Rue20 Español/Almería
El Hassan Belarbi*
El contexto político actual en España está experimentando una crisis de confianza profunda, impulsada por la acumulación de escándalos, el deterioro institucional, la creciente brecha generacional y una marcada tensión política que polariza el debate público. Este escenario ha creado un entorno favorable para que Vox consolide su discurso, presentándose como una alternativa valiente frente a un sistema que califica de agotado y corrupto, y aprovechando la frustración ciudadana con los partidos tradicionales para fortalecer su base electoral.
Los recientes escándalos de corrupción en los partidos tradicionales han avivado el sentimiento generalizado de que «todos son iguales». Tanto en los casos Koldo como Cerdán se observó la implicación de personalidades destacadas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), mientras que en la provincia de Almería se realizaron investigaciones sobre irregularidades que involucraron a altos responsables del Partido Popular, conocidas públicamente como el caso Mascarillas, relacionadas con la adquisición y distribución de material sanitario durante la pandemia de COVID-19. Estos hechos evidencian que la corrupción no se limita a incidentes aislados, sino que alcanza niveles institucionales dentro de los principales partidos, reforzando la desconfianza de la ciudadanía hacia la política tradicional.
La crisis institucional se extiende al poder judicial. La reciente condena del Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, a dos años de inhabilitación y a indemnizar a Alberto González Amador, pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha suscitado la percepción de que la justicia se encuentra influida por tensiones políticas y lealtades partidistas. Esta situación debilita uno de los pilares fundamentales del Estado de derecho y proporciona a Vox un argumento central: la necesidad imperante de una «ruptura con el sistema» para garantizar la transparencia y la eficacia.
Asimismo, Vox se ha posicionado como un tema de relevancia estratégica, centrándose en la inmigración como un aspecto central de su discurso político. El partido político en cuestión presenta la llegada de inmigrantes como un desafío a la seguridad y al orden público, vinculándola a la presión sobre servicios esenciales como la sanidad, la educación y las ayudas sociales. Además, se erige una narrativa identitaria que contrapone a la población autóctona con los recién llegados, generando temores sobre la pérdida cultural y responsabilizando a los partidos tradicionales de adoptar políticas excesivamente permisivas, posicionándose como la única fuerza capaz de aplicar medidas firmes.
El contexto social y de servicios también contribuye a consolidar su mensaje. En el caso de Andalucía, el sistema público de salud está experimentando una crisis que afecta la disponibilidad de personal, la puntualidad en la atención y la realización de pruebas médicas, como las de detección del cáncer de mama. Estas situaciones tangibles incrementan la percepción de abandono por parte de las autoridades y amplían la receptividad a mensajes que prometen soluciones rápidas y efectivas.
Otro factor de suma importancia es la brecha generacional y el desapego de los jóvenes respecto al conocimiento histórico y político. Según estudios recientes, existe un desconocimiento considerable sobre la Transición democrática, el régimen de Franco y la evolución del sistema constitucional, lo que propicia la aceptación de discursos simplificados o polarizadores difundidos a través de las redes sociales. Este fenómeno aumenta la receptividad a propuestas radicales y promesas de cambio contundente, como las que ofrece Vox.
El ascenso de Vox debe ser comprendido no solo como resultado del desgaste del bipartidismo, sino como la interacción de múltiples crisis: la persistente corrupción política, el debilitamiento institucional, las crisis sociales y sanitarias tangibles, el desapego generacional y la creciente crispación política. Su crecimiento refleja la capacidad de presentarse como una fuerza que «dice lo que otros temen decir», condena la corrupción de manera explícita y ofrece un discurso emocional que conecta con votantes descontentos, consolidándose como una alternativa de derecha radical en el contexto político español contemporáneo.

*El Hassan Belarbi es profesor titular de Ingeniería Química – Universidad de Almería.
