Rue20 Español/Rabat
Mientras Madrid y Ávila arden y el Gobierno de Sánchez solicita ayuda a la UE, Rabat —que ya ha asistido a Portugal en tres ocasiones— permanece como un aliado silencioso al que nadie ha llamado.
Como ha señalado el periodista J.M. Zuloaga en el diario La Razón, la pregunta que flota en los corredores diplomáticos es obligada: ¿por qué Pedro Sánchez no recurre a un país aliado que ya ha demostrado su fiabilidad?
Los incendios forestales que asolan la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila han llevado al Gobierno español a declarar la emergencia nacional y a movilizar un millar de militares, además de efectivos de otras comunidades autónomas. La magnitud de las llamas, que han obligado a evacuar a más de 20.000 personas, ha superado la capacidad de respuesta de los medios nacionales. España ha activado el Mecanismo Europeo de Protección Civil y recibirá cuatro aviones Canadair procedentes de Grecia e Italia.
Sin embargo, la cuestión planteada por Zuloaga adquiere cada vez más peso entre los expertos en protección civil: ¿por qué no se ha solicitado la ayuda de Marruecos, un país que cuenta con una de las flotas de aviones anfibios más modernas del norte de África y que ya ha demostrado su capacidad de respuesta inmediata en situaciones similares?
Marruecos posee actualmente ocho aeronaves Canadair especializadas en la extinción de incendios forestales: cinco CL-415 y tres unidades modernizadas CL-415EAF. A estas se suman ocho aviones más pequeños Turbo Thrush, diseñados para intervenir en incendios de menor tamaño en zonas montañosas. El Reino es el único país africano que opera el modelo CL-415, un avión anfibio de fabricación canadiense reconocido mundialmente por su capacidad para volar a baja altitud, maniobrar en terrenos escarpados y realizar descargas de precisión en áreas de difícil acceso por tierra.
Pero la apuesta marroquí por la modernización no se detiene ahí. El país ha suscrito recientemente un acuerdo con Avincis y De Havilland Canada para el mantenimiento y suministro de aeronaves de extinción, lo que sitúa a Marruecos en la cadena global de suministro de estos aviones y garantiza que su flota permanezca operativa durante la crítica temporada estival. Además, según fuentes oficiales, Rabat ha incorporado herramientas de inteligencia artificial y datos satelitales de Estados Unidos para predecir incendios y posicionar sus aeronaves antes de que se produzcan las olas de calor. Las bases aéreas de Kenitra y Salé, junto con despliegues estacionales en otros aeródromos del norte, permiten que los Canadair marroquíes alcancen cualquier foco en las cordilleras del Atlas o el Rif en menos de treinta minutos.
Los resultados de esta estrategia son elocuentes. Pese a que el número de incendios en Marruecos ha aumentado un 32% respecto a la media anual anterior, la superficie quemada se ha reducido en casi un 30%, pasando de 2.660 a 1.850 hectáreas. Una eficacia que contrasta con la situación de Argelia, que solo dispone de dos aviones rusos Beriev Be-200 y sigue dependiendo del arrendamiento estacional de aeronaves extranjeras para hacer frente a incendios que en 2021 se cobraron 90 vidas.
El precedente más inmediato de la eficacia y generosidad marroquí se produjo en agosto de 2025. Portugal, afectado por una oleada de incendios rurales y con dos de sus Canadair alquilados fuera de servicio por averías, activó el mecanismo de cooperación bilateral en protección civil con el Reino de Marruecos. La respuesta de Rabat fue inmediata: dos aeronaves Canadair llegaron a territorio portugués el mismo día y se integraron en el Dispositivo Especial de Combate a Incendios Rurales (DECIR).
No era la primera vez que Marruecos tendía la mano a su vecino ibérico. Las Fuerzas Aéreas Reales marroquíes ya habían intervenido en Portugal en 2016 y 2017, acumulando alrededor de 70 salidas y 230 horas de vuelo en aquellas misiones. Como destacó entonces el Ministerio de Administración Interna portugués, «el Reino de Marruecos respondió prontamente», un gesto de solidaridad que las autoridades lusas agradecieron explícitamente.
España y Marruecos mantienen una relación estratégica creciente, plasmada en la firma de catorce acuerdos de cooperación en diciembre de 2025 y en una reunión de alto nivel que reforzó los lazos bilaterales. El Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación ha dado un giro sustancial a las relaciones entre ambos países. En materia de protección civil, existen mecanismos bilaterales que podrían activarse en situaciones de emergencia, como ya ha hecho Portugal.
Sin embargo, ante la peor crisis de incendios que ha sufrido España en años, el Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por solicitar ayuda exclusivamente a sus socios europeos. La Unión Europea ha respondido con el envío de cuatro aviones a través del mecanismo rescEU, pero la pregunta de Zuloaga persiste sin respuesta: ¿por qué no se ha recurrido a un aliado que ya ha demostrado su fiabilidad y capacidad operativa?
Algunas fuentes apuntan a que la decisión responde más a cálculos políticos que a criterios operativos. La dimensión de los incendios —declarados de interés nacional por su rápida propagación y la simultaneidad de varios frentes— justificaría cualquier tipo de ayuda, venga de donde venga. Máxime cuando Marruecos ha mostrado en repetidas ocasiones su disposición a colaborar más allá de sus fronteras, tal como recordaba recientemente el rotativo madrileño.
La cooperación en emergencias no solo salva vidas y protege el patrimonio natural; también construye confianza entre naciones vecinas. Marruecos ha demostrado sobradamente que cuenta con los medios técnicos, la capacidad operativa y la voluntad política para asistir a sus aliados en momentos críticos. Su flota de Canadair modernizada, su sistema de predicción basado en inteligencia artificial y su experiencia en misiones internacionales lo convierten en un socio de primer orden en la lucha contra los incendios forestales en la cuenca mediterránea.
Que España no haya solicitado aún esa ayuda es, cuanto menos, una oportunidad perdida. Los incendios no entienden de fronteras ni de cálculos diplomáticos. Y Marruecos, como ya demostró con Portugal y como ha puesto de relieve la prensa española en las últimas horas, está dispuesto a tender la mano cuando sus vecinos la necesitan. Queda por ver si Madrid, en medio de las llamas, sabrá reconocer dónde está la ayuda más cercana y eficaz.
