El periodista que anda buscándole la quinta pata al gato (2/2)

 

Rue20 Español/Tetuán

Mohamed Benabdelkader*

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El siguiente encuadre de buscarle la quinta pata al gato, es fuertemente marcado por un cínico desvío de la percepción de un evento relacionado con el centenario del desembarco de Alhucemas. En lugar de centrar la atención en los verdaderos actores de este desembarco militar y su responsabilidad histórica como agresores coloniales, el periodista prefiere desplazar el foco hacia el agredido, apuntando especialmente al sultán de Marruecos, presentado como parte del dispositivo colonial, en vez de como soberano sometido a las constricciones del protectorado. El periodista, dándose aires de gran conocedor de Marruecos, se preguntó en su cuenta de X (8-9-2025) si el silencio oficial español no buscaba, en el fondo, ahorrar el bochorno a la monarquía alauí.

“Por qué España no conmemora el histórico desembarco de Alhucemas hace hoy 100 años con el que puso fin a la guerra del Rif? Quizás porque sería celebrar un episodio de una guerra colonial; quizás porque el sultán Mulay Yussuf, bisabuelo de Mohamed VI, apoyó esa inédita operación militar de España y Francia que puso fin a la rebelión rifeña de Abdelkrim. Recordarlo incomodaría a la monarquía alauí.”

Es conveniente recordar que el desembarco de Alhucemas fue una operación colonial mayor bajo control español y francés, destinada a aplastar la resistencia armada liderada por Abdelkrim El Khattabi. El sultán Moulay Youssef no tenía ni los medios ni la libertad política para manifestar un apoyo oficial o militar a esta intervención. En primer lugar, no existen pruebas fiables y documentadas que confirmen que el sultán apoyara el desembarco español en Alhucemas en 1925, y además se encontraba en una posición constreñida, bajo la dominación del protectorado franco-español, sin autonomía política real para apoyar o rechazar oficialmente esta acción militar.

Así de sencillo, basta un ligero truco de magia de nuestro ilusionista, « especialista del Magreb », para que la resistencia anticolonial de Abdelkrim se transforma en una simple « revuelta rifeña », y el hecho de que el gobierno español de izquierda no quiso celebrar el centenario del desembarco de Alhucemas, dirigido por el dictador Miguel Primo de Rivera y del que uno de los comandantes no era otro que un tal Francisco Franco, sería, según Cembrero, precisamente destinado a no incomodar a la monarquía marroquí.

Esos rifeños que reclamaron sus derechos

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Cuando Cembrero escriba sobre hechos marroquíes, se centra en detalles a menudo insignificantes, para agrandarlos y darles un valor simbólico o polémico, así insistirá de manera repetida en sus articulos en la «rifiniedad» de ciertas personalidades marroquíes, incluso si ese detalle no es central en el asunto tratado. Retengamos, entre varios otros ejemplos, su tuit del 4 de septiembre de 2025 en el que rinde así homenaje a Ahmed Zefzafi, que acababa de fallecer:

Homenaje a Ahmed Zefzafi, padre de Nasser, fallecido ayer miércoles sin haber visto a su hijo en libertad. Nasser, líder de la revuelta pacífica del Rif (Marruecos), lleva ocho años encarcelado y deberá seguir en prisión hasta 2037. Su padre recorrió Europa para sensibilizar a autoridades y opinión pública sobre la suerte de estos rifeños condenados por reivindicar sus derechos mediante manifestaciones multitudinarias y pacíficas.

Imaginemos a un periodista que, cada vez que evoca a un actor político francés, insiste sistemáticamente en su identidad bretona, o que, ante cada mención de una personalidad pública española, subraya su origen catalán. Esta insistencia no puede percibirse como un simple recordatorio de un arraigo cultural o regional fuerte. Poner de relieve de manera repetida esta identidad regional se convierte en una forma de focalizar desproporcionadamente en un detalle identitario que, utilizado así, orienta la lectura del personaje político hacia un ángulo particular.

A veces, esta práctica periodística corresponde a la sobreinterpretación, e incluso de la instrumentalización ideológica de la identidad regional o étnica, arriesgando así reducir la complejidad del tema a un elemento simbólico restringido. En consecuencia, privilegia un aspecto específico en detrimento de una visión de conjunto más rica y matizada.

Cuando Ignacio Cembrero emplea la expresión «esos rifeños condenados…» en su tuit, parece querer, mediante esta habitual puesta de relieve discursiva de la pertenencia a la región del Rif, instrumentalizar este aspecto identitario, no para señalar un orgullo legítimo de esta pertenencia, ni para valorar una diversidad cultural ya reconocida por la constitución marroquí, sino para aludir a un supuesto aspecto problemático o polémico del personaje o de la situación. Este tipo de manipulación periodística consiste en utilizar la dimensión regional como una palanca simbólica para influir en la percepción del público, evocando tensiones y divisiones políticas o sociales, ligadas a una dimensión identitaria, a veces de manera implícita y perniciosa.

Este tipo de discurso se basa a menudo en lógicas políticas cínicas, donde la identidad cultural se convierte en un pretexto utilizado para suscitar emociones, polarizar la opinión o debilitar a un adversario, en lugar de ser un simple elemento descriptivo o cultural. Esto puede contribuir a despojar a la identidad de su riqueza cultural para convertirla en un marcador polémico, a veces ambiguo, e incluso acusador en el debate público. Esta manera de proceder es bien conocida en política, traduce una relación compleja entre identidad, poder y discurso político donde la identidad se convierte en un reto estratégico más que en un simple hecho. Se trata, en la práctica periodística de Cembrero, de desviar la atención del contenido político, social y humano del movimiento, para recentrarla en una pertenencia regional considerada problemática o conflictiva, lo que significa ir a buscarle la quinta pata al gato en una especificidad sociolingüística, que el periodista se empeña en instrumentalizar como un marcador de contestación, de marginalidad o de fractura, y esto, para transmitir mensajes implícitos, cargados de connotaciones políticas, ideológicas y emocionales, destinados a orientar la percepción del público hacia horizontes oscuros, poblados de espectros que algunos sueñan con ver resurgir a cada instante.

El Rey a corta distancia de Ceuta

Comentando un vídeo ampliamente difundido en las redes sociales, que muestra a ciudadanos aclamando al Rey Mohammed VI durante un paseo en jet-ski en la estación balnearia de Cabo Negro, al noreste de Tetuán, el periodista español escribió el 10/8/2025 en su cuenta de X que:

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«El rey Mohamed VI de Marruecos navegó este domingo cerca de su lugar de vacaciones, en Mdiq (Rincón), a unos 25 kilómetros al este de Ceuta. Desde la playa los bañistas le reconocen».

Cuando el periodista obsesionado con la búsqueda de su quinta pata que cree problemática y embarazosa, se empeña en medir con exactitud la distancia que separa la ubicación del Rey en las aguas marroquíes y la ciudad de Ceuta ocupada por España, opera un encuadre mediático de sobreinterpretación polémica: en lugar de dar cuenta de una imagen del Rey en mejor salud, focaliza en su presencia en una zona marítima próxima a la ciudad ocupada, buscando así instrumentalizar este detalle geográfico, imponiéndole una carga política o simbólica fuera de contexto, como si la simple presencia del Soberano en ese espacio del territorio marroquí constituyera una provocación hacia España. Una vez más, encontramos esta obsesión repetitiva que lleva al periodista a privilegiar una lectura centrada en el conflicto y la polémica, en detrimento de un enfoque más equilibrado que ponga de relieve los aspectos normales, humanos o turísticos del evento.

Así, Cembrero desvía la atención de la información principal relativa a la naturaleza real y positiva de este momento de ocio, que ilustra un clima de normalidad y estabilidad duradera, hacia un relato conflictivo y polémico, que busca alimentar la duda y la desconfianza, avivar las tensiones y manipular la opinión. Al hacerlo, el periodista se empeña en sobreinterpretar una información precisa, para reforzar una lectura abusiva, que desde Madrid le busca en Cabo Negro la quinta pata al gato, característica típica de este «especialista del Magreb» que, a través de su encuadre mediático muy singular, persigue con obstinación el detalle dramatizado, con el fin de reestructurar la información e influir en su comprensión según una lectura conflictiva y polémica.

Del soft power marroquí en España

Entre las numerosas quintas patas buscadas frenéticamente por este periodista, aquí hay otro ejemplo particularmente revelador, pero esta vez con una dosificación notablemente más elevada de intoxicación informativa. Así presentó en un artículo publicado (2-8-2025) por El Confidencial una iniciativa cultural y educativa destinada a fortalecer los lazos entre Marruecos y España, inspirándose en el legado de Fatima Al-Fihri, fundadora de la universidad Al-Qaraouiyine en Fez, la universidad más antigua del mundo.

“Marruecos primera potencia extranjera que patrocina una cátedra en una universidad pública de España. La Universidad de Córdoba acepta que un país en el que no hay libertad de cátedra, con profesores represaliados, se la financie y supervise sus contenidos. Será otra herramienta más para ejercer su «soft power» en España”.

Parece evidente que este curioso «especialista del Magreb» se enfurece más y redobla su agresividad a medida que Marruecos y España avanzan hacia el acercamiento y la comprensión mutua. No se contenta con criticar escandalosamente la creación por parte de Marruecos de una cátedra universitaria en la Universidad de Córdoba en España, sino que acusa implícitamente a España de aceptar lo que presenta como un control político e ideológico y un ejercicio de «soft power» marroquí; peor aún, emite un juicio sorprendente al decretar un supuesto déficit de libertad académica en Marruecos, como su fuera un cardenal que distribuye solemnemente indulgencias papales.

Para volver al contexto de la creación de la cátedra «Fatima al-Fihri», conviene recordar que esta iniciativa se inscribe en un marco oficialmente bilateral y académico destinado a promover la cooperación, la investigación, los intercambios culturales y el conocimiento mutuo entre Marruecos y España. La Universidad de Córdoba, por parte española, está ampliamente implicada en esta iniciativa académica común, destinada a valorizar un patrimonio cultural compartido. Por otra parte, hay que recordar que España dispone a través del Instituto Cervantes de una presencia muy fuerte en Marruecos, con una red de seis centros principales en Rabat, Marrakech, Casablanca, Tánger, Tetuán y Fez, así como siete anexos en ciudades como Meknes, Alhucemas, Nador, Agadir, Larache, Essaouira y Chaouen, ofreciendo cursos lingüísticos y actividades culturales.

En lugar de contextualizar la creación de la cátedra « Fatima al-Fihri » en la Universidad de Córdoba en el marco de una cooperación cultural y educativa, y en lugar de valorar esta reciprocidad de colaboración académica, que permite a España desplegar en Marruecos una de las redes más importantes del mundo para la promoción del español y de la cultura hispánica, el periodista elige leer esta información a través de un prisma de sospecha, e incluso de complot, de manera que distorsiona la percepción de la opinión pública española, transformando una institución académica colaborativa en un supuesto instrumento de influencia política marroquí. Para justificar su lectura negativa y alarmista, no se contenta con ocultar los hechos que permitirían una comprensión equilibrada, sino que saca metódicamente su quinta pata de la libertad universitaria en Marruecos, fabricando así un encuadre orientado hacia la controversia y la desconfianza, destinado a sembrar el escándalo y la duda en la mente del lector.

Este ejemplo ilustra perfectamente cómo un encuadre mediático fundado en la búsqueda de la quinta pata al gato, puede desviar una información real y globalmente positiva, convirtiéndola en un tema polémico desproporcionado. Es una práctica típica de este periodista «especialista del Magreb», que, mientras ignora deliberadamente la dinámica esencial para comprender este partenariado universitario, mantiene un discurso de sospecha y polémica, perjudicial para la informatividad y la objetividad.

Disparar contra todo lo que se mueve en Marruecos

En resumen, Ignacio Cembrero, este «experto» autoproclamado del Marruecos, se empeña así con un fervor malsano en la búsqueda de su quinta pata: la bajada espectacular de los flujos migratorios hacia Canarias y Andalucía? Cuidado! eso debe esconder forzosamente una estrategia maquiavélica en torno a Ceuta! Una resolución de la ONU validando la propuesta de autonomía para el Sáhara marroquí? Atención, es una amenaza irrendentista inminente contra España! El Soberano marroquí es visto en jet-ski en Cabo Negro? Alerta roja, está muy cerca de Ceuta! La Fundación Hassan II denuncia agresiones contra marroquíes en España? Tengan cuidado con el soft power que ejercer esta fundación en las escuelas españolas! España olvida el centenario de Alhucemas? Abrid el ojo, Sánchez camina sobre huevos por miedo a molestar a la monarquía marroquí! Ciudadanos marroquíes reclamando sus derechos? Nada de eso, aquí son rifeños oprimidos y punto final!

En la teoría del encuadre mediático, un «encuadre» (o «frame») designa la manera en que un medio o un periodista selecciona y pone de relieve ciertos aspectos de una información, mientras oculta otros, para orientar la percepción del público. La búsqueda sistemática de la quinta pata al gato, constituye en el caso de Cembrero un género muy particular del encuadre mediático, el de sencillamente disparar contra todo lo que se mueve en Marruecos, se trata de comenzar por una selección sesgada de un detalle marginal, menor o parasitario, que el periodista amplifica confiriéndole una dimensión simbólica desproporcionada y conflictiva, mientras oculta los hechos globales o las dinámicas positivas. Este proceso evoluciona a menudo hacia una sobreinterpretación especulativa, donde términos peyorativos y alarmistas insinúan amenazas y refuerzan estereotipos.

 

No cabe duda de que este periodista con su repetición obstinada y cínica de buscarle la quinta pata al gato cada vez que se trata del vecino del sur, con su estilo de pistolero sin escrúpulos que carga, apunta y dispara contra todo lo que se mueve en Marruecos, está basculando hacia una deriva de extrema gravedad, condenable e indigna de la profesión periodística, que es exactamente la incitación al odio, ni más ni menos.

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*Exministro de Justicia y Doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación.

*Exministro de Justicia y Doctor en Ciencias de la Información y la Comunicación.

 

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