Rue20 Español/Rabat
La cumbre de Sierra Leona convierte el megaproyecto energético en el eje de la integración africana, dejando a Argelia sola en su carrera por el gas nigeriano.
Lo que comenzó hace casi una década como una visión compartida entre Su Majestad el Rey Mohammed VI y el entonces presidente nigeriano Muhammadu Buhari se ha convertido hoy en la mayor victoria diplomática y energética de Marruecos en el continente.
La Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) ha rubricado en Freetown el Acuerdo Intergubernamental que regula el desarrollo del Gasoducto Africano Atlántico (AAGP), una infraestructura de casi 6.800 kilómetros que transportará gas natural desde Nigeria hasta Marruecos para su conexión con la red europea.
Con esta firma, los trece Estados miembros de la CEDEAO se adhieren formalmente al proyecto, consolidando su base política e institucional y blindando la iniciativa frente a cualquier intento de boicot. El revés para el régimen argelino es mayúsculo: el sueño de Argel de erigirse como el único corredor energético hacia Europa se desvanece ante el empuje de una alianza atlántica que agrupa a una docena de países y a más de 400 millones de personas.
Con una inversión estimada en 25.000 millones de dólares, el gasoducto —también conocido como African Atlantic Gas Pipeline— discurrirá por la fachada atlántica africana con un trazado híbrido offshore-onshore, atravesando Benín, Togo, Ghana, Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Guinea, Guinea-Bisáu, Gambia, Senegal y Mauritania antes de llegar a Marruecos. Su capacidad máxima alcanzará los 30.000 millones de metros cúbicos anuales, de los cuales 15.000 millones se destinarán al abastecimiento del Reino y a las exportaciones hacia Europa.
La directora general de la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas (ONHYM), Amina Benkhadra, ha subrayado que los principales estudios técnicos, medioambientales y de ingeniería ya han concluido. «El proyecto no depende de una única decisión final de inversión global», explicó Benkhadra a Reuters, precisando que cada segmento está concebido como un «sistema autónomo» que permitirá una creación de valor progresiva desde las primeras fases. Las primeras entregas de gas están previstas para 2031.
Casablanca y Abuja, epicentros de la gobernanza
El acuerdo de Freetown despeja el camino para las siguientes fases del proyecto. Está prevista la creación de la sociedad del proyecto, cuya sede estará ubicada en Casablanca, bajo la forma de una empresa conjunta entre la ONHYM y la Nigerian National Petroleum Company Limited (NNPC), encargada de pilotar la ejecución, el financiamiento y la construcción. Paralelamente, se establecerá en Abuja la Autoridad Superior del Gasoducto, que reunirá a representantes ministeriales de los trece países participantes para garantizar la coordinación política y regulatoria.
La secuencia se completará con la firma conjunta de Marruecos y Mauritania —Estados no miembros de la CEDEAO— en una ceremonia posterior que contará con la presencia del presidente nigeriano Bola Ahmed Tinubu, quien ha renovado el apoyo de su país a esta iniciativa estratégica.
La adhesión de la CEDEAO al Gasoducto Atlántico supone un mazazo para las aspiraciones de Argelia, que durante años ha promovido el proyecto del gasoducto Transahariano como la ruta natural del gas nigeriano hacia Europa. Este competidor, que atraviesa Níger y Argelia, ha quedado lastrado por la inestabilidad política en la región del Sahel y por la falta de respaldo institucional de los países de África Occidental.
Mientras Argelia insiste en un corredor que depende de territorios volátiles y de una única salida al Mediterráneo, Marruecos ha tejido una alianza continental que integra a una docena de Estados en un proyecto de desarrollo compartido. El gasoducto nigeriano-marroquí no solo exporta gas: electrificará zonas rurales, impulsará la industrialización y valorizará los recursos naturales de toda la región. «Es un vector de integración para los trece países traversados, acelerando su acceso a la energía y estimulando su desarrollo industrial», ha insistido Benkhadra.
Más allá de su dimensión energética, esta infraestructura convierte a Marruecos en el puente natural entre África y Europa. El gasoducto se conectará al Gasoducto Magreb-Europa, que ya abastece de gas a España, aprovechando la infraestructura existente y la posición geoestratégica del Reino. En un contexto marcado por la crisis ucraniana y la reconfiguración de las rutas energéticas mundiales, Europa busca desesperadamente diversificar sus fuentes de suministro. Marruecos ofrece precisamente eso: estabilidad, previsibilidad y una alianza con trece países africanos.
El respaldo de la CEDEAO, sumado al apoyo explícito de instituciones como el Banco Africano de Desarrollo y el Fondo OPEP, confiere al proyecto una solidez institucional que el corredor argelino jamás ha logrado. La cumbre de Freetown no es solo un hito técnico: es la consagración de una visión panafricanista liderada por Marruecos, que coloca al Reino en el centro del tablero energético mundial mientras Argelia observa, desde la barrera, cómo su proyecto rival queda relegado al olvido.
El sueño de un África unida por la energía ya tiene nombre: Gasoducto Africano Atlántico. Y su epicentro está en Marruecos.
