Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
Un Lazo que Trasciende el Tiempo: La Ciudadanía como Reencuentro
Esta semana, el Gobierno marroquí presentó ante la Cámara de Representantes una petición legislativa que resonará en los anales de nuestra historia contemporánea: otorgar la ciudadanía a los hijos y nietos de emigrantes judíos marroquíes. Esta iniciativa, impulsada desde el Portal Nacional de Participación Ciudadana y fundamentada en principios constitucionales y directivas reales, no es un mero trámite administrativo. Es un acto de justicia histórica, un reencuentro con una parte inseparable del alma marroquí.
Marruecos: Un Tapiz Cultural Tejido con Hilos de Convivencia
Nuestra identidad nacional se forjó, desde hace más de doce siglos, en el crisol de civilizaciones que han habitado este suelo bendito. El Reino de Marruecos ha sido, y sigue siendo, un espacio donde la diversidad espiritual y cultural no solo se tolera, sino que se celebra como un pilar de la nación.
Una Historia Viva de Coexistencia: Durante siglos, las comunidades judía y musulmana marroquíes compartieron barrios (mellahs y medinas), mercados, lenguas (árabe y haketía) y tradiciones. Juntos contribuyeron al florecimiento comercial, intelectual y artístico del país.
La Protección del Trono: Un capítulo luminoso de nuestra historia lo escribió Su Majestad el Rey Mohammed V, quien, durante el protectorado, se negó rotundamente a entregar a sus súbditos judíos a las fuerzas de la ocupación. «No hay judíos en Marruecos, solo hay ciudadanos marroquíes», declaró, encarnando el principio sagrado de protección real sobre todos los ciudadanos.
El Lazo Espiritual: Esta conexión no es solo histórica, es también espiritual. Marruecos alberga santuarios y zawiyas de santos judíos (tzadikim) venerados por judíos y musulmanes por igual, como el de Rabbi Amram Ben Diwan en Uazzán, símbolo de un misticismo compartido.
La Iniciativa: Más que una Ley, un Acto de Amor y Pertenencia
La propuesta legislativa responde a una realidad humana: muchos descendientes de aquellos marroquíes judíos que emigraron, movidos por diversas circunstancias, han visto debilitado o perdido su vínculo jurídico con la patria de sus ancestros. Esta ley busca reparar esa desconexión.
1. Restituye un Derecho Fundamental: Garantiza que estas personas puedan disfrutar plenamente de su herencia jurídica y afectiva.
2. Refuerza la Integración: Facilita su reinserción en el tejido social, económico y cultural marroquí.
3. Manda un Mensaje Universal: Proclama que la identidad marroquí es inclusiva y se basa en la memoria compartida y el afecto, no en la exclusión.
Este paso es un reflejo fiel del lema nacional que late en el corazón de cada marroquí: «Dios – La Patria – El Rey». Un lema que articula nuestra esencia:
Dios, como faro de fe y moral.
La Patria, como tierra acogedora y plural.
El Rey, como símbolo de unidad, garantía de continuidad y protector de todos los componentes de la nación.
El Ejemplo Supremo: Su Majestad el Amir Al-Muminin
Como marroquíes, tenemos el deber y el honor de luchar cada día por una nación única, cohesionada y próspera. Y en este camino, el mejor ejemplo lo encarna Su Majestad el Rey Mohammed VI, Amir Al-Muminin (Comendador de los Fieles).
Su legitimidad histórica y espiritual se arraiga en su condición de descendiente directo del Profeta Muhammad (la paz sea con él), lo que confiere a su liderazgo una profundidad ética y un compromiso inquebrantable con la justicia y la moderación religiosa (wasatiyya). Como Presidente del Comité Al-Quds, defiende no solo los derechos del pueblo palestino, sino también el carácter sagrado y multi-confesional de Jerusalén, extendiendo su protección a todos los lugares santos, incluidas las sinagogas.
Bajo su sabia guía, Marruecos ha emprendido una restauración histórica de cementerios y sinagogas judías por todo el país, desde Fez hasta Casablanca, y ha integrado la herencia judía en los programas educativos. Esta iniciativa de ciudadanía es la continuación lógica y humana de este compromiso real.
Hacia un Futuro Anclado en Nuestra Grandeza Pasada
La propuesta para acoger de nuevo en la familia nacional a los descendientes de los judíos marroquíes es mucho más que una ley. Es un acto político inspirado en la auténtica tradición marroquí. Es recordar al mundo que nuestro país es un faro de convivencia, donde el amor y el cariño hacia los ciudadanos —y hacia quienes llevan Marruecos en su sangre— son la base de la acción de Estado.
Es un recordatorio de que, en Marruecos, la historia no es un museo, sino un proyecto vivo de futuro. Un futuro que, fiel a nuestro pasado milenario, se construye bajo el trípode inquebrantable de Dios, la Patria y el Rey.
