“Hechos reales”: Sansal mantiene su tesis sobre la marroquinidad histórica del Sáhara Oriental

 

Rue20 Español/Rabat

Trece días después de su liberación de las cárceles argelinas, donde permaneció un año, el escritor y ensayista franco-argelino Boualem Sansal ha retomado la palabra con una franqueza que incomoda tanto a Argel como a parte de la clase política francesa.

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Lejos de rebajar el tono, Sansal ha aprovechado su regreso a Francia para multiplicar entrevistas y liberar, poco a poco, una voz que él mismo admite haber mantenido coartada por miedo a represalias contra su familia.

En apariciones sucesivas en France 2 y France Inter, Sansal respondió sin rodeos cuando se le preguntó si su palabra estaba limitada: «Sí». El escritor evocó el temor por su esposa —aún en Argelia— y los riesgos diplomáticos que rodean sus declaraciones, en un momento en que las relaciones franco-argelinas atraviesan una etapa especialmente tensa, ilustrada por la reciente detención del periodista francés Christophe Gleizes.

Pese a los esfuerzos iniciales por medir cada frase, el veterano escritor de 81 años terminó despojándose de toda ambigüedad en una entrevista publicada el 25 de noviembre por Le Monde. «Estoy cansado de que me repitan que tenga cuidado con lo que digo», confiesa en la sede de Gallimard, donde reconoce que es incapaz de someterse a la autocensura que le piden.

En este intercambio, Sansal repasa las condiciones de su detención y aborda cuestiones especialmente sensibles, como el antisemitismo institucional en Argelia, reflejado en la negativa de las autoridades a conceder un visado de entrada a su primer abogado, François Zimeray. «No, es más que un rumor», afirma categórico, antes de relatar cómo incluso guardias con los que había trabado cierta simpatía le interrogaban en prisión: «¿Por qué tienes un abogado judío? ¿Eres judío tú?».

Otro punto que desencadena su indignación es la gracia presidencial que permitió su liberación. «No quería ni una gracia ni un gesto humanitario», asegura. Su intención era obtener un nuevo juicio para defenderse, especialmente frente a las acusaciones de «atentar contra la seguridad del Estado» por sus declaraciones sobre las fronteras argelino-marroquíes. «Vinieron a buscarme y me expulsaron», lamenta.

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Si ese juicio hubiera tenido lugar, Sansal afirma que no habría rectificado. Muy al contrario, subraya ante Le Monde que la marroquinidad histórica del Sáhara Oriental —territorio integrado en Argelia en 1848 por decisión de la administración colonial francesa— se basa «en hechos reales».

Interrogado sobre si sus afirmaciones en el programa Frontières fueron una «metedura de pata», Sansal emplea primero la ironía: «Soy un gran metepatas… siempre me han llamado ‘Gaston Lagaffe’». Pero enseguida vuelve al fondo: «¡Pero siempre se basa en hechos reales!».

«En 1848, cuando el territorio argelino se integró en Francia como departamento, había que darle fronteras. ¿Quién trazó las fronteras de Argelia? Fue el ejército francés».

A quienes le reprochan mencionarlo, responde con una metáfora afilada: «Si es blanco, digo que es blanco. Entonces me objetan: no hay que decir que es blanco, hay que decir que no es negro…».

Estas afirmaciones, que desencadenaron su arresto en el aeropuerto de Argel semanas después de su emisión, tocaron un nervio sensible tanto en el régimen como en sectores nacionalistas argelinos. Sansal asegura que no midió la magnitud de la irritación que provocarían: «Pensaba que eran banalidades, cosas conocidas».

El ensayista relata una conversación con un jefe de guardia que compartía sus críticas sobre corrupción y gobernanza, pero no sobre las fronteras: «Hay gente que ha muerto por esta tierra», le objetó. Sansal le respondió sin dudar: «A mis ojos, no es porque alguien haya muerto por una tierra que ésta sea suya».

¿Se arrepiente de sus declaraciones? «No las lamento. Pero no debería haber dicho eso, eso es todo», afirma, dejando en el aire una doble negación reveladora.

Lejos de detenerse en la cuestión fronteriza, Sansal aborda también la guerra memorial entre Francia y Argelia, piedra angular de la legitimidad del régimen argelino. Preguntado sobre si Francia debe hacer gestos adicionales, replica: «Todos esos gestos ya se han hecho», y cita la declaración de Macron reconociendo la colonización como crimen contra la humanidad o la comisión presidida por Benjamin Stora.

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Pero exige reciprocidad: «Argelia también debe reconocer ciertos crímenes cometidos contra los pieds-noirs, por ejemplo. Debe reconocer Oradour-sur-Glane cuando es cometido por el FLN. Yo reconozco mis crímenes, reconoced también los vuestros».

El escritor concluye expresando su hartazgo ante quienes le piden prudencia tras su liberación. «Reflexiono, pero luego hablo, y a menudo hablo demasiado rápido. No es a mi edad cuando voy a aprender a dar siete vueltas a la lengua antes de decir una palabra».

Asume plenamente cada una de sus palabras, aun consciente de que al día siguiente «quizás haya gente que diga que he metido la pata». Pero hoy, como ayer, Boualem Sansal persiste y firma: su lectura histórica del Sáhara Oriental y de las fronteras argelinas es, insiste, una cuestión de hechos, no de opiniones.

 

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