Rue20 Español/Houston
La pregunta ya no es si Marruecos puede. La pregunta es cuándo. Cuando el árbitro pitó el final en el NRG Stadium y el marcador quedó en 0-3 contra Canadá, no hubo euforia desbordada en el banquillo. Hubo una palmada de Mohamed Ouahbi, un abrazo entre jugadores y la sensación de que un club cerró una cuenta pendiente. Los Leones del Atlas habían vuelto a los cuartos de final de un Mundial. Y por segunda vez consecutiva. En el fútbol africano y árabe, eso no existía hasta ahora.
La cifra es tozuda. Camerún estuvo entre los ocho mejores del planeta en 1990. Senegal lo hizo en 2002. Ghana, en 2010. Tres selecciones, tres momentos brillantes, tres destellos que nunca se repitieron. Marruecos ha roto esa lógica de «una vez y nunca más». Primero en Catar 2022, donde llegó hasta semifinales y se quedó a un paso de la final. Ahora en Norteamérica, donde el camino ha sido más accidentado pero la meta es la misma.
El mérito de esta clasificación no reside solo en el dominio exhibido ante Canadá. Reside en cómo se llegó hasta aquí. El empate inaugural ante Brasil en Nueva Jersey (1-1) ya dejó claro que esta selección no viajaba a Estados Unidos, Canadá y México a completar una postal. La victoria 1-0 contra Escocia en Foxborough, con un gol de Ismael Saibari a los dos minutos, fue el primer paso. El cierre ante Haití en Atlanta, donde el equipo remontó un 1-2 adverso para firmar un 4-2 que consolidó el pase como segundo del Grupo C, mostró carácter. Y en Monterrey, contra Países Bajos, la tanda de penales (2-3) tras el empate 1-1 en los noventa minutos fue un examen de nervios que el equipo superó con la frialdad de quien ya ha estado ahí antes.
Saibari, por cierto, ha escrito su propia línea en los registros: es el primer futbolista africano en la historia en marcar en los tres encuentros de la fase de grupos de un mismo Mundial. Un hito que, curiosamente, ha pasado casi desapercibido en medio de la avalancha de récords que acumula esta selección.
Lo que distingue a esta generación no es solo el talento. Es la continuidad. Cuando Brahim Díaz, Ayyoub Bouaddi, Bilal El Khannouss y compañía saltan al campo, no lo hacen con la presión de quienes deben justificar una gesta anterior. Lo hacen con la naturalidad de quienes crecieron viendo a Hakimi, Ziyech y Amrabat en semifinales y asumieron que ese es el nivel mínimo exigible. La transición entre la generación de Catar 2022 y la actual no ha sido una ruptura; ha sido una ampliación.
El próximo 9 de julio, en Boston, los Leones del Atlas esperan al ganador del cruce entre Francia y Paraguay. Nadie en el vestuario marroquí se fija en el nombre del rival. Se fijan en el objetivo. Y es que, en el fútbol de Marruecos, lo extraordinario ya no es la excepción. Se ha convertido en la norma.
