de Derechos Sociales español, Pablo Bustinduy, resumió con crudeza: «Cómo será la cosa que ha salido la extrema derecha francesa a llamar racista a Rajoy. ¡Qué bochorno! ¡Qué vergüenza para España!».
El ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, calificó las declaraciones de «absolutamente inaceptables» y subrayó que «no reflejan en absoluto lo que es Francia». «Francia es un país de diversidad, donde todo el mundo puede desarrollarse y encontrar su lugar», añadió, confesando que declaraciones como estas le producen «desolación».
El ministro de Exteriores galo, Jean-Noël Barrot, fue aún más contundente al afirmar que «Francia no tiene color de piel» y que cualquier afirmación en sentido contrario es «una estupidez, racismo o una combinación de ambas cosas». «Estas declaraciones son abyectas y demuestran un gran desconocimiento de la historia de Francia, de lo que es Francia y del orgullo de los franceses por su selección nacional», señalaron fuentes del Ejecutivo de Emmanuel Macron.
El líder del Partido Socialista francés, Olivier Faure, defendió que «la selección de Francia está formada únicamente por franceses» y recordó que «Francia no es una nación étnica. No tiene un color de piel ni una religión. Es una nación política unida en torno al lema de la República».
La afirmación de Rajoy contrasta frontalmente con los datos: de los 26 futbolistas convocados por el seleccionador Didier Deschamps, únicamente tres nacieron fuera de Francia: Michael Olise (Inglaterra), Marcus Thuram (Italia) y Brice Samba (antigua República del Congo). El resto nació en territorio francés, aunque muchos son hijos o nietos de inmigrantes.
La polémica ha reabierto un debate recurrente en Francia sobre inmigración e identidad nacional que cobró especial fuerza tras la victoria de la selección gala en el Mundial de 1998, cuando la extrema derecha cuestionó que aquel equipo representara a la «verdadera» Francia por el origen familiar de varios de sus jugadores. Un debate que, como han recordado varios medios franceses, avivó en su día el ya fallecido líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen y fundador del Frente Nacional, hoy Reagrupamiento Nacional.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha acusado a Rajoy de «avergonzar» a España con declaraciones «xenófobas». «Hay quien todavía mide la pertenencia por el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel. Otros la medimos por el arraigo a un país y la voluntad de contribuir a él», escribió Sánchez en su perfil de X, para añadir: «Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo».
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha exigido al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que «desautorice» públicamente a Rajoy. Albares calificó el mensaje del expresidente de «racista y xenófobo» y «absolutamente inaceptable», y no descartó que el Ejecutivo explore posibles acciones legales por si hubiera delito de odio: «Esa frase encubre algo terrible».
La ministra portavoz, Elma Saiz, ha lamentado que las declaraciones de Rajoy hayan metido a España en un «lío diplomático» y en un «pequeño conflicto internacional». «Cuando el PP se quita la careta aflora ese racismo», sentenció.
Lejos de rectificar, Rajoy ha dicho a su entorno que no se va a poner «al nivel de ciertos miembros del Gobierno español». Y el PP, en lugar de desautorizar a su expresidente, ha optado por minimizar la polémica. El portavoz nacional de los populares, Borja Sémper, ha defendido que las palabras de Rajoy eran parte de una columna «sarcástica» escrita «sin mala intención». Sémper aseguró que los comentarios eran «a favor de España» y que no se les debía dar «otra interpretación».
Sin embargo, el debate de fondo persiste: si, aunque sea en tono de broma, un expresidente del Gobierno está alimentando un discurso racista que cuestiona la pertenencia nacional de quienes tienen origen familiar inmigrante. En España, las redes sociales ya han comenzado a establecer paralelismos con los cuestionamientos que han sufrido jugadores como Lamine Yamal o Nico Williams, ambos nacidos en España pero de familias africanas.
La polémica llega en un momento especialmente sensible para la política española. El Partido Popular ha endurecido notablemente su discurso migratorio en los últimos meses, aceptando en varias comunidades autónomas la «prioridad nacional» exigida por Vox. Alberto Núñez Feijóo ha asumido este concepto, que busca favorecer a los ciudadanos españoles en el acceso a recursos públicos frente a la población extranjera, un giro que ha sido interpretado como un intento de no ser desbordado por la ultraderecha.
Rajoy y su antecesor José María Aznar siguen siendo referentes influyentes dentro del PP, y sus posiciones sobre identidad e inmigración continúan marcando el debate interno de la formación conservadora.
El ministro Albares ha ido más allá y ha vinculado esta polémica con el bloqueo por parte de PP y Vox del Tratado de Amistad y Cooperación con Francia. «Están saboteando con un absurdo recurso de inconstitucionalidad que solamente está en su mente el Tratado de Amistad y Cooperación con Francia; hacen declaraciones peligrosísimas, hirientes, hacia la selección francesa de fútbol; se posicionan claramente como un partido antifrancés contra Francia», denunció.
Albares ha reclamado a Feijóo que «deje de intentar incendiar, boicotear y torpedear la extraordinaria política exterior que tiene España» y que «deje de intentar sabotear las relaciones estrechas de amistad» con países como Francia o Marruecos. El ministro recordó que el idioma que todo el mundo debe entender «es el idioma de la vecindad, es el idioma de la amistad, es el idioma de los grandes socios, como son Francia, como Marruecos, como es Argelia, como los pueblos hermanos, como es México».
El presidente Pedro Sánchez viaja este mismo martes a París para asistir a los actos del 14 de julio, una visita oficial que busca escenificar la buena relación entre ambos gobiernos y contrarrestar el daño diplomático causado por las declaraciones de Rajoy. Una imagen que contrasta con la del PP, al que Albares ha acusado de «perjudicar las relaciones con Francia, Marruecos y México».
Mientras el balón rueda en el césped del AT&T Stadium de Arlington, la política sigue marcando el pulso de un duelo que trasciende lo deportivo. Rajoy, que lideró el gobierno español entre 2011 y 2018, ha demostrado que, incluso fuera del poder, sus palabras pueden desatar tempestades diplomáticas de gran calado. Y el Partido Popular, atrapado entre la lealtad a sus referentes históricos y la necesidad de no alimentar un discurso que cada vez más sectores califican de racista, ha optado por el silencio y la coartada del sarcasmo. Una estrategia que, a juzgar por las reacciones en París y en La Moncloa, amenaza con pasarle una factura muy elevada.
