Rue20 Español/El Aaiún
Argelia intenta presentar la reciente “reconciliación” con Francia como una victoria, a pesar de no haber logrado avances en la cuestión del Sáhara marroquí, la causa original de la crisis bilateral iniciada en julio pasado.
La prensa oficial argelina, en un intento por disimular la falta de progresos en su objetivo principal, ha centrado su narrativa en la figura de Bruno Retailleau, ministro del Interior francés, presentando el restablecimiento de las relaciones como un triunfo sobre sus políticas.
El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, declaró el domingo en Argel el fin de las diferencias y la vuelta a la normalidad en las relaciones bilaterales.
Mientras la prensa francesa destaca los beneficios para París en seguridad y economía, la argelina se limita a celebrar una supuesta “victoria” sobre Retailleau, a quien acusa de haber adoptado una postura estricta contra Argelia en los últimos meses.
Esta narrativa, sin embargo, ignora que la raíz de la crisis fue el apoyo de París a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, una postura que Francia mantiene inalterada. Observadores cuestionan los logros de la escalada argelina, que no ha conseguido modificar la posición francesa sobre el Sáhara marroquí, ni siquiera incluir el tema en la agenda de la visita de Barrot.
Francia, por su parte, no solo ha resuelto la crisis diplomática manteniendo su postura sobre el Sáhara, sino que también avanza hacia un acuerdo con Argelia sobre la expulsión de inmigrantes, tema de interés para París. La cooperación en inteligencia y seguridad entre ambos países también se ha reanudado.
Medios argelinos califican la reconciliación como un «serio revés» para Retailleau, obviando la cuestión del Sáhara marroquí. Esta omisión, junto con la ausencia de menciones al tema en la prensa oficial, revela el fracaso de Argelia en su intento de presionar a Francia para que se retractara de su apoyo a Marruecos.
La estrategia de Argelia de presentar una «victoria ilusoria» sobre Retailleau se interpreta como un intento de encubrir su derrota diplomática en el caso del Sáhara.
Resulta significativo que Argelia no haya insistido en abordar el tema del Sáhara marroquí con Barrot, a diferencia de lo ocurrido con la fallida visita del ministro español José Manuel Albares, cuya condición para viajar a Argel era precisamente discutir el expediente del Sáhara.
Cabe destacar el «éxito» de Francia al desviar la atención de Argelia del tema central de la crisis, el Sáhara marroquí, hacia otras cuestiones de interés mutuo.
La coincidencia de la escalada argelina con el ascenso de la derecha en Francia, tradicionalmente hostil a Argelia, habría contribuido a este resultado.
La postura firme de Retailleau en las últimas semanas parece haber influido en el cambio de tono del discurso político argelino, ahora más conciliador.
El presidente Abdelmadjid Tebboune ha señalado a Emmanuel Macron como la «única referencia» para resolver la crisis, a pesar de que fue Macron quien inicialmente apoyó la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
