Valls responde a Rajoy con Yamal como ejemplo

 

Rue20 Español/Rabat

El expresidente español desata una tormenta diplomática al cuestionar la identidad de los jugadores galos. El exprimer ministro francés Manuel Valls le acusa de racismo y le devuelve el argumento con ejemplos de la propia selección española.

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La previa de la semifinal del Mundial 2026 entre España y Francia ha trascendido lo deportivo para convertirse en un incidente diplomático de primer orden. El detonante: una columna de opinión de Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno español, publicada en el diario El Debate tras la clasificación de España para las semifinales. En ella, Rajoy reconocía el potencial del combinado galo, pero añadía un dardo que ha provocado una cascada de reacciones: «Tiene un altísimo nivel, eso sí, sin franceses».

La frase, que el propio Rajoy enmarcaba en su sección habitual sobre el Mundial, ha sido interpretada como un cuestionamiento de la nacionalidad de los jugadores de la selección francesa en función de sus orígenes étnicos. Una lectura que, para muchos, conecta directamente con los debates que acompañaron a la generación campeona de 1998, cuando el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen alimentó la tesis de que aquella selección no representaba a la «verdadera» Francia por la diversidad de sus integrantes.

La respuesta más contundente no ha tardado en llegar. Manuel Valls, exprimer ministro francés y hombre con un conocimiento profundo de ambas orillas —nacido en Barcelona, de padres españoles y nacionalizado francés a los veinte años—, ha publicado una tribuna en El Español en la que desmonta punto por punto el argumento de Rajoy.

«Lo que cree no ver en ese equipo no son nacionalidades. Son colores de piel. Es decir, que, para él, un negro no puede ser francés. Eso se llama, simplemente, racismo», escribe Valls, que confiesa su decepción personal: «Conozco a Mariano Rajoy. Me senté frente a él, como europeo, como jefe de Gobierno. Por eso, sus palabras no solo me indignan: me duelen».

Valls recurre a la figura del escritor Romain Gary —judío nacido en Vilna, combatiente de la Francia Libre— para subrayar que la identidad francesa no se hereda por sangre, sino que se construye: «No siempre se nace francés: se llega a serlo. Por la lengua, por la ley común, por la bandera, por una cultura y una historia, por un compromiso que se cumple cada día».

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El exprimer ministro francés también apela a los hechos para rebatir a Rajoy: de los 26 jugadores convocados por Didier Deschamps, solo tres nacieron fuera de las fronteras francesas. Marcus Thuram nació en Parma porque su padre, Lilian Thuram, jugaba allí entonces. Michael Olise nació en Londres, pero es hijo de madre francesa. Brice Samba llegó de niño desde el Congo y creció en Francia. «Tres nacimientos lejanos, tres historias, y cada una es ya una historia francesa», sentencia Valls.

Pero Valls va más allá y da la vuelta a la argumentación de Rajoy señalando a la propia selección española. «Que Mariano Rajoy mire su propia selección», reclama. Y pone ejemplos: Lamine Yamal, la gran estrella española, es hijo de padre marroquí y madre de Guinea Ecuatorial. Nico Williams, nacido en Pamplona, es hijo de inmigrantes ghaneses que cruzaron el desierto para llegar a Europa. Y en la defensa de la Roja juega Aymeric Laporte, nacido en Francia y capitán de la selección francesa sub-21 antes de elegir a España. «Siguiendo su razonamiento, tampoco habría españoles. Creyendo insultar a los Bleus, es a los suyos a quienes primero insulta», remata Valls.

Las palabras de Rajoy han provocado una reacción unánime en Francia. El ministro del Interior galo, Laurent Nuñez, las calificó de «absolutamente inaceptables» en una entrevista con BFM TV, y subrayó que Francia es «un país de diversidad, donde todo el mundo puede desarrollarse y encontrar su lugar». La Embajada de Francia en España también salió al paso en X para recordar que «todos los jugadores de la selección francesa son franceses».

El líder del Partido Socialista francés, Olivier Faure, fue igualmente rotundo: «La selección francesa solo está compuesta por franceses. Francia no es una nación étnica, no tiene un color de piel ni una religión. Es una nación política unida en torno al lema republicano». Su homólogo del Partido Comunista, Fabien Roussel, habló de «racismo burdo», mientras que la ministra de Ultramar, Naïma Moutchou, denunció «un odio metódico y banalizado hacia Francia».

Tampoco faltaron las críticas en España. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acusó a Rajoy de realizar «declaraciones xenófobas» y sentenció: «Que gane el mejor y que pierda el racismo». El ministro de Transportes, Óscar Puente, fue más lejos al calificar a Rajoy de «zoquete postfranquista corrupto» en un mensaje en X.

Lo que comenzó como una columna futbolística ha reabierto un debate de fondo sobre la identidad nacional, la inmigración y la diversidad. Valls, con su propia biografía como ejemplo —»No tengo una gota de sangre francesa, pero Francia corre por mis venas»—, ha devuelto la pelota al tejado de Rajoy con una pregunta incómoda: si no son franceses los jugadores de origen diverso, ¿qué queda de la españolidad de Lamine Yamal o Nico Williams?

El próximo martes, España y Francia se enfrentarán en el césped. Pero el partido, antes de empezar, ya se ha jugado en el terreno de las ideas. Y el marcador, por ahora, no favorece a Rajoy.

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