Rue20 Español/Rabat
La presencia de cuatro jugadores formados en la Academia Mohammed VI de Fútbol en la selección marroquí que disputa la Copa Africana de Naciones Sub-17 no es un hecho anecdótico ni una coincidencia estadística. Es, más bien, la confirmación palpable de que Marruecos ha logrado consolidar uno de los modelos de formación deportiva más ambiciosos, estructurados y eficaces del continente africano.
Mientras muchas naciones siguen buscando fórmulas improvisadas para producir talento, Marruecos lleva más de quince años desarrollando una estrategia integral basada en una visión de largo plazo.
La CAN Sub-17 de 2026, organizada en suelo marroquí, no solo expone el crecimiento competitivo del fútbol nacional; también revela la madurez de un proyecto concebido desde sus cimientos como una política de Estado.
La Academia Mohammed VI de Fútbol nació en 2009 bajo el impulso directo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, en un momento en el que el fútbol marroquí necesitaba reinventarse para volver a situarse entre las grandes referencias continentales e internacionales.
La apuesta no consistió únicamente en construir instalaciones modernas o crear un centro de alto rendimiento. El verdadero desafío era mucho más profundo: instaurar una nueva cultura de formación basada en la excelencia, la disciplina, la planificación y la preparación integral del deportista.
La Academia no se limita a fabricar futbolistas. Forma perfiles humanos completos, combinando educación académica, acompañamiento técnico, preparación física y construcción de valores. Esa filosofía —“formar primero al hombre y después al jugador”— ha permitido crear una generación de jóvenes capaces de competir al más alto nivel sin perder estabilidad ni identidad.
El éxito de esta visión ya no admite debate. Los nombres de Youssef En-Nesyri, Nayef Aguerd o Azzedine Ounahi quedaron ligados para siempre a la histórica actuación de Marruecos en el Mundial de Qatar 2022, donde la selección nacional alcanzó unas semifinales inéditas para el fútbol africano y árabe. A ellos se sumaron posteriormente nuevas generaciones campeonas en categorías juveniles y olímpicas, confirmando que aquel logro no fue una excepción irrepetible, sino la consecuencia natural de un modelo sólido y coherente.
La aparición ahora de Ibn Salah Oualid, Boughazir Adam, Harouch Mohamed y Ezzarky Ayman dentro de la selección Sub-17 representa precisamente la continuidad de ese proceso. Son los nuevos rostros de una cadena de formación que no se detiene y que demuestra que Marruecos ya no depende únicamente de talentos aislados surgidos al azar. El país produce futbolistas mediante un sistema estructurado, moderno y sostenible.
La propia Confederación Africana de Fútbol ha reconocido reiteradamente la singularidad del modelo marroquí. No se trata solo de infraestructura —aunque el Complejo Mohammed VI de Fútbol se haya convertido en uno de los más avanzados del mundo—, sino de la coherencia global de un proyecto que integra gobernanza, formación técnica, desarrollo humano y visión estratégica.
Que la CAN Sub-17 se dispute parcialmente en este complejo tiene además una poderosa carga simbólica. El torneo se convierte en una vitrina continental del camino recorrido por Marruecos desde la Carta Real de Skhirat de 2008 hasta la actualidad. Lo que entonces era una ambición estratégica se ha transformado hoy en una realidad tangible que produce títulos, jugadores y reconocimiento internacional.
En un contexto africano donde numerosos países poseen talento natural pero carecen de estructuras permanentes, Marruecos ha entendido antes que muchos que el éxito deportivo moderno no puede construirse sobre la improvisación. Requiere inversión sostenida, estabilidad institucional y una visión clara capaz de trascender generaciones.
Ahí reside probablemente la mayor victoria del modelo marroquí: haber convertido el fútbol en un proyecto nacional de largo alcance.
La CAN Sub-17 de 2026 no será únicamente una competición juvenil. Será también la demostración de que Marruecos ha logrado consolidar un ecosistema futbolístico capaz de garantizar continuidad, competitividad y excelencia. Cada joven formado en la Academia Mohammed VI encarna esa transformación silenciosa pero profunda que ha cambiado la dimensión internacional del fútbol marroquí.
Y cuando estos “Cachorros del Atlas” salten al terreno de juego, no representarán únicamente a una selección juvenil. Representarán el resultado visible de una visión estratégica que, con el paso de los años, ha dejado de ser una promesa para convertirse en una referencia continental.
