Argelia, el gran quebradero de cabeza migratorio para España

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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Mientras la Unión Europea celebra una caída histórica del 40% en los cruces irregulares durante los primeros cinco meses del año, una ruta desafía todas las estadísticas. El Mediterráneo occidental, que conecta el Magreb con las costas españolas, ha registrado un incremento del 46% en las detecciones, con cerca de 7.100 cruces irregulares contabilizados entre enero y mayo.

El epicentro de este fenómeno, según los datos de Frontex, se sitúa en las costas argelinas, que se han convertido en el principal punto de partida de embarcaciones clandestinas con destino a España.

Un archipiélago en el punto de mira

Las Islas Baleares se han perfilado como el destino más recurrente de estas travesías, lo que evidencia un cambio táctico en las rutas del tráfico de personas. El endurecimiento de los controles en Marruecos y en las rutas vecinas de África Occidental y el Mediterráneo central ha empujado a las redes de traficantes a buscar nuevos corredores, y el litoral argelino ha pasado a ocupar un lugar central en esa estrategia.

Fuentes de Frontex consultadas por este diario señalan que Argelia se mantiene al margen de los principales acuerdos de cooperación operativa que la Unión Europea ha desplegado con otros países de tránsito, como Mauritania, Senegal o Gambia, cuyas medidas preventivas han logrado reducir drásticamente las salidas en la ruta atlántica. Esta ausencia de coordinación convierte a las costas argelinas en un espacio de menor presión operativa, un factor que las organizaciones criminales aprovechan sin reservas.

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Un análisis publicado el pasado jueves por el diario francés Le Figaro califica a Argelia como «el nuevo colador» de la inmigración clandestina hacia Europa. El medio subraya que esta evolución «viene a matizar un poco el relato de la nueva y fructífera relación con Argel», en referencia a la percepción oficial que las autoridades argelinas han proyectado sobre su capacidad de control fronterizo.

Fernand Gontier, exdirector de la Policía de Fronteras francesa, citado por Le Figaro, explica que la estrategia europea de externalización persigue «prevenir las salidas desde los países de origen o de tránsito, neutralizando la acción de los traficantes sobre el terreno». Sin embargo, la ausencia de Argelia en este entramado de cooperación plantea interrogantes sobre la efectividad del dispositivo en el flanco más occidental del Mediterráneo.

La nacionalidad argelina, protagonista

Uno de los datos que añade una dimensión interna al fenómeno es la elevada presencia de ciudadanos argelinos entre los migrantes detectados en esta ruta. Según datos de Frontex correspondientes al 30 de abril de 2026, los argelinos representaban el 29,4% de los cruces irregulares en el Mediterráneo occidental. Esta cifra supera ampliamente a la de otras nacionalidades y desmonta la narrativa que presenta la migración clandestina como un fenómeno exclusivamente subsahariano.

La combinación de factores económicos, sociales y políticos en el país vecino alimenta un flujo que no cesa, pese a los discursos oficiales que insisten en la solidez del control fronterizo. La migración irregular desde Argelia no solo evidencia una brecha en la vigilancia del litoral, sino también un malestar social persistente que empuja a sus propios ciudadanos a arriesgar sus vidas en el mar.

El aumento de las salidas desde Argelia no es, sin embargo, un síntoma de mayor seguridad, sino todo lo contrario. Los estudios del Mixed Migration Centre, que ha entrevistado a cientos de migrantes llegados a España, identifican el Mediterráneo occidental como una de las rutas más peligrosas. Los testimonios recogidos mencionan el temor a morir en el mar como la principal angustia durante la travesía, por delante del riesgo de heridas, enfermedades, deshidratación o agotamiento.

Las embarcaciones, con frecuencia sobrecargadas y sin el equipamiento mínimo, surcan aguas que pueden convertirse en trampas mortales. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha contabilizado cerca de 1.300 fallecidos en el Mediterráneo en lo que va de año. Cada una de esas muertes, como subraya Frontex en su comunicado, «es un recordatorio de los riesgos que las personas se ven empujadas a asumir».

La situación sitúa a Argelia ante una paradoja difícil de sostener. Mientras sus autoridades reivindican una amplia capacidad de control en materia de seguridad, los datos europeos describen una realidad muy distinta en el ámbito migratorio. Las salidas clandestinas desde sus costas aumentan precisamente cuando las principales rutas alternativas experimentan un descenso.

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Para las redes criminales, esta combinación representa una oportunidad de negocio. Para los migrantes, argelinos y subsaharianos por igual, supone una vía incierta, presentada a menudo como más accesible, pero expuesta a riesgos considerables. Y para España, puerta de entrada de este creciente flujo, el desafío es doble: gestionar las llegadas y presionar para que Argelia se incorpore a los acuerdos de cooperación que sí funcionan en otros puntos del continente.

El Mediterráneo occidental se ha convertido así en el espejo donde se reflejan las contradicciones de una política migratoria europea que, pese a sus éxitos globales, encuentra en el litoral argelino un punto ciego de difícil resolución.

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