La futura red eléctrica Sur-Centro de Marruecos comienza a tomar forma

 

Rue20 Español/Rabat

La Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable (ONEE) ha puesto en marcha los trabajos de caracterización de suelos para el corredor de muy alta tensión que recorrerá 1.440 kilómetros desde Oued Lakraa hasta Médiouna, una infraestructura llamada a convertirse en la columna vertebral del sistema eléctrico nacional y en el mayor proyecto de transporte de energía de la historia del Reino, según varias fuentes.

La transición energética marroquí no es una promesa de futuro: es una realidad que se escribe cada día sobre el terreno. Y pocos proyectos encarnan con tanta claridad esta determinación como la futura conexión eléctrica Sur-Centro, una infraestructura de corriente continua de muy alta tensión (HVDC) dimensionada para transportar 3 gigavatios (GW) de electricidad a lo largo de aproximadamente 1.440 kilómetros. La ONEE, fiel a su papel de brazo ejecutor de la estrategia energética del Reino, acaba de activar el programa de estudios geotécnicos que permitirá conocer al detalle la naturaleza de los suelos que acogerán esta colosal «autopista eléctrica».

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Se trata del eslabón previo e indispensable para cualquier obra de esta envergadura. Antes de que los primeros pilares se alcen sobre el territorio nacional, antes de que las estaciones de conversión empiecen a tomar forma, es necesario sondear el terreno, palpar su consistencia, anticipar sus reacciones. «Esta etapa, previa a cualquier concepción de obra, debe permitir objetivar la naturaleza de los terrenos», subrayan desde la ONEE. Y no es para menos: estamos ante un trazado que atraviesa paisajes tan diversos como las llanuras del sur, el Anti-Atlas, las mesetas y las llanuras atlánticas, una heterogeneidad geológica que exige un conocimiento milimétrico antes de cualquier decisión de ingeniería.

El programa de estudios, supervisado por la Dirección de Enlace en Corriente Continua e Interconexiones Internacionales de la ONEE, se articula en dos fases claramente diferenciadas. La primera se centrará en las dos estaciones de conversión que marcarán los extremos de la conexión: Oued Lakraa, en el sur, y Médiouna, en las afueras de Casablanca. Cada una de estas instalaciones ocupará una superficie de aproximadamente 18 hectáreas, y los trabajos en ambos puntos deberán completarse en un plazo de un mes.

La segunda fase, más ambiciosa en extensión, abarcará el propio corredor eléctrico, dividido en tres grandes tramos: Oued Lakraa – Tan-Tan (unos 550 kilómetros), Tan-Tan – Marrakech (576 kilómetros) y Marrakech – Médiouna (312 kilómetros). El conjunto de estas investigaciones sobre el terreno tendrá un plazo de ejecución de cuatro meses. En total, se prevé la realización de un mínimo de diez sondeos por cada estación de conversión y al menos un sondeo cada cinco kilómetros a lo largo de los tres tramos de la línea, un despliegue técnico que garantizará una caracterización exhaustiva del territorio.

Pero, ¿qué se busca exactamente en este reconocimiento del terreno? Los equipos técnicos, que deberán contar con ingenieros geotécnicos con al menos cinco años de experiencia en líneas aéreas de alta tensión, medirán parámetros esenciales como la cohesión del suelo, el ángulo de rozamiento interno, el peso volumétrico y la resistividad eléctrica. No se trata solo de un catálogo de datos: el estudio debe identificar de manera preventiva las zonas susceptibles de presentar riesgos de asentamiento, deslizamiento de tierras, socavación o erosión.

El pliego de condiciones, que fija el monto del depósito provisional en 50.000 dirhams sin impuestos, exige a las empresas candidatas contar con certificaciones BTP EG4 y EG2 en vigor, que acrediten competencias en estudios geotécnicos para líneas de transporte de energía eléctrica realizados en los últimos diez años. La apertura pública de las ofertas está prevista para el 29 de julio de 2026 en la sede de la Dirección de Abastecimientos y Mercados de la ONEE en Casablanca.

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La conexión Oued Lakraa – Médiouna no es un proyecto aislado. Es la pieza central de una estrategia nacional que mira hacia el futuro con la ambición que caracteriza al Reino. Está diseñada para evacuar la electricidad generada por los ingentes proyectos eólicos y solares que se concentran en las provincias del sur, llevándola hasta los grandes centros de consumo del centro y del norte. Pero su importancia va más allá del transporte de energía.

Como recordaba la Nota de encuadre del Proyecto de Presupuesto 2025, esta infraestructura de 3 GW es estratégica también para la alimentación de las estaciones de desalación de agua de mar, un pilar fundamental de la política hídrica marroquí. El consorcio adjudicatario, compuesto por el Fondo Mohammed VI para la Inversión, Taqa Morocco y Nareva, no solo construirá la línea, sino que desarrollará conjuntamente proyectos energéticos e hídricos complementarios. Entre ellos, la construcción de centrales de ciclo combinado de unos 1.500 MW en Tahaddart, el desarrollo de 1.200 MW adicionales de energías renovables, y la puesta en marcha de infraestructuras de transferencia de agua y plantas de desalación que sumarán 900 millones de metros cúbicos anuales.

El proyecto se desplegará en dos fases operativas: la primera, con una capacidad de 1.500 megavatios (MW), debería estar en servicio en 2026, mientras que la segunda, con la misma capacidad, se activaría en 2028. Este enfoque gradual permite al Reino ir ganando capacidad de transporte a medida que maduran los proyectos de generación renovable en el sur, optimizando inversiones y asegurando una integración progresiva y estable de la nueva potencia en la red nacional.

El pasado mes de agosto, la ONEE dio un paso complementario al confiar a la firma Novec, filial del grupo CDG, la realización de los estudios de impacto ambiental y social del proyecto. La compañía se impuso a sus tres competidores (GCIM, Phenixa y Hydraumet) y se encargará de analizar el corredor en su totalidad, incluyendo las estaciones de conversión y los tres tramos de la línea.

Cuando los primeros estudios geotécnicos arranquen sobre el terreno, cuando las sondas penetren en la tierra de las provincias del sur y del centro, Marruecos estará dando un paso más en la construcción de su soberanía energética. La «autopista eléctrica» de 1.440 kilómetros no es solo un cable: es la arteria que permitirá que la energía limpia generada en el sur alimente los hogares, las industrias y los campos del norte. Es la conexión física que convierte la apuesta por las renovables en una realidad tangible y cotidiana.

Como han señalado desde la ONEE, «esta futura infraestructura debería permitir la evacuación de las energías renovables del Sur hacia el Centro y asegurar aún más el abastecimiento de energía eléctrica de las provincias de la región». La fase geotécnica que ahora se inicia, aunque invisible para el gran público, es el cimiento sobre el que se levantará esta obra colosal. Un cimiento que, como todo lo que construye Marruecos, está llamado a ser sólido, duradero y, sobre todo, al servicio del desarrollo de todo el Reino.

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