Rue20 Español/ Rabat
Meryem Ghoua
Tras 50 años de espera, el sueño marroquí volvió a quedarse a las puertas. En una final cargada de emoción, tensión y simbolismo, fue Senegal quien se impuso a Marruecos (1-0) en la gran final de la Copa África Marruecos 2025, frustrando el anhelo de todo un país que soñaba con levantar el trofeo en casa.

La primera mitad se cerró sin goles, pero no sin emociones. Marruecos y Senegal protagonizaron un arranque intenso, de ritmo alto y sin especulaciones, en el que ambas selecciones mostraron desde el primer minuto que habían salido a ganar.

Los Leones del Atlas intentaron imponer su juego apoyados por un estadio volcado, mientras que Senegal respondió con transiciones rápidas y llegadas peligrosas. Las ocasiones se repartieron, los porteros tuvieron que intervenir y la tensión se mantuvo constante en un partido abierto, vibrante y de máxima exigencia física y mental.
El 0-0 al descanso fue el reflejo de un duelo equilibrado y disputado, en el que ningún detalle podía descuidarse. La presión, la intensidad en los duelos y el desgaste marcaron una primera parte muy trabajada, con ataques continuos por ambas bandas y una lucha constante por el control del centro del campo.

Todo quedó abierto para una segunda mitad que prometía aún más emoción, consciente cada equipo de que cualquier error podía decidir una final y quedar grabado para siempre en la historia.
El segundo tiempo elevó aún más la tensión y el dramatismo de la final. En el minuto 57, Ayoub El Kaabi estuvo a centímetros de cambiar la historia tras quedar cara a cara con el portero senegalés, después de un pase magistral de Bilal El Khannouss, pero el balón se le escapó en el último instante.

Siete minutos más tarde, en el 64’, llegó uno de los momentos más duros del encuentro: Neil El Aynaoui, la joya del centro del campo marroquí, sufrió una lesión grave, terminó sangrando, pero en un gesto de coraje y compromiso absoluto decidió seguir en el terreno de juego, luchando hasta el límite por los colores de Marruecos y convirtiéndose en símbolo del espíritu de esta selección.

Cuando el partido agonizaba y la prórroga ya parecía inevitable, el destino decidió inclinarse del lado marroquí. En el último suspiro de la segunda mitad, una acción cargada de tensión dentro del área terminó con penalti a favor de Marruecos, desatando la locura en el estadio.
La tensión alcanzó su punto máximo en esos últimos segundos que quedaban antes del lanzamiento del penalti. Los jugadores de Senegal, conscientes de lo que estaba en juego, se retiraron estratégicamente del área, intentando evitar cualquier contacto que pudiera favorecer a Marruecos y retrasar la ejecución. Sadio Mané les convenció y regresaron.

La euforia se tornó en angustia cuando Brahim se paró frente al balón. Todo Marruecos contenía la respiración, pero en un giro cruel del destino, falló el penalti decisivo. El balón se escapó, la tensión se multiplicó y el grito de celebración quedó ahogado entre el silencio y la incredulidad.
Con ese fallo, el tiempo reglamentario llegó a su fin y la final tuvo que prolongarse, llevándose a la prórroga, donde el cansancio, la presión y la intensidad serían los verdaderos protagonistas. El partido, ya histórico, aún no tenía un ganador y cada minuto extra prometía escribir un nuevo capítulo de emoción y drama.

La prórroga arrancó con un impacto fulminante: apenas tres minutos después de que comenzara el primer tiempo extra, Senegal rompió el cero y puso el 1-0 en el marcador. Un golpe duro para Marruecos, que veía cómo el sueño de levantar la Copa parecía alejarse en cuestión de segundos. Los últimoa 15 minutos terminaron igual y ¡Senegal levantó la Copa!
