Rue20 Español/ Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
Cada nación tiene una fecha grabada a fuego en su memoria colectiva, un día donde el espíritu de un pueblo se yergue con dignidad indeleble. Para Marruecos, ese día es el 11 de enero de 1944. No fue solo la presentación de un documento; fue la declaración solemne de un honor nacional que se negaba a ser doblegado. Más de ochenta años después, aquel acto de coraje no es solo un recuerdo histórico, sino el cimiento orgulloso sobre el que se alza el Marruecos moderno: una nación soberana, estable y un líder respetado en el concierto de las naciones libres.
Un Acto de Honor: La Dignidad como Estrategia
En un contexto de dominio colonial, donde las potencias extranjeras administraban el destino del país, 66 personalidades marroquíes de todos los rincones y estratos sociales firmaron su nombre en el Manifiesto de la Independencia. Este acto fue un desafío calculado y valiente. No fue un levantamiento armado, sino una afirmación política de soberanía, basada en el derecho inalienable de un pueblo a dirigir su propio destino. El honor residió en la claridad, la unidad y la voluntad de asumir las consecuencias.
* Firmaron sabiendo que enfrentarían arrestos, represión y exilio. Lo hicieron porque honrar la patria era más importante que la seguridad personal.
* Ofrecieron un proyecto, no solo una protesta. El Manifiesto esbozaba los principios de un Marruecos moderno e independiente, con una monarquía constitucional y un estado de derecho, demostrando una visión que trascendía la mera liberación.
Aquellos hombres, desde Ahmed Balafrej hasta Allal El Fassi, no solo reclamaban tierra; reclamaban la restitución del honor nacional. Y ese honor encontró su símbolo máximo en la figura serena y firme del Sultán Mohamed V, quien supo encarnar la legitimidad histórica y la dignidad de toda una nación ante la presión colonial.
Del Honor del Ayer al Orgullo del Hoy: La Construcción de un Líder Regional
El espíritu del 11 de enero no se apagó con la independencia en 1956. Se transformó en el motor del proyecto nacional. El honor defendido entonces se convirtió en el orgullo de construir un país pujante. Marruecos no se limitó a ser libre; se empeñó en ser ejemplar.
Hoy, ese legado se traduce en realidades tangibles que posicionan a Marruecos como un actor clave y estabilizador:
1. Un Modelo de Estabilidad y Desarrollo Único en la Región. En un entorno geopolítico complejo, Marruecos brilla por su continuidad institucional, su crecimiento económico sostenido y sus macroproyectos visionarios. Desde la expansión de infraestructuras hasta el liderazgo en energías renovables, el Reino ha convertido su soberanía en una herramienta para el progreso de su pueblo.
2. Una Diplomacia de Principios e Influencia. La voz de Marruecos es escuchada con respeto en foros internacionales. Es un aliado estratégico y confiable para la Unión Europea y Estados Unidos, un puente entre continentes, y un defensor constante de la causa palestina y la estabilidad africana. Su política exterior, pragmática y principista, refleja la madurez de una nación que honra sus compromisos.
3. La Unidad Nacional como Fortaleza Inquebrantable. El verdadero tributo al sacrificio de los firmantes del 44 es la cohesión del pueblo marroquí alrededor de su identidad y su trono. La unidad territorial, cimentada en la recuperación de las provincias del Sáhara, es el logro supremo de este camino. Marruecos no solo es geográficamente completo; es moralmente indiviso.
Conclusión: El Eterno 11 de Enero
El 11 de enero, por tanto, dejó de ser una simple conmemoración del pasado. Es un espejo permanente que refleja de dónde venimos y hacia dónde vamos. Les recordó al mundo en 1944 que Marruecos merecía ser libre. Le recuerda al mundo hoy que Marruecos sabe ser grande.
El honor de aquel día se renueva en el orgullo de cada logro, en la dignidad de una política exterior soberana y en la confianza de un pueblo que mira al futuro sin complejos. Marruecos no es solo un país que ganó su independencia; es una nación que, guiada por el legado de honor de sus antepasados, se ha convertido en un faro de estabilidad, moderación y liderazgo en el mundo libre. El manifiesto de 1944 fue la semilla. El Marruecos próspero y respetado del siglo XXI es su fruto más orgulloso.
*Colaborador

Es para mi un verdadero honor sumarme a la celebración de tan importante aniversario y como español y amigo de Marruecos desear que por siempre seamos dos países vecinos, amigos y soberanos.