Rue20 Español/Rabat
La ministra de Transición Energética y Desarrollo Sostenible, Leïla Benali, ha mantenido este lunes en Lisboa un encuentro clave con su homóloga portuguesa, Maria da Graça Carvalho, que ha desbloqueado el proyecto de interconexión eléctrica entre ambos países, paralizado desde 2022.
El acuerdo supone un paso decisivo para que Marruecos consolide su papel como eje energético entre África y Europa, al tiempo que ofrece a Portugal una salida a su histórica dependencia de una única red eléctrica.
El proyecto, cuya primera estimación de coste en 2018 rondaba los 800 millones de euros, prevé conectar las subestaciones de Tavira, en el Algarve portugués, y Beni Harchane, en el norte de Marruecos, mediante un cable submarino de unos 220 kilómetros y una capacidad de intercambio cercana a los 1.000 megavatios. Una infraestructura que, según explicó Benali, busca «reducir los costes y, en particular, mejorar el acceso a una energía asequible» para las poblaciones y sectores económicos de ambos países.
Lo relevante es que Marruecos ya cuenta con dos interconexiones submarinas con España —con una capacidad conjunta de 1.400 megavatios— y ambos países avanzan en los estudios para una tercera conexión. La nueva interconexión con Portugal no solo diversificaría las rutas de exportación de la energía limpia que Marruecos produce con creciente pujanza —el país aspira a que el 52 % de su energía provenga de fuentes renovables en 2030—, sino que reforzaría su posición como socio estratégico indispensable para la seguridad energética del sur de Europa.
El renovado impulso al proyecto no es casualidad. El gran apagón eléctrico que afectó a España y Portugal en abril de 2025 expuso con crudeza la fragilidad de la península ibérica, cuya tasa de interconexión con el resto de Europa ronda actualmente el 3 %, muy lejos del 15 % fijado por la Unión Europea para 2030.
Durante aquella crisis, Marruecos demostró su fiabilidad como vecino y socio: el Reino llegó a movilizar hasta el 38 % de su capacidad de generación para ayudar a España a restablecer el suministro. Carvalho recordó este gesto: «España, por ejemplo, recibió ayuda de Marruecos y Francia. Si hubiéramos tenido conexión con Marruecos, habríamos tenido otra red eléctrica, y por lo tanto habría sido un poco más rápido».
Rabat y Lisboa han acordado trabajar en dos frentes paralelos. Por un lado, solicitarán a la Comisión Europea que el proyecto sea clasificado como Proyecto de Interés Común (PIC) de la Unión Europea, lo que abriría la puerta a los mecanismos de financiación del Mecanismo Conectar Europa (CEF). Por otro, explorarán el interés de inversores privados mediante una convocatoria de manifestación de interés dirigida a gestores de redes eléctricas y empresas del sector.
Carvalho insistió en que el objetivo es realizar el proyecto «al menor coste posible, con el fin de evitar cualquier carga financiera adicional para los contribuyentes o los consumidores de energía». Ambas partes presentarán el proyecto a Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea encargada de una transición limpia, justa y competitiva, para evaluar el interés comunitario.
Más allá de la infraestructura, el acuerdo refleja la apuesta de Marruecos por una integración energética que trasciende fronteras. Benali calificó el encuentro como productivo en temas como la seguridad energética, el cambio climático y la biodiversidad. Carvalho subrayó que una nueva interconexión entre Europa y África «reforzaría la seguridad energética y consolidaría la cooperación entre ambos continentes».
La reunión ha servido además para preparar la próxima cumbre bilateral entre Marruecos y Portugal, prevista para principios de 2027, que podría elevar esta alianza energética al máximo nivel político. Queda aún por definir la solución técnica —si será un cable submarino directo o una conexión a través de las infraestructuras existentes con España—, pero el mensaje es claro: Marruecos no solo mira al norte, sino que el norte necesita mirar a Marruecos.
