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La Agencia Nacional de Equipamientos Públicos lanza la segunda fase de las obras para convertir la Ciudad Ocre en un referente deportivo de talla mundial.
El Reino de Marruecos da un nuevo y contundente paso en su ambiciosa carrera hacia la Copa del Mundo de 2030. La Agencia Nacional de Equipamientos Públicos (ANEP) ha lanzado una licitación internacional para la construcción de la nueva cubierta y fachada del Gran Estadio de Marrakech, un proyecto que cuenta con un presupuesto estimado de 767,2 millones de dirhams y que promete transformar por completo la fisonomía de uno de los recintos deportivos más emblemáticos del país, según fuentes concordantes.
Esta segunda fase del proyecto, que se centra en el diseño y la instalación de una cubierta de membrana PTFE —un material de vidrio recubierto de teflón de última generación— así como en un novedoso revestimiento exterior, sucede a los trabajos de obra gruesa ya adjudicados a la empresa TGCC por un importe de 902,86 millones de dirhams. En total, cerca de 1.670 millones de dirhams se movilizan en las dos fases clave de esta profunda reestructuración.
El proyecto no es una mera reforma estética. Responde a una estrategia nacional integral para dotar a las infraestructuras deportivas del Reino de los más exigentes estándares internacionales en materia de seguridad, accesibilidad, confort y explotación.
Para lograrlo, se han previsto intervenciones técnicas de gran calado: la pista de atletismo será eliminada y el nivel del terreno de juego será rebajado, acercando significativamente las gradas al césped y aumentando la capacidad del estadio hasta las 46.000 localidades, en línea con los criterios de la FIFA.
La nueva cubierta, que se sustentará sobre cuatro columnas situadas en las esquinas del recinto con una portada de aproximadamente 165 metros, no solo protegerá a los espectadores de las inclemencias del tiempo, sino que servirá de soporte para los nuevos sistemas de iluminación y sonorización.
Paralelamente, las cubiertas de las tribunas norte y sur serán elevadas y reforzadas, mientras que se procederá a una renovación completa de la impermeabilización en las tribunas este y oeste. La fachada exterior, por su parte, se enriquecerá con elementos metálicos tipo brise-soleil y brise-pluie, que aportarán una identidad arquitectónica renovada y funcional al emblemático estadio de la Ciudad Ocre.
La elección de Marrakech como escenario de esta inversión no es casual. Más allá de su indiscutible proyección turística internacional, la ciudad aspira a consolidarse como un destino deportivo de primer orden. La modernización de su estadio no solo mejorará la experiencia de los aficionados durante los encuentros, sino que posiciona a la urbe como un polo capaz de albergar eventos de gran magnitud, atrayendo a un público internacional ávido de combinar la pasión por el deporte con el encanto único de la Ciudad Ocre.
En este sentido, las infraestructuras deportivas se erigen como motores del desarrollo territorial. La renovación del estadio de Marrakech es un eslabón más de una estrategia más amplia que busca renovar varias enceintes a lo largo de todo el Reino, tejiendo una red de recintos que cumplan con los requisitos de las federaciones internacionales. Estas actuaciones se complementan con inversiones en accesos, urbanización, redes de transporte y servicios públicos, garantizando una integración urbana armoniosa y funcional.
El ambicioso plan de modernización refleja la evolución del papel de los estadios en el siglo XXI. Ya no se conciben como meros escenarios para encuentros deportivos, sino como infraestructuras multifuncionales capaces de generar actividad económica durante todo el año. Estas instalaciones están llamadas a acoger eventos culturales, conciertos, ferias y todo tipo de manifestaciones económicas que dinamicen la vida local y regional.
La apuesta del Reino va más allá de la mera organización de la Copa del Mundo de 2030. El objetivo es crear un legado duradero que siga generando valor una vez concluidas las grandes competiciones.
El desafío, no obstante, reside en garantizar un modelo de gestión sostenible que asegure el mantenimiento, la dinamización y la rentabilidad a largo plazo de estas infraestructuras, consolidando el deporte como un motor de desarrollo económico y territorial.
Con un plazo de ejecución de 12 meses para esta segunda fase, el Gran Estadio de Marrakech se prepara para escribir un nuevo capítulo en su historia, reafirmando el firme compromiso de Marruecos con la excelencia deportiva y su posicionamiento en el escenario internacional.
