El camino español al Mundial 2030 se llena de obstáculos

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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A cuatro años del inicio, la organización de la Copa del Mundo 2030 ya empieza a generar preocupaciones en España. Con la retirada de varias ciudades candidatas, dudas sobre algunos estadios y las estrictas exigencias de la FIFA, el proyecto español empieza a mostrar sus primeras grietas.

Mientras el mundo del fútbol ya se prepara para vibrar con el Mundial 2026 en Estados Unidos, Canadá y México, otra edición ya genera discusiones entre bastidores: la de 2030, concebida como una gran celebración del centenario del torneo, promete un escenario sin precedentes.

La FIFA aprobó un proyecto espectacular repartido entre Marruecos, España y Portugal, con la particularidad de programar tres partidos inaugurales en Sudamérica como homenaje a la primera edición disputada en 1930 en Uruguay. Buenos Aires, Montevideo y Asunción abrirán así el torneo unos días antes del inicio oficial, previsto del 13 de junio al 21 de julio de 2030.

La idea es ofrecer un Mundial simbólico, repartido en tres continentes, con una candidatura conjunta llamada Yalla Vamos 2030. Una organización gigantesca que requiere unos veinte estadios entre la península ibérica y Marruecos, mientras que las seis naciones implicadas estarán automáticamente clasificadas para la fase final. Sobre el papel, todo parece una gran fiesta del fútbol.

Sin embargo, entre bastidores comienzan a aparecer las primeras grietas, especialmente en España, donde varias ciudades empiezan a dudar de su capacidad para seguir el ritmo de un proyecto tan colosal.

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Hasta hace unos meses, el proyecto español parecía avanzar sin nubes en el horizonte. Pero a medida que se acerca la fecha, surgen los primeros problemas. Varias ciudades que soñaban con acoger la Copa del Mundo empiezan a enfrentarse a la realidad. Organizar un evento así implica grandes inversiones, obras rápidas y garantías financieras que no todas las administraciones pueden asegurar.

Málaga fue la primera en retirarse en 2025, al considerar que la renovación del estadio de La Rosaleda era más compleja y costosa de lo previsto. Ocho meses después, A Coruña tomó la misma decisión. Tras meses de negociaciones y bloqueos entre el ayuntamiento y el Deportivo, la ciudad gallega decidió modernizar el estadio de Riazor, pero sin alcanzar los estándares exigidos por la FIFA. Ampliarlo a 40.000 asientos habría supuesto un proyecto arriesgado y difícil de rentabilizar a largo plazo. Así, España ya ha perdido dos de los once estadios previstos inicialmente.

En las federaciones y los ayuntamientos implicados se repite un mismo diagnóstico: acoger algunos partidos de Mundial es un sueño, pero el coste de convertir ese sueño en realidad puede ser vertiginoso.

Varias ciudades se retiran

Más allá de las retiradas confirmadas, otras ciudades españolas se encuentran hoy en la incertidumbre. Según AS, las inspecciones de la FIFA funcionan como un verdadero examen para los estadios aún candidatos. Estadios emblemáticos como el Santiago Bernabéu, el Camp Nou o San Mamés parecen casi asegurados, pero la situación es mucho más incierta para otros recintos.

El estadio de Gran Canaria, por ejemplo, genera dudas sobre la financiación de las obras necesarias para su modernización. En San Sebastián, el estadio de Anoeta se enfrenta a la oposición de vecinos que cuestionan algunos cambios previstos para cumplir con las normas internacionales.

Incluso el Metropolitano de Madrid no está completamente libre de problemas, ya que se utiliza para conciertos y eventos culturales, lo que complica la posibilidad de un cierre prolongado exigido por la FIFA meses antes del torneo.

Algunas ciudades intentan volver a la carrera. Valencia espera reintegrarse gracias al avance del Nou Mestalla, mientras Vigo sigue defendiendo la candidatura de Balaídos a pesar de las dudas sobre su capacidad para cumplir con los criterios internacionales.

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“La Coruña tenía compromisos, como otras ciudades, y esos compromisos no se han cumplido. La situación, en mi opinión, está lejos de ser sencilla”, declaró Rafael Louzán, presidente de la Federación Española de Fútbol. La impresión general es la de un rompecabezas aún inestable, con piezas que podrían moverse antes de la decisión final.

Mientras España atraviesa estas turbulencias, sus socios observan con una mezcla de prudencia y confianza.

Portugal, por su parte, ha optado por la simplicidad: tres estadios, no más. Las dos grandes instalaciones de Lisboa y la de Oporto cumplen ya con los estándares internacionales, lo que limita obras costosas e incertidumbres financieras. Este enfoque minimalista podría incluso convertirse en ventaja si la FIFA decide reducir el número de ciudades para simplificar la logística de un torneo ya disperso en varios continentes.

Marruecos, en cambio, muestra una ambición mucho más espectacular. El Reino quiere aprovechar el evento para acelerar su modernización y ha presentado seis estadios en todo el país. La joya del proyecto está en Casablanca, con el futuro estadio Hassan II, un coloso que podría superar las 115.000 plazas y albergar la final en 2030.

A cuatro años del torneo, el Mundial del centenario se construye con ajustes, inspecciones y negociaciones discretas. Y detrás de la imagen de una gran fiesta global, la preocupación empieza a instalarse lentamente en España.

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