Rue20 Español/Rabat
La final de la Copa Africana de Naciones entre Marruecos y Senegal, disputada el 18 de enero de 2026 en el complejo Príncipe Moulay Abdellah de Rabat, vuelve a situarse en el epicentro de la polémica.
Una declaración atribuida al presidente de la Comisión de Árbitros de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) reabre el debate sobre la gestión de un encuentro que ya figura entre los más controvertidos de la historia reciente del torneo.
Según informaciones difundidas por el medio qatarí WinWin, el congoleño Olivier Safari Kabene habría reconocido, durante discusiones internas celebradas al margen de la reunión del Comité Ejecutivo de la CAF en Dar es Salaam, que se dieron instrucciones para no amonestar de inmediato a los jugadores senegaleses que abandonaron el terreno de juego.
“Todos los jugadores senegaleses que abandonaron el terreno de juego deberían haber sido amonestados inmediatamente a su regreso, pero dimos instrucciones de no hacerlo para preservar el partido y evitar su interrupción antes del final del tiempo reglamentario”, señala la declaración atribuida al responsable arbitral.
De confirmarse estas palabras, el enfoque del caso cambiaría sustancialmente. La controversia ya no se limitaría a decisiones puntuales de arbitraje, sino que apuntaría a una directriz adoptada en pleno desarrollo del encuentro con el objetivo de garantizar su conclusión.
La final, celebrada bajo la mirada del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y del presidente de la CAF, Patrice Motsepe, derivó en escenas de tensión inéditas: retirada de jugadores senegaleses, interrupción del partido durante dieciséis minutos, invasión del terreno de juego por parte de aficionados y altercados con el personal de seguridad, además de actos de vandalismo en las instalaciones del estadio.
Días después, la comisión disciplinaria de la CAF emitió su veredicto. Aunque ambas selecciones fueron sancionadas, la decisión evitó calificar explícitamente los hechos como abandono o negativa a jugar. En el caso de Senegal, el seleccionador Pape Bouna Thiaw fue suspendido cinco partidos y multado con 100.000 dólares; los jugadores Iliman Ndiaye e Ismaïla Sarr recibieron dos partidos de suspensión, y la federación senegalesa fue sancionada con una multa de 615.000 dólares.
Por parte marroquí, Achraf Hakimi fue suspendido dos partidos —uno con suspensión condicional—, Ismaël Saibari tres partidos y 100.000 dólares de multa, además de sanciones económicas adicionales por el comportamiento de recogepelotas, intrusión en la zona VAR y uso de láseres. La reclamación presentada por la Real Federación Marroquí de Fútbol al amparo de los artículos 82 y 84 del reglamento fue rechazada, aunque la federación ha anunciado recurso ante la Comisión de Apelación.
En este contexto, la declaración atribuida a Kabene adquiere una dimensión determinante. Si se confirma que existió una instrucción deliberada para no aplicar de inmediato las amonestaciones reglamentarias con el fin de evitar la suspensión del encuentro, la ausencia de una calificación disciplinaria principal dejaría de interpretarse como una simple opción jurídica. Pasaría a entenderse como la consecuencia directa de una decisión operativa adoptada durante el partido.
La cuestión central ya no residiría únicamente en la interpretación arbitral, sino en el respeto de un principio fundamental: la aplicación de las reglas del juego con independencia de las consecuencias deportivas o institucionales. De acreditarse la autenticidad de la declaración, el expediente, actualmente ante la Comisión de Apelación de la CAF, podría adquirir un alcance mucho más sensible para la instancia continental y reavivar definitivamente un caso que parecía encaminarse hacia su cierre.
