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El astro brasileño señala el modelo marroquí como hoja de ruta para rescatar a la Canarinha de su crisis estructural
La eliminación de Brasil en los octavos de final del Mundial 2026 a manos de Noruega (2-1) no solo ha dejado un reguero de preguntas en el país pentacampeón, sino que ha abierto un debate profundo sobre el rumbo de su fútbol. En medio de la decepción, una voz autorizada ha alzado el tono: Ricardo Kaká, Balón de Oro en 2007, ha lanzado una advertencia seria sobre el estancamiento de la Canarinha y ha puesto a Marruecos como el espejo en el que debería mirarse.
Kaká, campeão do mundo com a Seleção Brasileira em 2002, explicou o que o Brasil precisa fazer para voltar a disputar uma final de Copa do Mundo. 🇧🇷🏆
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— ESPN Brasil (@ESPNBrasil) July 18, 2026
Para el exmediapunta, la clave no está en el talento individual, sino en la ausencia de un proyecto coherente. Brasil —sostiene— se está quedando atrás frente al progreso de selecciones estructuradas como la marroquí, que han entendido que el éxito duradero no se construye con ocurrencias ni con parches de última hora. Y el ejemplo más reciente y doloroso para los propios brasileños no podía ser más elocuente: el empate en el debut ante los Leones del Atlas ya fue un aviso que nadie supo leer a tiempo.
Lo que más impresiona a Kaká, según confesó en declaraciones a ESPN, es la coherencia de los resultados recientes de Marruecos. Su regularidad en 2022 —semifinalista en Qatar, algo inédito para un equipo africano— y su actuación en 2026, donde cayeron con honores ante Francia en cuartos de final, no son fruto de la casualidad.
«No conozco en detalle el proyecto de Marruecos, pero me parece que existe desde hace varios años. Fueron campeones del mundo sub-20, la selección sub-20 alimenta al equipo absoluto y, posteriormente, el entrenador de la sub-20 tomó las riendas de la selección nacional. Perdieron contra una Francia que era una de las favoritas, pero hicieron un excelente Mundial. De hecho, ya habían alcanzado las semifinales en la edición anterior. Son buenos ejemplos a seguir. También Francia y España. Si no me equivoco, unos veinte jugadores de la selección española que disputó la final olímpica contra Brasil forman hoy parte de la selección absoluta».
El análisis del brasileño pone el dedo en la llaga: la ausencia de reacciones impulsivas y cortoplacistas en Marruecos contrasta con la nerviosa inmediatez que domina el ecosistema futbolístico de su país. Mientras en Brasil se alternan ciclos de euforia y decepción sin un hilo conductor, los marroquíes han tejido un puente perfectamente construido entre sus categorías inferiores y la selección absoluta.
El ejemplo más claro de esa metodología es el de Mohamed Ouahbi. Nacido en Bélgica pero de raíces marroquíes, el técnico condujo a la selección sub-20 a su primer título mundial en Chile 2025, derrotando en la final a la poderosa Argentina por 2-0 con un doblete de Yassir Zabiri. Pocos meses después, en marzo de 2026, la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) le confió las riendas de la selección absoluta, relevando a Walid Regragui, el artífice de la gesta en Qatar.
Esa continuidad técnica y humana —un lujo que Brasil, con sus constantes cambios de rumbo, no puede permitirse— ha permitido a los Leones del Atlas mantener una identidad de juego reconocible y una progresión natural de sus talentos. No es casualidad que jugadores como Azzedine Ounahi, Soufiane Rahimi o el propio Zabiri hayan encontrado un ecosistema donde su desarrollo no se interrumpe ni se reinventa cada dos años.
Kaká, que aprendió la disciplina táctica en su etapa en el Milan de Carlo Ancelotti —curiosamente, el mismo técnico que hoy dirige a la Canarinha—, no propone una imitación servil del modelo marroquí, sino una inspiración en su seriedad estructural. El desafío para Brasil, explica el exjugador, es mayúsculo: combinar el rigor táctico y organizativo del proyecto marroquí con el talento natural y la creatividad desbordante que han definido el ADN del fútbol brasileño durante décadas.
No se trata de domesticar el jogo bonito, sino de darle un cimiento sólido sobre el que pueda florecer sin depender exclusivamente de la genialidad individual. La disciplina táctica, bien entendida, no es una camisa de fuerza: es la base que permite que la improvisación y la creatividad encuentren un escenario donde brillar con sentido.
Mientras Brasil llora su eliminación más temprana desde Italia 1990 y los aficionados exigen respuestas, Marruecos sigue avanzando con la convicción de quien ha entendido que el fútbol moderno no se gana solo con estrellas, sino con proyectos. Quizá, como sugiere Kaká, la lección para la pentacampeona esté en el país que hasta hace poco era considerado una promesa y que hoy es una realidad incontestable: los Leones del Atlas ya no rugen en el futuro; rugen en el presente.
