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Meryem Ghoua
La hoja de ruta de Gran Canaria hacia el Mundial de 2030 ha sufrido su primer gran revés. La ambiciosa remodelación del Estadio de Gran Canaria, una de las sedes españolas previstas para albergar partidos del torneo, ha quedado en el aire después de que el concurso público para ejecutar las obras concluyera sin que ninguna empresa presentara una oferta. El contratiempo abre un nuevo frente para las autoridades insulares, obligadas ahora a encontrar una solución contrarreloj para cumplir con los exigentes plazos marcados por la FIFA.
La licitación, valorada en 174,7 millones de euros, expiró sin aspirantes, un hecho que refleja las dudas del sector de la construcción sobre la viabilidad económica del proyecto. Mientras desde el Cabildo de Gran Canaria insisten en que el calendario no corre peligro y aseguran que existe margen suficiente para entregar el estadio completamente renovado en 2029, las constructoras sostienen que el presupuesto previsto está muy por debajo del coste real de la obra.
Antonio Morales, presidente del Cabildo, trató de rebajar la preocupación asegurando que esta posibilidad ya estaba contemplada y que el procedimiento se inició con suficiente antelación para absorber posibles contratiempos administrativos. Según explicó, el objetivo continúa siendo cumplir con el compromiso adquirido ante la FIFA y mantener intacta la candidatura de Gran Canaria como sede del Mundial.
Sin embargo, la patronal de la construcción de la provincia ofrece una lectura muy distinta. La Asociación de Empresarios Constructores y Promotores considera que el presupuesto base se encuentra alrededor de un 40 % por debajo de los precios actuales del mercado, una diferencia que, sumada al incremento del coste de los materiales, las dificultades logísticas propias de una isla y el elevado riesgo que implica la ejecución del proyecto, ha terminado alejando a las empresas.
La reforma, conocida como ‘La Nube’, contempla una transformación integral del recinto. El proyecto incluye una cubierta de diseño singular inspirada en una rueda de bicicleta, una nueva fachada con elementos representativos de la cultura canaria y una completa reorganización de las instalaciones. Todo ello deberá ejecutarse sin interrumpir la actividad deportiva de la UD Las Palmas, un condicionante que incrementa notablemente la complejidad técnica y organizativa de las obras.
Ante la falta de ofertas, el Cabildo ha decidido recurrir al procedimiento negociado, una fórmula que permitirá abrir conversaciones directas con empresas constructoras para adaptar las condiciones del contrato dentro del marco legal y hacer el proyecto más atractivo para el sector privado.
El tiempo, no obstante, empieza a convertirse en el principal enemigo de la candidatura. La remodelación del Estadio de Gran Canaria es una condición indispensable para mantener su condición de sede del Mundial de 2030, por lo que cualquier retraso podría comprometer el calendario establecido por la FIFA.
Lo que hace apenas unas semanas se presentaba como uno de los grandes proyectos de modernización de la isla afronta ahora un escenario mucho más incierto. La capacidad del Cabildo para reconducir la situación y convencer a las constructoras será determinante para que Gran Canaria conserve intactas sus aspiraciones mundialistas y llegue a tiempo a la cita futbolística más importante del planeta.
