Rue20 Español/Rabat
El seleccionador nacional, en una comparecencia sin concesiones, agradece el respaldo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, defiende su convocatoria y asegura que el objetivo de los Leones del Atlas sigue siendo traspasar la barrera que les separa de las semifinales.
La comparecencia de Mohamed Ouahbi en el auditorio del Complejo de Fútbol Mohammed VI ha tenido un tono de serenidad y grandeza. El seleccionador nacional, dos días después del regreso de la expedición marroquí desde Boston, ha desgranado con una honestidad poco común el balance de la participación de los Leones del Atlas en el Mundial 2026, asumiendo sin ambages toda la responsabilidad de la derrota ante Francia en cuartos de final y proyectando una ambición que no se resigna a los límites alcanzados.
Ouahbi abrió su intervención con un gesto que trasciende lo deportivo y conecta con las raíces del éxito del fútbol marroquí. Antes de abordar cualquier análisis táctico o estadístico, el técnico quiso poner el foco en el principal valedor de este proyecto: «Quiero comenzar dando las gracias a Su Majestad el Rey Mohammed VI por su apoyo y por su visión desde el principio». Unas palabras que subrayan el respaldo institucional a todos los niveles y que sitúan el crecimiento del fútbol nacional dentro de una estrategia de Estado liderada por el Monarca.
El seleccionador fue claro desde el primer minuto acerca de las expectativas con las que su equipo viajó a tierras americanas. Ouahbi no se escondió tras el éxito de alcanzar los cuartos de final, sino que reivindicó un horizonte más alto: «Teníamos la ambición de llegar más lejos que los cuartos de final y seguiremos manteniendo esa misma ambición». Una declaración que convierte la gesta de 2026 en un escalón, no en un techo, y que marca el camino para los próximos desafíos internacionales, empezando por la Copa Africana de Naciones Pamoja 2027.
Sobre el partido que puso fin al sueño mundialista, el duelo ante la vigente campeona Francia en el Gillette Stadium de Boston, Ouahbi fue meticuloso en su análisis. Descartó cualquier atisbo de temor entre sus jugadores y desveló la clave del revés: «Ante Francia no cambiamos nada respecto a los partidos contra Brasil y Países Bajos. Tampoco sentimos miedo, pero nos faltó un poco de personalidad». El técnico reconoció que su equipo no logró imponer su identidad sobre el césped, algo que atribuyó a la falta de audacia en la construcción del juego, un aspecto que ya había señalado en declaraciones previas.
Lejos de buscar excusas externas, Ouahbi rechazó de plano cualquier justificación relacionada con el desgaste físico o las ausencias por lesión: «No voy a hablar del cansancio ni de las lesiones, porque eso entra dentro de las justificaciones, y yo no trabajo de esa manera». Una postura que revela una exigencia máxima consigo mismo y con su cuerpo técnico, y que contrasta con la tendencia habitual en el fútbol moderno de buscar atenuantes en el calendario o en las bajas.
En este sentido, el seleccionador defendió con rotundidad la convocatoria que llevó al Mundial. Sus palabras fueron un mensaje claro de confianza hacia el grupo que ha competido en América: «No dejé fuera a Naybet ni a Hadji. Fui al Mundial con una lista equilibrada y con estos jugadores llegamos hasta los cuartos de final, donde perdimos ante Francia, una de las selecciones más fuertes del mundo en la actualidad». Al citar a dos de los grandes referentes históricos del fútbol marroquí, Ouahbi equiparó a su plantilla actual con las leyendas del pasado y reivindicó el valor de un vestuario que ha demostrado estar a la altura de las circunstancias.
Pero el momento más trascendente de su discurso llegó cuando el técnico asumió en solitario el peso de la eliminación. Sin titubeos, Ouahbi se responsabilizó del planteamiento táctico que no funcionó ante los galos: «Preparé un plan contra Francia y no funcionó. Además, alteró nuestra identidad, y lo reconozco; asumo mi responsabilidad. No fuimos capaces de aplicar la estrategia que habíamos preparado y, a día de hoy, sigo diciendo que no tengo un plan para ganar a Francia». Una confesión de humildad que, lejos de debilitar su figura, refuerza la imagen de un entrenador que antepone el proyecto colectivo a su propio ego.
La sinceridad de Ouahbi no fue un ejercicio de autocomplacencia, sino el preludio de una promesa de futuro. El seleccionador insistió en que la selección marroquí seguirá trabajando con la misma ambición para lograr mayores éxitos, aprendiendo de las lecciones que dejó esta participación mundialista. Y sus palabras, cargadas de una determinación inquebrantable, resuenan ya como un compromiso: los Leones del Atlas no se conforman con ser un hueso duro de roer para las potencias; quieren derribarlas.
El impacto de esta campaña, más allá del análisis técnico, sigue generando ondas expansivas. Marruecos se ha consolidado como la única selección africana y árabe en los cuartos de final de un Mundial de 48 equipos, y su rendimiento ha sido elogiado por observadores internacionales. El torneo ha dejado también un importante espaldarazo económico, con 21,5 millones de dólares en premios, la cifra más alta entre las selecciones árabes participantes.
La atención se desplaza ahora hacia la reunión que el Comité Directivo de la Federación Real Marroquí de Fútbol mantendrá este jueves 16 de julio a las 13:00 horas. En el orden del día, varios puntos estratégicos para la planificación del próximo ciclo, con las eliminatorias para la CAN Pamoja 2027 como horizonte inmediato.
Con la sinceridad como bandera y la ambición como brújula, Mohamed Ouahbi ha cerrado el capítulo del Mundial 2026 y ha abierto, con la misma determinación, el camino hacia los próximos desafíos. Los Leones del Atlas rugen, crecen y, sobre todo, no se detienen.
