Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
La escena en la sede de la Unión Africana era de contundencia diplomática. Este miércoles, el Reino de Marruecos fue reelegido por tercera vez en nueve años como miembro del Consejo de Paz y Seguridad (CPS), el órgano ejecutivo más crucial de la arquitectura de seguridad continental. La victoria, lograda en la primera vuelta y con el respaldo de 34 votos—más de los dos tercios requeridos— durante la 48ª sesión del Consejo Ejecutivo, trasciende un mero trámite protocolario. Es la ratificación de una trayectoria.
No es un voto a la suerte, sino un reconocimiento calculado. La reelección consolida a Marruecos como un pilar indispensable en la gestión de crisis y la promoción de la estabilidad en África, un rol construido metódicamente bajo el liderazgo del Rey Mohammed VI desde el regreso del Reino a la Unión Africana en 2017.
El reconocimiento explícito
Tras conocerse los resultados, el Ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, fue claro en su valoración: “Esta elección constituye un fuerte reconocimiento del papel de Su Majestad el Rey Mohammed VI en el mantenimiento de la paz y la estabilidad en África”. En sus declaraciones a la prensa, Bourita desglosó el significado del voto mayoritario: es un endoso a la visión marroquí de una “África estable”, basada en el “planteamiento racional, el respeto del derecho internacional y la búsqueda de soluciones pacíficas”.
Claves del éxito marroquí en el CPS:
Liderazgo real: El papel personal del Rey Mohammed VI como actor de paz es reconocido como un activo continental.
Filosofía integral: Marruecos vincula inseparablemente la seguridad con el desarrollo, rechazando enfoques puramente militares.
Experiencia probada: Esta es su tercera elección al CPS desde 2017, demostrando una contribución constante y valorada.
Enfoque práctico: Prioriza la mediación, la prevención y el acercamiento de posturas sobre la confrontación.
Una visión que fructifica: paz y desarrollo, binomio indisoluble
El núcleo de la doctrina marroquí, impulsada desde el trono, es una convicción profunda: no puede haber paz duradera sin desarrollo, ni desarrollo verdadero sin estabilidad. Esta filosofía ha moldeado un enfoque de seguridad único en el continente, que combina la participación en misiones de paz de la ONU, la mediación diplomática en conflictos latentes y la promoción de grandes iniciativas de desarrollo e infraestructura que actúan como antídotos contra la inestabilidad.
“El CPS es el corazón de la seguridad africana. Que Marruecos sea reelegido sucesivamente significa que sus pares confían en su juicio, en su experiencia y en su capacidad para aportar soluciones prácticas”, analiza un diplomático africano presente en la votación, quien prefirió no ser identificado.
De la acumulación de experiencia a la ampliación de responsabilidades
“Gracias a su experiencia adquirida durante sus anteriores mandatos, Marruecos está hoy en condiciones de reforzar su acción y contribuir positivamente a la seguridad y la estabilidad de África”, afirmó Bourita. El mensaje es claro: el Reino no llega a este nuevo mandato (2026-2028) para aprender, sino para potenciar.
Llega con una hoja de ruta centrada en la prevención, la resolución pacífica de controversias y el fortalecimiento de las capacidades institucionales africanas. Llega, sobre todo, con la credibilidad de quien ha convertido su estabilidad interna y su crecimiento económico en una plataforma desde la cual proyectar seguridad y cooperación.
En un continente que enfrenta desafíos de seguridad complejos y multifacéticos, la elección de Marruecos es un voto de confianza en el pragmatismo, la constancia y una visión de futuro. No es solo un asiento en un consejo; es un reconocimiento a un modelo de Estado que ha entendido que la mayor contribución a la paz africana es construir, desde casa, un ejemplo de lo que es posible.
*Colaborador.
