Rue20 Español/ Agadir
Mohamed Abrighach*
Los apuntes saharianos que evoca el título del presente artículo son pequeñas reflexiones que he considerado oportuno exponer brevemente hablando a título de exposición y análisis de algunos aspectos culturales relacionados con el pasado español en Ifni y Sahara. La finalidad apuntada es básicamente divulgar y ofrecer más información a este tenor porque existe, en mi modesta opinión, un déficit de conocimiento sobre esta época colonial de nuestra historia nacional, que se debe, entre otros factores, a la sensibilidad política que esta encierra y a una probable indiferencia de nuestro hispanismo con respecto a la temática sahariana.
Este texto se dedica especialmente al primero y único órgano de prensa periódica en lo que era Ifni bajo dominación española entre 1934 y 1969: A.O.E. Semanario Gráfico de África Occidental Española. Antes de abordar el tema, tal vez sea necesaria una breve acotación histórica de contextualización general. Ifni fue ocupado por el coronel Osvaldo Capaz en 1934, en plena República, cumpliendo muy tarde con lo estipulado por el Tratado de Wad Ras de 1860 por el que el sultán de Marruecos cedía a España la famosa y polémica Santa Cruz de la Mar Pequeña. En 1946 la colonia de Ifni llegó a formar parte de África Occidental Española, un tardío y romántico mini-imperio español que, a imitación de la vastísima Afrique Occidental Française, incluía también la zona sur del protectorado, conocido como Cabo Juby, y el Sahara español. Desde 1958 hasta su retrocesión a Marruecos en 1969, se convirtió, al igual que este último, en una provincia española, Contrariamente a lo que desarrolló en Tetuán, capital del protectorado español del norte, España no se interesó por llevar a cabo una política cultural y editorial en Ifni; tampoco intentó fomentar una mínima tradición en este campo. La razón está en que el territorio en cuestión era básicamente militar al que los reclutas, los soldados y la oficialidad eran enviados desde la península por simple destinación, pero a veces por castigo.
El desierto africano era una tierra ingrata a la que llegaban solo los militares, los exiliados o los reclusos peligrosos. La poca población civil existente estaba constituida, aparte de por las familias de la casta castrense, por los agentes de educación, maestros y profesores principalmente, y los funcionarios de administración. Existía solamente una única imprenta que dependía del gobierno local militar y servía mayoritariamente para sacar documentos oficiales o de uso común y administrativo. No había una biblioteca, ni una infraestructura cultural no solo en Ifni, sino en toda África Española Occidental. Es propio del colonialismo ibérico: más heroísmo del Cid y ejército, y nada de acción cultural. Los estudios y libros que abordaban la historia social, política y etnográfica de Ifni se editaban en la península, Islas Canaria y Tetuán. Aprovecho esta oportunidad para hacer una necesaria mención de la obra del coronel de Infantería, Ángel Doménech Lafuente, de la cual se destaca Cuentos de Ifni (1955), la primera de su naturaleza en que se recoge la literatura popular de Ait Ba’amran. Pese a sus defectos, su obra en su conjunto, varios libros y muchísimos estudios que salieron en revistas coloniales de la época, sigue configurando hasta hoy en día la bibliografía más significativa, acaso la mejor que existe sobre etnografía y antropología de Ifni y cabilas de Ait Ba’amran. Un referente a tomar en cuenta y a recuperar por parte de las autoridades culturales locales.

A.O.E. Semanario Gráfico de África Occidental Española era la única publicación periódica que se editaba in situ teniendo, al igual que otras publicaciones periódicas del Sahara y según afirmación de Guadalupe Pérez García, como principales objetivos no solamente satisfacer la necesidad informativa a escala local, regional, nacional e internacional, sino “atraerse la adhesión de la población autóctona y reforzar a la población peninsular y canaria que allí se había trasladado, predominantemente de extracción militar”, amén de desarrollar “una abierta batalla propagandística con Marruecos, muy interesado a su vez en lograr la adhesión de los ifneños y saharauis” a sus tesis nacionalistas y de descolonización. En este sentido, el semanario continuaba en Ifni, aunque desde cierta diferencia impuesta por la naturaleza legal y geográfica de la colonia, la política colonial que España llevó a cabo en el protectorado del norte entre 1912 y1956, en unos tiempos en que el proceso de descolonización estaba en auge y se defendía a ultranza desde la ONU.
La máquina de la imprenta que publicaba A.O.E. está actualmente en un convencional museo que el Alto Comisariado para los Antiguos Combatientes y el Ejército de Liberación tiene en un barrio nuevo en la actual ciudad de Sidi Ifni. Es lo único que dejaron como prueba material los españoles después de la retrocesión tal vez porque no les dio tiempo por su pesadez llevársela con ellos y fue más apremiante preocuparse por desenterrar los muertos y salvarlos del infierno musulmán y africano. El ayuntamiento de la ciudad no dispone de ningún archivo sobre el semanario. Otro ejemplo más de que la presencia española fue como un simple fantasma que pasó inútilmente por la zona y la ciudad sin dar muestras de vida o de existencia tangible.
África Occidental Española fue el órgano oficial del poder colonial local de Ifni y por eso dependió de modo absoluto y desde el principio del gobierno del mismo territorio desde el punto de vista tanto financiero como administrativo e ideológico. Se fundó en el seno del Grupo de Tiradores de Ifni, el 15 de abril de 1945, por parte del gobernador general de la A. O. E., el coronel José Bermejo López, siendo su primer director, el teniente coronel Alfonso Beriso Lardín, al que sucedieron por orden y durante sus dos décadas de duración los siguientes nombres, todos ellos militares: Enrique Abásolo Bereicua, José Vázquez Fernández, Alfonso Rubio López-Guijarro, Alberto Gómez Alonso, Manuel Castilla Ortega, Manuel Guijarro y Agero, Julio Sánchez Ortiz de Urbina, Guillermo Barranco López, y Luis Guijarro y Agero. Fue la primera publicación regular del territorio y, pese a su título, su cobertura privilegió a lo que ocurría fundamentalmente en Ifni, mientras que el Sahara se relegó en ella siempre a un segundo plano. Se siguió publicando de modo interrumpido hasta la firma del Acuerdo de Fez. Su último número apareció el 31 de diciembre de 1968.
A. O. E. se publicaba como semanario en términos de frecuencia de aparición, pero en un breve periodo, julio de 1962, salía los jueves y los domingos, de forma que llegó a hacerse bisemanario. Tuvo diferentes subtítulos en diferentes tiempos: Semanario Ilustrado, Semanario Gráfico de África Occidental Española o Revista Ilustrada del África Occidental Española. Entre el 15 de abril de 1954, fecha de su creación, hasta el 31 de diciembre de 1968, día de su desaparición, según hemos apuntado páginas atrás, se editó un total de 1245 números. Casi la mitad de ellos, 647, están digitalizados y accesibles en la Biblioteca Universitaria de la Universidad Las Palmas de Gran Canaria en su portal, Jable, Archivo de prensa digital. El resto está en Sección de África que tiene la Biblioteca Nacional de España en Alcalá de Henares. Es un fondo hemerográfico todavía no explorado. Me consta que, hasta el momento, no se ha realizado ninguna investigación sobre el semanario, ni se ha hecho algún vaciado de su contenido así como de sus colaboradores. Una labor pendiente de realización.
A.O.E. fue un semanario muy local, con tendencia a resaltar sin profundidad y con imparcialidad las noticias de interés local, nacional y también internacional. Los artículos de opinión de poca enjundia intelectual eran incumbencia de los directores del periódico y de sus redactores, en su mayoría, militares. Mucha de la información local consistía en describir las fiestas tradicionales, los viajes o visitas protocolarias de las autoridades por el territorio, la vida cotidiana imperante en la capital, algunas costumbres, etc. El lenguaje utilizado es igual de grandilocuente al discurso imperante del No-Do y de la televisión oficial en cuestiones de colonias. No obstante, constituye un caudal importante de información que nos da una idea aproximativa de la historia de la colonia en general y de su capital en particular, sobre todo que hasta el momento carecemos de otras fuentes documentales de información en la materia. Las demás secciones que ocupaban muchas páginas eran de evasión y de entretenimiento. Estaban compuestas por las siguientes partes: Los Deportes, Pantalla de Actualidad, Lea y sonría, Crucigrama, Página de la mujer o Para ti, mujer, Mosaico humorístico, Página de automovilista.
Desde el principio se consideró como un semanario dirigido a todos los habitantes de Ifni, pero, visto su lenguaje grandilocuente y retórico, de vocación esencialmente católica, se destinaba exclusivamente, según indica Guadalupe Pérez García, en uno de los escasos artículos sobre el semanario, “a la población peninsular y canaria residente en el territorio, mientras que la población autóctona ifneña es en ella la gran olvidada”. De todas las maneras, A.O.E. tenía una función propagandística y sirvió para cumplir, según resume siempre la anterior autora, los siguientes cometidos: exaltar la obra civilizadora de España en Ifni y legitimar consiguientemente su presencia histórica en el territorio; conseguir la adhesión de los autóctonos; omitir la información esencial y sustituirla por la de carácter evasivo y cumplir una labor de propaganda contra las pretensiones marroquíes.

El semanario acompañó en clave informativa y periodística la presencia colonial española en Ifni desde 1945 hasta la retrocesión del territorio a Marruecos en 1968, razón por la cual fue ab initio tan oficial que ni siquiera recogía en sus páginas la información relevante a un acontecimiento de gran trascendencia local como la guerra de 1957-1958 en que España se enfrentó con el Ejército de Liberación marroquí y tuvo un descalabro casi igual, pero en miniatura, al sufrido en Annual en 1921. Seis meses de enfrentamientos bélicos, que se saldaron con muchas bajas y la reducción de la presencia española al casco urbano que era la capital de la colonia, fueron silenciados. La publicación periódica que debió de ser el primer órgano de prensa en cubrir la guerra por estar in situ y cerca de los acontecimientos se conformó con reproducir los discursos de los mandos oficiales que recogía con parcialidad alabando las proezas de los soldados, tranquilizando a la opinión nacional y local, y echando la culpa al comunismo internacional y a alguna que otra potencia extranjera. Es esta memoria sometida adrede a ostracismo la que iba a ser tres décadas después, finales de los años noventa, objeto de recuperación por parte de varias novelas, casi un ciclo narrativo independiente, en las cuales se rinde homenaje a las víctimas caídas en el campo de batalla, describiendo el calvario que sufrieron en un entorno inhóspito enfrentándose con precariedad en armamento y escasa experiencia bélica contra un ejército local, el Ejército de Liberación, que estaba mejor armado y con ventaja en conocimiento de terreno. El impero de Arena (1998) de Jesús Torbado inicia este ciclo narrativo. Mi ex alumno, Ayoub Karim, actualmente profesor de Filología Hispánica en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad Cadi Ayyad de Marrakech, dedicó su tesis doctoral, leída hace años en la Universidad Hassan II de Casablanca, a este mismo tema de la memoria histórica en la narrativa actual española sobre Ifni. Remito a los lectores interesados a esta tesis todavía inédita.
Hay un dato muy curioso que todavía sigue siendo un enigma. Es la existencia entre los colaboradores del semanario del único nombre musulmán, el llamado Mohamed Fadel Laarbi. Escribía relatos con contenido diegético inspirado en la cultura e idiosincrasia local, pero mediante un lenguaje de buena factura literaria, poco usual en el semanario, desde el punto de vista tanto de la plasmación estilística como de la composición narrativa. Según se percibe de sus argumentos, los relatos son una reproducción literaria de los cuentos populares autóctonos que el autor conocía, pero no eran de su propia imaginación. Mohamed Fadel Laarbi es un gran desconocido. He intentado conseguir datos biográficos sobre él, pero sin resultados a mencionar. Una figura enigmática, en una palabra. En caso de corresponder el nombre a un autor ifneño, sería el primer y único marroquí que escribía en lengua española en toda la colonia de Ifni. La absoluta ausencia de información biográfica sobre el autor y el correspondiente desconocimiento de su persona por parte de la gente local o de la que haya vivido en aquella época en la zona son indicios, así lo veo, de que el nombre adoptado es un seudónimo musulmán detrás del cual se escondía un nombre de un autor español. Es difícil que un autóctono escribiera tan bien y muy literariamente igual a cómo escribía el supuesto y real autor español. Otro tema también polémico y pendiente de investigación.
*Mohamed Abrighach: Hispanista y presidente de AMEII
