Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
La política exterior peruana se prepara para un giro estratégico de calado histórico. A pocos días de asumir la Presidencia, Keiko Fujimori ha recibido en su local de San Isidro al embajador de Marruecos, Amin Chaoudri, en un encuentro que trasciende el mero protocolo diplomático.
La presidenta electa no solo ha recogido el mensaje de felicitación de Su Majestad el Rey Mohammed VI, sino que ha dado un paso firme: respaldar sin fisuras la integridad territorial del Reino de Marruecos y su soberanía plena sobre las provincias del sur, adhiriéndose a la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU. Una decisión que sitúa a Perú en la senda correcta de la legalidad internacional y del pragmatismo geopolítico.
La presidenta electa, Keiko Fujimori, recibió al embajador del Reino de Marruecos, quien le entregó el mensaje de felicitación de Su Majestad el Rey Mohammed VI, mediante el cual le transmite sus cordiales saludos, sus deseos de éxito y su voluntad de seguir fortaleciendo las… pic.twitter.com/xAR1iQ1ohA
— Oficina de la Presidenta Electa (@ope_peru) July 14, 2026
Un respaldo que se venía gestando
El apoyo de Fujimori a la soberanía marroquí no es una improvisación. En abril de 2025, al frente de una delegación de Fuerza Popular, viajó a Marruecos y quedó «impresionada por las riquezas naturales de la región [de Dajla-Ued Edahab] y la hospitalidad de sus habitantes».
Durante aquella visita, ya reafirmó el apoyo de su partido a la integridad territorial del Reino y a la soberanía de Marruecos sobre todo su territorio. No se trataba de una mera cortesía, sino del reconocimiento sobre el terreno de una realidad que la comunidad internacional ha ido validando progresivamente. Fujimori tuvo ocasión de conocer los proyectos estructurantes de la región —el puerto de Dajla Atlántico o la planta desalinizadora— que evidencian el desarrollo y la apuesta de Marruecos por sus provincias del sur.
El respaldo de Fujimori se apoya en un pilar jurídico sólido: la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada el 31 de octubre de 2025 con 11 votos a favor y ninguna abstención en contra. Este texto marca un punto de inflexión al calificar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara como «la solución más viable» al conflicto. Durante décadas, el Consejo de Seguridad se limitaba a describir la iniciativa como «seria y creíble»; con la Resolución 2797, la ha elevado a eje central de las negociaciones. El propio Rey Mohammed VI calificó este hito como «un antes y un después» en la historia del Reino.
Fujimori, al adherirse a esta resolución, no hace sino alinearse con el consenso mayoritario de la comunidad internacional y con la posición de países tan influyentes como Estados Unidos, Francia, España o Brasil. Un respaldo que, lejos de ser controvertido, refuerza la credibilidad diplomática de Perú en el tablero global.
El apoyo a la integridad territorial de Marruecos no es solo un acto de justicia; es una decisión de realpolitik que puede redundar en beneficios tangibles para Perú. Marruecos es un socio estratégico en el norte de África, con una economía pujante y una creciente influencia en el Atlántico. El fortalecimiento de los lazos bilaterales abre la puerta a acuerdos comerciales, inversiones y cooperación en sectores clave. La futura presidenta ha mostrado un interés especial en profundizar los vínculos económicos y políticos con el Reino, y su respaldo a la soberanía marroquí allana el camino para una relación fluida y fructífera.
El respaldo de Keiko Fujimori a la integridad territorial de Marruecos y al Plan de Autonomía para el Sáhara es una apuesta por la estabilidad, el derecho internacional y la solución realista de un conflicto enquistado durante décadas. No se trata de una postura ideológica, sino del reconocimiento de una realidad avalada por Naciones Unidas y por un número creciente de Estados. Perú, bajo el liderazgo de su primera presidenta, se posiciona así como un actor coherente y fiable en el escenario internacional, dispuesto a construir alianzas sólidas con países que, como Marruecos, son motores de estabilidad y desarrollo en sus respectivas regiones.
