Rue20 Español/Rabat
La relación entre Argelia y Emiratos Árabes Unidos atraviesa un periodo de turbulencia, marcado por recurrentes episodios de tensión, principalmente originados desde Argel.
Si bien la cooperación económica bilateral ha sido significativa, especialmente en el ámbito portuario, diferencias políticas y estratégicas han generado un clima de desconfianza mutua, similar a una «guerra fría» no declarada.
La influencia económica emiratí, un punto de fricción
La influencia económica emiratí en sectores clave de la economía argelina, fuera del petróleo, se ha convertido en un punto de fricción.
Contratos de concesión a DP World para la gestión de importantes puertos argelinos, como Argel y Djen Djen, con una duración de 30 años, y cuantiosas inversiones en infraestructuras vitales, hacen que cualquier disputa con Abu Dabi sea particularmente «dolorosa» para Argelia.
El Hirak de 2019 marcó un punto de inflexión en las relaciones bilaterales, poniendo en cuestión la percibida «hegemonía económica» emiratí.
El Sáhara marroquí, una “herida abierta”
La divergencia de posiciones en temas regionales, como la cuestión del Sáhara marroquí, ha contribuido a exacerbar las tensiones.
El apoyo explícito de Emiratos Árabes Unidos a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, incluyendo la apertura de un consulado en El Aaiún, ha sido interpretado por Argelia como una provocación directa.
Esta postura de Abu Dabi ha profundizado la desconfianza entre ambos países, convirtiendo el conflicto del Sáhara en una herida abierta en la relación bilateral.
¿Hacia una nueva era de distanciamiento?
Ante este escenario, algunos analistas sugieren que Argelia busca reducir su dependencia económica de Emiratos Árabes Unidos.
Informes de prensa argelinos indican que el gobierno de Abdelmadjid Tebboune ha decidido frenar algunas inversiones emiratíes en el país, en un intento por reafirmar su soberanía económica y política.
Sin embargo, esta estrategia de distanciamiento podría aislar aún más a Argelia en el escenario regional e internacional.
Mientras Marruecos mantiene una política exterior más pragmática, Argelia parece cada vez más encerrada en una lógica de reacción y confrontación.
