Marruecos y su Monarquía: estabilidad, continuidad y proyección

Rue20 Español/ Rabat

Safia ABAHAJ*

 

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En fechas recientes, Le Monde publicó un artículo en el que se cuestiona la continuidad de la monarquía marroquí, sugiriendo que Su Majestad el Rey Mohammed VI estaría próximo a abdicar en favor de su hijo, el Príncipe Heredero Moulay Hassan. Más allá de la resonancia mediática, estas afirmaciones carecen de fundamento factual y desconocen la naturaleza institucional y política del Reino de Marruecos.

La monarquía marroquí: una institución de legitimidad histórica

La monarquía alauí no es una figura decorativa ni una institución circunstancial: es la piedra angular de la unidad nacional desde hace más de tres siglos. En un país marcado por diversidad cultural, lingüística y regional, la Corona ha sido siempre el garante de cohesión y continuidad.

Bajo el reinado de Mohammed VI, iniciado en 1999, Marruecos ha vivido un proceso de reformas constitucionales y estructurales que han marcado su modernización:

La Constitución de 2011 reforzó derechos y libertades, consolidando una monarquía constitucional, ejecutiva y garante de equilibrios.

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El impulso a megaproyectos estratégicos (puerto de Tánger Med, tren de alta velocidad, energías renovables) ha posicionado al país como referencia en África y en el Mediterráneo.

En política exterior, la diplomacia marroquí ha reafirmado con firmeza la soberanía sobre el Sáhara, ampliando alianzas con África, Europa, Estados Unidos y países árabes.

Estas dinámicas, todavía en pleno desarrollo, desmienten cualquier idea de repliegue o de “retiro político” del monarca.

La figura del Rey: continuidad y centralidad

El Rey Mohammed VI no es únicamente Jefe de Estado. En su calidad de Amir al-Muminin (Comandante de los Creyentes), encarna una legitimidad religiosa, histórica y política que trasciende la simple transmisión del poder. Su papel no puede ser reducido a las lógicas de abdicación que rigen en monarquías de carácter meramente protocolario.

Al contrario, el monarca marroquí ejerce un liderazgo activo y visible. Sus discursos, su implicación directa en cuestiones sociales y diplomáticas, y su presencia en las grandes orientaciones estratégicas del país demuestran un compromiso vigente y constante con el destino nacional.

El Príncipe Heredero: formación, no sucesión inmediata

El hecho de que el Príncipe Heredero Moulay Hassan acompañe a su padre en actos oficiales no debe interpretarse como preludio de una abdicación, sino como parte de un proceso de preparación y formación que responde a la tradición monárquica marroquí.

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Su presencia, sobria y protocolaria, refleja continuidad dinástica, pero no supone un traspaso inmediato de responsabilidades. Hablar de abdicación próxima es confundir el rito pedagógico de la monarquía con una transición política inexistente.

La narrativa exterior: entre desconocimiento y proyección

El error de ciertos análisis extranjeros reside en observar Marruecos con los lentes de otras monarquías europeas, donde la abdicación se concibe como signo de modernidad o de renovación institucional. La realidad marroquí es diferente: la monarquía no se mide en términos de fatiga personal del soberano, sino en función de su papel histórico como garante de estabilidad, continuidad y proyección internacional.

Reducir la figura de Mohammed VI a un rey próximo a abdicar es desconocer su centralidad política y diplomática en un momento clave:

Marruecos está a las puertas de organizar la Copa del Mundo 2030 junto a España y Portugal, un proyecto nacional que requiere liderazgo y continuidad.

El dossier del Sáhara marroquí está en una fase de consolidación diplomática que exige coherencia y autoridad.

La estrategia de desarrollo nacional a horizonte 2035 aún necesita la impronta de su principal arquitecto: el propio monarca.

Conclusión: la fuerza de la continuidad

La monarquía marroquí no se entiende en los términos de las democracias parlamentarias occidentales ni bajo las lógicas de sucesiones prematuras. Su esencia es la estabilidad, la cohesión y la proyección de futuro.

Marruecos, bajo el reinado de Mohammed VI, sigue avanzando en reformas, diplomacia y modernización. Lejos de una retirada, el Reino se encuentra en plena consolidación de su modelo político y de su influencia internacional.

La especulación sobre una abdicación inminente responde más a lecturas externas que a la realidad marroquí. Porque Marruecos no vive al ritmo de rumores, sino al compás de la continuidad.

*Activista saharaui.

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