Marruecos toma la delantera a España en la carrera por la industria del automóvil

 

Rue20 Español/Rabat

La Comisión Europea ha propuesto movilizar 2,7 millones de euros del Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización para Trabajadores Despedidos (FEAG) con el objetivo de recolocar a 671 trabajadores del sector de la automoción en Galicia. La medida, que aún debe ser ratificada por el Parlamento Europeo y el Consejo, beneficiará a empleados de una veintena de empresas, entre las que se encuentran Stellantis España, Akwel Vigo, BorgWarner y el Centro Tecnológico de Automoción de Galicia (CTAG). Detrás de estos despidos se esconde una realidad que Bruselas no oculta: la imparable ascensión de Marruecos como potencia automovilística global y la dificultad de la industria gallega para competir con unos costes laborales nueve veces inferiores.

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La debilidad de la demanda europea, las perturbaciones en las cadenas de suministro y el desplazamiento de las inversiones hacia los vehículos eléctricos han golpeado con dureza el tejido industrial de Vigo y su entorno. La petición de ayuda española, registrada en abril, identificaba inicialmente a 313 trabajadores de 20 empresas auxiliares, aunque finalmente la cifra de afectados se ha elevado a 671, según varios medios.

El paquete de ayudas, que asciende a 3,2 millones de euros (el 85% financiado por la UE y el 15% restante por la Xunta de Galicia), se destinará íntegramente a la reconversión profesional de los trabajadores. Las medidas, que comenzarán a aplicarse en septiembre de 2026, incluyen orientación laboral, formación en nuevas competencias, ayudas a la movilidad y un incentivo de 200 euros mensuales durante seis meses para fomentar la reinserción, especialmente entre los trabajadores de mayor edad.

Lo que Bruselas señala con claridad es el espectacular diferencial de competitividad entre ambas orillas del Mediterráneo. Según el documento comunitario, el coste laboral por vehículo producido en Marruecos ronda los 90 euros, frente a los 850 euros que cuesta en España. Esta diferencia, que también supera con creces los 350 euros por vehículo en Turquía, está redirigiendo las nuevas capacidades industriales hacia el Reino y el país otomano.

No se trata, como precisan las fuentes europeas, de un traslado directo de fábricas españolas a Marruecos. Pero la constatación es inequívoca: cuando los grandes grupos automovilísticos deciden dónde instalar sus nuevas líneas de producción —especialmente las vinculadas a la movilidad eléctrica— el Reino se ha convertido en un destino prioritario e imbatible en costes.

Marruecos acelera su revolución industrial

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Mientras Galicia encadena reestructuraciones y ajustes de plantilla, Marruecos consolida su posición como el principal polo automotor de África. El Reino no solo ha atraído inversiones millonarias de gigantes como Stellantis —que refuerza su planta en Kenitra con una nueva línea de motores tras invertir 300 millones de euros para duplicar su producción hasta las 400.000 unidades anuales— sino que se ha convertido en un hub estratégico para la industria de baterías.

La primera gigafactoría de África, impulsada por el fabricante chino Gotion High-Tech con una inversión de 5.600 millones de euros, iniciará su producción en 2026 en Kenitra, adelantándose a los proyectos de Sagunto y Zaragoza. Marruecos no solo compite, sino que se adelanta a sus rivales peninsulares en la carrera por la electrificación.

La decisión de Bruselas de activar el FEAG —un instrumento que desde 2007 ha destinado 737 millones de euros a más de 185.000 trabajadores en 20 Estados miembros— es un reconocimiento implícito de que la globalización y la reconfiguración de las cadenas de valor dejan víctimas en el camino. Pero también es una constatación de que Marruecos ha sabido leer el tablero: costes competitivos, apuesta decidida por las tecnologías del futuro y una estabilidad que atrae a los inversores.

El desafío para la industria española, como apunta el propio informe comunitario, pasa por aumentar la productividad y especializarse en segmentos de alto valor añadido. Mientras tanto, el Reino continúa su imparable ascenso, escribiendo un nuevo capítulo en su historia industrial con mayúsculas.

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